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Brasil brilla en los Premios Gabo, con reconocimientos en tres categorías

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Este año, los premios también destacaron la cobertura de conflictos armados, periodistas en exilio, periodistas asesinados y la violencia de género dentro de las salas de redacción.

El Festival Gabo se llevó a cabo por decimocuarta ocasión del 24 al 26 de julio, y reunió a miles de participantes en Bogotá, Colombia, para celebrar lo mejor del periodismo en América Latina, el Caribe, España y Portugal. 

El evento es organizado por la Fundación Gabo, creada en 1995 por el Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez — quien también se destacó como periodista — junto a Jaime Abello Banfi.

El evento central del festival es la entrega del Premio Gabo, que reconoce a periodistas con trayectorias estelares y el mejor trabajo periodístico en Iberoamérica en las categorías de audio, fotografía, texto y reportajes en video o multimedia. 

El jurado evaluó más de 1.915 postulaciones de 20 países para seleccionar a los ganadores. Este año brilló el trabajo de los periodistas brasileños, honraron a los periodistas que viven en el exilio y reconocieron la trayectoria de Catalina Gómez Ángel, una corresponsal de guerra colombiana que ha cubierto conflictos en Irán y Ucrania. 

Pero la ceremonia también llamó la atención hacia el asesinato de dos periodistas en Colombia este año, la amenaza que representa el creciente autoritarismo a través de todo el mundo, y la violencia de género dentro de las redacciones. 

Estos son los cinco puntos claves a saber sobre los Premios Gabo 2026: 

Arrasan los periodistas brasileños

Los periodistas brasileños fueron los más galardonados de la noche tras recibir premios en tres categorías. 

Una de ellas fue la fotoperiodista Gabriela Biló de Folha de S. Paolo, quien ganó el Premio Gabo en la categoría de fotografía por la serie “Como sobrevivem as democracias”. Biló documentó el fracasado golpe de estado del expresidente brasileño Jair Bolosnaro en 2023, un episodio que culminó dos años después en un juicio histórico que lo sentenció a 27 años de prisión. 

Durante la premiación Biló destacó que en tiempos en los que el autoritarismo se esparce por todo el mundo, haber atestiguado la fortaleza de las instituciones y la democracia brasileñas “es una cosa que da un poco de esperanza”. 

En la categoría de reportaje ganó el equipo de Metrópoles por su proyecto multimedia “A política da bala”, el cual documentó meticulosamente las 246 muertes a disparos cometidas por la Policía Militar en São Paolo bajo el mandato del gobernador Tarcísio de Freitas. El análisis contradijo las narrativas oficiales sobre algunas de esas muertes y arrojó que muchas de las víctimas estaban desarmadas y recibieron disparos por la espalda. 

El documental Terceirão – um ano, quatro vidas, dirigido por Eliane Scardovelli y Caio Cavechini para TV Globo ganó en la categoría de imagen, el cual celebra el mejor trabajo periodístico en formatos audiovisuales. 

El largometraje sigue de cerca a cuatro jóvenes de distintas escuelas — una becaria de derecho que descubre que tiene un tumor cerebral, una joven de una familia élite, una estudiante de danza y un joven que debate entre estudiar psicología o conseguir un trabajo para apoyar a su familia — para poner en relieve los desafíos de la juventud brasileña sin recargarse en estadísticas o voces expertas. 

Periodistas en el exilio y más

Los galardones también reconocieron el trabajo de dos periodistas salvadoreños exiliados por ejercer su profesión. 

El premio en la categoría de texto fue para los hermanos Carlos y Oscar Martínez del medio digital El Faro por su crónica “El exilio nos alcanza”, en la que narran la experiencia de activistas, exfuncionarios y periodistas como ellos que fueron saliendo del país a cuentagotas. 

Los hermanos Martínez dejaron El Salvador el año pasado tras publicar una serie de entrevistas con líderes pandilleros que revelaron los pactos de cooperación que acordaron con Nayib Bukele desde antes que llegara a la presidencia. Su crónica cuenta cómo lo que inicialmente consideraron una salida preventiva y temporal se transformó gradualmente en una aceptación del exilio forzado.  

