Una alianza de medios latinoamericanos identificó a los actores, plataformas y sectores detrás del acoso en línea que a menudo precede la violencia en el mundo real.
La desinformación sobre el cambio climático suele buscar desacreditar la ciencia. En América Latina, cada vez apunta más en contra de quienes defienden el medio ambiente.
Para exponer esos ataques, el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística(opens in new tab) (CLIP) y una red de medios aliados lanzaron en junio de 2026 una investigación para rastrear el acoso en línea contra defensores ambientales en seis países.
Se trata de “Taladores Digitales(opens in new tab)”, una cartografía que identificó los principales actores, narrativas y patrones de intimidación contra defensores ambientales desde México, pasando por Panamá y hasta Brasil. La investigación encontró que los ataques se concentraban en X y Facebook, y que los sectores minero e inmobiliario impulsaban la mayor parte del hostigamiento.
Las víctimas más recurrentes de los ataques digitales en Panamá son mujeres. Los casos de @raisabanfield @cgadames @martitacornejor revelan cómo funcionan las operaciones para desacreditar y hostigar en redes sociales #TaladoresDigitales @CLIP_AmericaLat https://t.co/HaroFbjg3w
— Concolón Panamá (@ConcolonPanama) June 16, 2026
“La maquinaria de la desinformación dice ‘estas personas no saben de lo que están hablando, o les están pagando, o realmente sus intereses son otros’”, dijo Pablo Medina, editor de desinformación de CLIP, a LatAm Journalism Review (LJR). “Muchas de esas afirmaciones son desinformación”.
"Taladores Digitales" desarrolló una metodología colaborativa para investigar estas campañas. La combinación de reportería colaborativa, una base de datos compartida, análisis de narrativas y flujos automatizados con IA ofrece una ruta que otros equipos periodísticos y académicos pueden adaptar para documentar e investigar este tipo de fenómenos.
CLIP convocó a medios con experiencia en cobertura ambiental de los países considerados más peligrosos para los defensores ambientales. Así, hizo alianza con AFP Checamos(opens in new tab) (Brasil), ColombiaCheck(opens in new tab) (Colombia), Agencia Ocote(opens in new tab) (Guatemala), Contracorriente(opens in new tab) (Honduras), Concolón(opens in new tab) (Panamá), Animal Político(opens in new tab) y Mongabay Latam(opens in new tab) (México). Contaron con el apoyo de la Iniciativa Global para la Integridad de la Información sobre el Cambio Climático de la UNESCO.
CLIP diseñó una base de datos que distribuyó con todas las redacciones participantes. Cada socio recopiló una muestra de ataques digitales en su país y la incorporó a esa base de datos, cuya estructura fue ajustándose durante el proceso en coordinación con los medios participantes, dijo Medina.
Los socios recurrieron a distintos métodos de recopilación, incluyendo entrevistas con organizaciones y ambientalistas, búsquedas manuales en redes sociales y software para detectar usuarios y contenido inauténtico que buscan manipular una narrativa.
Tras casi dos meses de recopilación, CLIP homologó la información aportada por los socios y construyó una base de datos con casi 800 publicaciones de ataques digitales contra personas, comunidades y organizaciones defensoras del medio ambiente registradas entre 2017 y 2026.
Con esa base de datos, el equipo de CLIP elaboró una serie de elementos interactivos en los que el usuario puede navegar y filtrar la información por tipos de ataques, plataformas utilizadas, tipos de víctimas (persona, comunidad indígena, organización social o periodista) y sector al que pertenecen los agresores, entre otros.
El proyecto incluye además nueve reportajes(opens in new tab) sobre casos de ataques y hostigamiento a defensores ambientales en los países de los medios participantes.

