Cynthia Ottaviano, presidenta de la Organización Iberoamericana de Defensoras y Defensores de las Audiencias, explica cómo funcionan estas instituciones y cómo pueden ayudar a resolver conflictos entre medios y audiencias.
En los últimos años, América Latina ha visto crecer el debate sobre cómo garantizar no sólo la libertad de prensa, sino también el derecho de la ciudadanía a recibir información confiable.
En principio, ambos objetivos se complementan: los ciudadanos de una democracia necesitan información rigurosa para tomar decisiones, y los medios necesitan libertad para producirla. Pero en la práctica han surgido preocupaciones de que uno pueda limitar al otro.
Defensores de las audiencias sostienen que algunos medios no han establecido estándares suficientes para garantizar que su información sea rigurosa y contextualizada. Algunos medios, por su parte, temen que este debate sobre mejores prácticas periodísticas pueda ser utilizado por entidades reguladoras para imponer criterios sobre qué constituye información de calidad y abrir la puerta a la censura gubernamental.
El debate cobró fuerza en México este año, cuando la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones sometió a consulta reglamentación para formalizar los derechos de las audiencias. Durante la consulta, medios de comunicación advirtieron(opens in new tab) que la propuesta le podría permitir al gobierno usar las quejas de las audiencias para presionar a medios y darle margen para intervenir en sus contenidos. La versión final(opens in new tab) establece que la comisión no revisará(opens in new tab) contenidos ni decisiones editoriales.
Cynthia Ottaviano, presidenta de la Organización Iberoamericana de Defensoras y Defensores de las Audiencias(opens in new tab) (OID), lleva años en el centro de este debate. Fue la primera Defensora del Público de Argentina(opens in new tab), cargo público que ocupó de 2012 a 2016 y desde donde sirvió de puente entre medios y audiencias para encontrar soluciones, sin sanciones de por medio, cuando el público consideraba que sus derechos habían sido violados. Después se convirtió en la presidenta fundadora de la organización iberoamericana, donde este septiembre concluye su segundo mandato.
Como parte de la serie 5 Preguntas de LatAm Journalism Review (LJR), Ottaviano habló sobre su visión de una información diversa, despatriarcal y desmercantilizada, y por qué los derechos de las audiencias siguen siendo un tema polémico.
La entrevista fue editada por motivos de extensión y claridad.
1. LJR: Empecemos con lo básico. ¿Qué es y qué hace una defensoría de audiencias?
Cynthia Ottaviano: La Defensoría de Audiencias es un espacio de defensa de los derechos de las audiencias comprendidas como pleno sujeto de derecho en el marco de la comunicación entendida como un derecho humano. La información comprendida como un bien social, y no como una mercancía, genera un nuevo paradigma en el que todas las personas tienen el derecho de dar y recibir información, buscarla y difundirla — como es la libertad de expresión — pero a la vez poder reclamar en una institucionalidad específica y especializada si se causa algún daño a ese derecho humano a la comunicación.
Sin capacidad sancionatoria — esa es la gran característica de las defensorías — con una alta e importante capacidad pedagógica y dialógica para generar espacios de debate, de reflexión, de acuerdos con respecto a las buenas prácticas profesionales, de poder llegar también a consensos en torno de las distintas conflictividades que se presentan en el campo de la comunicación. Por ejemplo, cuando hay una información inexacta y/o agraviante o cuando hay situaciones o escenas de violencias en el marco de lo que se comprende como el horario de protección a niñas, niños y adolescentes.
2. El tema de derechos de las audiencias no es nuevo. La OID fue fundada en 2014, y sin embargo, todavía es un tema a veces polémico como se vio en el reciente caso de México. ¿Por qué se debe hablar de los derechos de las audiencias?
Hablar de los derechos de las audiencias es absolutamente fundamental. Comprendiendo que si la comunicación es un derecho humano, el Estado tiene un rol de garante de ese derecho humano a la comunicación y las personas tienen el derecho a su voz y a su vivencia.
La comunicación es el aire para las democracias. Es necesario humanizar profundamente la comunicación y sobre todo hoy en el campo relacional con la inteligencia artificial, con los bots, con las distintas problemáticas que hay vinculadas con la fake news, con la infodemia.
Al reconocer los distintos intereses que hay en el campo de la comunicación y al reconocer los medios como dispositivos que construyen sentido de acuerdo con determinados intereses, es que se generan, entre comillas, esas polémicas porque muchas veces quienes se han erigido históricamente como propietarios de la comunicación, defienden sus propios intereses que no siempre coinciden con los intereses de la sociedad en su conjunto. Pero en realidad se trata de defender los derechos de las audiencias que forman parte de las responsabilidades y de las obligaciones que tenemos los profesionales de la comunicación a la hora de dar información socialmente relevante.