Durante una entrega emotiva del premio a manos de Carlos Fernando Chamorro — un veterano periodista nicaragüense que también vive en el exilio — los hermanos se mostraron desafiantes.  

“Que el dictador y sus sirvientes lo entiendan de una vez: el silencio no es nuestra opción, nunca lo ha sido y nunca lo será”, dijo Oscar Martínez. 

El premio en la categoría de audio fue al pódcast español Se llamaba como yo, de la periodista de investigación Isabel Cadenas Cañón. Cuenta la historia de cómo la muerte de Begoña Urroz hace más de seis décadas se convirtió en el Día de las Víctimas del Terrorismo en España — a pesar de ser erróneamente atribuida como la primera muerte causada por a la organización terrorista vasca ETA. 

Recordando a periodistas asesinados

La ceremonia rindió homenaje a dos periodistas colombianos que fueron asesinados este año. Sus familias estuvieron presentes durante el evento. 

Cristian Herrera Nariño, corresponsal y miembro del consejo directivo de la Fundación de Libertad de Prensa (FLIP), llevaba años bajo amenazas por su trabajo y fue asesinado en junio en la ciudad de Cúcuta. 

Sofía Jaramillo, directora ejecutiva de la FLIP, dijo que Herrera Nariño aprendió periodismo junto a su padre y su comunidad lo conocía por ser el primer periodista en llegar a cubrir cualquier nota y en contar la historia bien. Describió su muerte como “la herida más profunda en los 30 años de la organización”.  

“Esta persona apasionada de entregar el oficio de informar fue un árbol gigante que logró tener raíces profundas cuyos alcances todavía estamos descubriendo”, dijo Jaramillo. 

Mateo Pérez Rueda, poeta de 24 años y director de la revista El Confidente, fue asesinado en mayo en el municipio de Yarumal, al noroeste del país. 

En una editorial en 2021 sobre el impacto de la violencia en las familias, Pérez Rueda escribió: “Cada vez que un joven es asesinado, mueren por lo menos otras 150 personas detrás de él. La ilusión de verlo crecer y superar a su manera los obstáculos de la vida [y] el fuego del corazón al saludarlo en la calle”.

“Esas palabras hoy también hablan de Mateo”, Jaramillo dijo. 

Desde 1938, han sido asesinados 171 periodistas en Colombia, según la FLIP. 

Atención a la violencia de género

El evento también puso el foco en la violencia de género dentro y fuera de las salas de redacción. 

Jineth Bedoya Lima, fundadora de la iniciativa No Es Hora de Callar, enfatizó que centenares de mujeres periodistas han enfrentado el acoso sexual en sus lugares de trabajo. Este año, una ola de denuncias de acoso contra mujeres periodistas en Colombia renovó la atención al tema bajo la iniciativa #YoTeCreoColega

“Los medios de comunicación no podemos pontificar sobre cómo contrarrestar las violencias si las toleramos o las ignoramos en nuestras propias salas de redacción. Ese es el otro acecho a la libertad de prensa del que no queremos hablar”, dijo Bedoya Lima. “¿Quién piensa en la violencia que enfrentan esas mismas personas que comunican, la violencia que hoy, en este momento, centenares de mujeres enfrentan en sus propias salas de redacción?”

Corresponsal en Irán y Ucrania

Finalmente, el reconocimiento a la excelencia periodística fue para Catalina Gómez Ángel, una corresponsal de guerra colombiana reconocida por su trabajo cubriendo conflictos en Irán y Ucrania. Para América Latina, los efectos de esos conflictos “terminan por alterar su vida política, económica y social”, dijo el Consejo Rector del Premio Gabo. 

“Mientras otros se centran en la motivación en la guerra política, ella le devuelve el rostro a quienes viven sus consecuencias”, dijo Jaime Abello Banfi, director general y cofundador de la Fundación Gabo, durante la entrega del premio.  

Gómez Ángel dijo que recibía el reconocimiento con gran alegría y sentido de responsabilidad. 

“Lo hago en nombre de muchas mujeres de lengua hispana y portuguesa que hemos elegido contar el mundo lejos de nuestras fronteras, mujeres que intentamos comprender las sociedades [...] y ponerles rostro, que creemos que el mundo tiene que narrarse desde diferentes voces. Ojalá fuéramos muchas más mujeres haciendo esto”.