Àngela Cantador (izq.) formó parte del equipo de CLIP a cargo del procesamiento de datos, mientras que Pablo Medina (der.) fungió como editor del proyecto. (Foto: Cortesía CLIP)
Es una “aproximación a cómo se gestan estos ataques digitales que después pueden tener también su repercusión en el mundo real”, dijo a LJR Àngela Cantador, coordinadora de datos de CLIP. “Fue más un ejercicio de interpretación y evaluación de estas narrativas para dar pistas a otros periodistas y a otros académicos de cómo es que se gestan estos discursos y cómo se pueden empezar a documentar y analizar”.
A diferencia de otras investigaciones de CLIP en las que las bases de datos se pueden consultar, los datos de “Taladores Digitales” no fueron puestos a disposición de la audiencia. Esto, dijo el equipo, para evitar la revictimización y la amplificación de los mensajes.
“Este fue el primer gran reto: cómo tratar esta data para poder mostrar los resultados que tenemos sin exponer a la gente”, dijo Cantador. “De ahí fue de donde salió la idea de hacer un análisis de las narrativas”.
CLIP y los medios socios inicialmente acordaron clasificar las publicaciones recopiladas en cinco categorías, basados en los casos que más habían visto en el pasado: ataque reputacional, ataque de género, ataque racista, desinformación climática y greenwashing(opens in new tab), o información engañosa sobre las prácticas ambientales de ciertos sectores y empresas.
El equipo de tecnología de CLIP desarrolló un flujo automatizado en lenguaje de programación Python que utilizó herramientas de la empresa de inteligencia artificial OpenAI para analizar los ataques y proponer cuatro categorías nuevas.
El equipo sometió las categorías propuestas por la IA a una discusión editorial entre los miembros de la alianza y decidieron subdividir la categoría “ataque reputacional”, que contenía la mayor cantidad de ataques, en cuatro categorías nuevas: criminalización, estigmatización, corrupción o intereses ocultos y desprestigio personal.
Con esa nueva clasificación el equipo volvió a correr los datos por el modelo de IA y a verificar los resultados manualmente al menos cuatro veces más, dijo Cantador, hasta obtener la base de datos final con la que se hicieron el análisis y las visualizaciones que aparecen en el reportaje.
“La IA puede ir súper bien en estos casos para ayudarte con grandes volúmenes de datos, a ver esa clasificación inicial o a ver inconsistencias, pero siempre ahí tiene que haber esa verificación manual”, dijo Cantador.
Cada vez más medios de noticias están aprovechando la combinación de flujos automatizados con IA(opens in new tab) en grandes investigaciones basadas en datos. Muchos están usando plataformas de código libre, como n8n(opens in new tab), que son más visuales e intuitivas y no requieren gran conocimiento de código.
Sin embargo, el equipo de “Taladores Digitales” optó por crear su propio flujo automatizado a través de un script en Python, aprovechando que CLIP cuenta con programadores en su equipo de tecnología.
“Ejecutar un workflow automatizado para analizar grandes volumen de datos, creo que eso es muy importante ahora mismo en el periodismo, porque hay tanta información, que procesarla manualmente es muy difícil”, dijo a LJR Sairo Alemán, ingeniero front-end de CLIP, quien se encargó de la parte del desarrollo tecnológico del proyecto.
#TaladoresDigitales Defender un río le costó a Reynaldo Domínguez el exilio, la persecución y la pérdida de sus hermanos. Durante años, él y su comunidad resistieron al avance de un proyecto minero en Guapinol. Hoy vive lejos de su tierra, pero sigue recordando a quienes fueron… pic.twitter.com/ZjZZTYZZ9C
— Contracorriente (@ContraC_HN) June 11, 2026
Para sus creadores, “Taladores Digitales” busca ser el inicio de más investigación sobre los ataques en línea y el combate a la desinformación ambiental por parte de otros periodistas y académicos, en una región donde este tipo de agresiones siguen creciendo.
“Es muy importante hacerle ver a la gente que todos somos víctimas de la desinformación, pero que en estos casos hay víctimas que sí pueden terminar muertas”, dijo a LJR Jennifer Ávila, cofundadora y directora editorial de Contracorriente. “Esto va más allá incluso del derecho a la verdad o a estar informado, sino también del derecho a la vida”.