3. ¿Podría darme algún ejemplo en el que una defensoría haya logrado — o no — corregir una práctica periodística?
Uno de los logros más notorios y evidentes ha tenido que ver con el campo de la publicidad y las publicidades que eran sexistas(opens in new tab) de productos de limpieza, también de bebidas alcohólicas y de productos de higiene.
En otro caso, en la televisión argentina se pasaron imágenes de chicos menores de edad apenas pixelados los ojos diciendo que eran responsables del homicidio de un policía(opens in new tab). Ahí surgió la alerta porque las consecuencias por asesinar a un policía son muy graves no sólo en el ámbito del poder judicial, sino de las propias fuerzas de seguridad. Y esos chicos no tenían absolutamente nada que ver con eso, eran actores. Habían actuado en una película como delincuentes.
Para dar esa información [el canal] usó imágenes de archivo, la confusión sobrevino porque el grupo de teatro era del mismo barrio popular donde habían efectivamente asesinado al policía, pero lo cierto es que pusieron en riesgo de vida a un grupo de adolescentes. La mamá vino a hacer la denuncia a la Defensoría porque había recurrido al canal y no la habían atendido, se desesperó porque su hijo corría riesgo de muerte. Muy rápidamente pudimos entrar en diálogo con el canal y generar un pedido de disculpas, de reconocimiento de que esos chicos no tenían absolutamente nada que ver, que eran actores.
Se corrigió en el archivo, como estaba etiquetado el material para que no se volviera a cometer el error, se generó una capacitación sobre responsabilidades — una de las guías que hicimos fue para la cobertura y tratamiento de noticias policiales(opens in new tab), también otra guía que hicimos sobre violencia institucional(opens in new tab), diferenciando los casos policiales de los de violencia institucional. Y también el canal trabajó en torno de poder visibilizar cosas positivas como este grupo de teatro que generaba incluso alternativas, no sólo desde el punto de vista sociopedagógico, sino también desde el punto de vista laboral.
También [respondimos] en coberturas responsables en su momento vinculados con temáticas del colectivo LGTBIQ+(opens in new tab), la inclusión de los pueblos indígenas y sus perspectivas.
4. En contextos donde existen regulaciones, ¿cómo se puede balancear la protección de las audiencias y sus derechos, con la libertad de prensa? Es decir, para que la ley no se utilice como un mecanismo de control de contenido e incluso eventualmente de censura.
No, de ninguna manera de censura. La censura está prohibida. Los mecanismos regulatorios no son los únicos mecanismos para llegar a acuerdos, muy por el contrario.
Sí, es muy importante poder tomar conciencia también de las fake news, de los discursos de odio, de los nuevos mecanismos que vulneran ese derecho humano a la comunicación y trabajar para profundizar las democracias y no para debilitarlas.
5. Uno de los señalamientos que hubo en el caso de México era sobre el posible “mal uso” que se podrían dar a las quejas de audiencias con un objetivo particular de atacar contenido que no sea de su agrado. En una sociedad cada vez más polarizada, ¿cómo evitar que este derecho se convierta en una herramienta para cuestionar contenidos simplemente porque contradicen las creencias de una audiencia?
No se trata del agrado o no el agrado o de la opinión. Ese es otro terreno.
La vulneración del derecho humano a la comunicación ocurre cuando se da una información que es inexacta o cuando se da una información que es agraviante o cuando se da una situación en la que se vulnera el derecho a la intimidad o el derecho a la privacidad de las personas. Por supuesto que son derechos que están en permanente tensión, por eso es tan importante generar espacios de diálogo y de encuentro y que la solución surja de ese espacio de diálogo o de encuentro.
[Como defensora del público en Argentina], yo tuve 10.000 actuaciones [decisiones de casos] y jamás tomé una decisión sin escuchar a quien reclamó y a quien ha sido reclamado, y llegando siempre a un acuerdo con respecto a esa solución. Por eso en ningún caso se resolvió igual al otro.
Lo que suele ocurrir es que no se tiene en cuenta la mirada de la otra persona y que entonces cuando se conoce, cuando se escucha, se genera una situación de empatía y de comprensión de la situación.
En la gran mayoría de las circunstancias, los periodistas, comunicadores quieren tener en cuenta el otro punto de vista. No se trata de una cuestión de opinión o de gusto.