El periodista Felipe Recondo siguió el cambio en los hábitos de consumo de noticias más allá de la prensa escrita, y llevó la cobertura del Supremo Tribunal de Brasil a boletines, podcasts y videos de YouTube.
Durante los últimos 20 años, el Supremo Tribunal Federal (STF), la máxima corte judicial de Brasil, pasó de tener un papel secundario a convertirse en protagonista del debate y la política brasileña. Con esa transformación, los reporteros también tuvieron que reinventarse. Uno de los periodistas que mejor ha informado sobre esta transición es Felipe Recondo.
Graduado de la Universidad de Brasilia, su trayectoria profesional comenzó en los primeros años de este proceso. Recondo, hoy con 47 años, cofundó en 2014 el medio especializado en periodismo jurídico JOTA, junto a sus colegas Rodrigo Haidar, Felipe Seligman, Laura Diniz, Bárbara Pombo, Rafael Baliardo y Luís Orlando Carneiro. El año pasado, Recondo dejó el proyecto tras más de una década para dedicarse a nuevos emprendimientos.
“Fueron años intensos, de aprendizaje continuo, en los que tuve la oportunidad de acompañar de cerca transformaciones importantes en el país”, escribió Recondo en redes sociales. “Ese recorrido resultó en tres libros, investigaciones académicas y proyectos de historia oral que me hicieron crecer más de lo que podría imaginar y que siguen motivándome”.
Como parte de la serie 5 Preguntas de LatAm Journalism Review (LJR), Recondo habló sobre por qué la cobertura del Supremo Tribunal de Brasil todavía lo motiva, qué lo sigue atrayendo a proyectos periodísticos especializados y cómo los reporteros deberían desenvolverse en la carrera presidencial cada vez más polarizada del país.
La entrevista ha sido editada para fines de claridad y longitud.
La percepción de que es posible construir otros caminos para producir información. Cuando defendí, al inicio de JOTA, un modelo de negocios basado en la relación directa con el suscriptor, parecía algo diferente, inadecuado o cuestionable. Para mí no lo era. Insistí en esa idea y, afortunadamente, seguimos ese camino, que terminó demostrando ser adecuado para nuestra realidad y para las demandas de información calificada en un país donde la inseguridad jurídica exige periodismo especializado. Existen otros caminos posibles, otras áreas por explorar. Estos 11 años, por lo tanto, me abrieron la mente a muchas otras posibilidades.
JOTA fue mi segunda empresa. Antes ya había creado, junto con otros socios, TORRE, enfocada en estrategias de comunicación para procesos judiciales y regulatorios. Ahora lancé Zarabatana. Los nuevos proyectos estarán orientados a la investigación académica, la historia y la producción audiovisual, además de abrir espacio para iniciativas vinculadas a la comunicación en procesos judiciales, entre otros temas.
Además, sigo escribiendo —con un boletín semanal sobre el STF en Substack— y creé dos canales de YouTube para hablar sobre la corte (Recondo and Os Onze), además de un canal dedicado al podcast Sem Precedentes. En fin, había muchos caminos esperando ser explorados y ya era el momento de seguirlos.
Cuando empecé a cubrir el STF, ya había periodistas que llevaban años en el tribunal haciendo una cobertura técnica, pero que parecía interesar a los periódicos solo en momentos puntuales. Esos reporteros —esa era mi impresión— eran vistos como demasiado especializados, casi de nicho. Los periodistas que no cubrían el tribunal sentían que ellos tenían un conocimiento difícil de comprender. Era casi como física cuántica, quizá por el lenguaje jurídico y porque el proceso judicial tiene sus propias especificidades.
En esa época, el tribunal no despertaba tanto interés en la opinión pública. Eso comenzó a cambiar precisamente en ese período, con decisiones que empezaron a captar más atención de la sociedad y a las que el diario O Estado de S. Paulo daba mucho espacio. Pasamos de pequeñas notas o coberturas ocasionales sobre algún caso específico —o, como mucho, grandes coberturas durante juicios importantes— a una cobertura diaria del STF. Una cobertura en la que una declaración de un magistrado podía convertirse en titular y en la que los periodistas empezaron a cubrir cada movimiento procesal.
Antes, el comité de prensa del STF no tenía ni una decena de reporteros. Hoy hay decenas y decenas de acreditados. Eso afecta la percepción sobre el tribunal, cambia la forma en que vemos las noticias sobre el STF y transmite otra imagen de la corte al público. Y digo esto pensando solo en el cambio desde la cobertura periodística. También podríamos hablar de la responsabilidad del propio tribunal en esta nueva realidad, en el creciente interés de la gente por el STF y en su sobreexposición.
El mismo trabajo de siempre, el mismo cuidado y la misma búsqueda de equilibrio, distancia y objetividad, pero sin renunciar a la función de explicar y criticar. La objetividad no puede confundirse con publicar de manera acrítica las declaraciones de uno u otro político.
Sin duda, ese trabajo será criticado en redes sociales por quienes apoyan candidatos de uno u otro lado, pero los medios tienen una función y no deben renunciar a ella.
Ya era evidente que el consumo de noticias estaba migrando hacia otras formas de acceso a la información. Y el audiovisual crecía exponencialmente. Había una nueva audiencia, muy comprometida, en ese espacio. Era necesario explorarlo. El sitio web era una herramienta esencial, pero insuficiente. Entonces empecé a hablar sobre el STF, a escribir guiones y a intentar contar la historia del tribunal —o analizar las decisiones de la semana— para una audiencia más amplia, presente en los podcasts y YouTube.
Y funcionó tan bien que decidí crear, junto con dos socios, una empresa dedicada exclusivamente a eso: Zarabatana Studio.
Producir contenido de audio y video de manera independiente abre la puerta a otro tipo de audiencia, otros formatos y otro lenguaje para explicar los mismos hechos y fenómenos. Así como nunca había pensado en escribir libros sobre el STF, tampoco imaginaba escribir guiones para explicarlo. Hoy veo que ese camino es muy prometedor.
Es una pregunta muy interesante porque me remite a cuando empecé a cubrir el STF después de trabajar en política. Lo primero que hice fue tratar de entender qué institución era esa, qué la diferenciaba y cómo funcionaba su proceso de toma de decisiones. Cubrir el Poder Judicial sin entender eso es como salir a la carretera sin mapa ni instrumentos de orientación.
Intentar explicar el Supremo Tribunal como si funcionara igual que la política es un error, porque el Poder Judicial opera de otra manera, sus actores se relacionan de forma distinta y justifican sus decisiones a partir de otros valores. Por eso creo que, para cubrir la justicia, es necesario hacer primero un esfuerzo de comprensión y luego un trabajo constante de traducción y explicación.