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La historia de la foto que reivindicó el duelo de una comunidad en Ecuador

Summary

El fotoperiodista Santiago Arcos narra cómo captó una imagen que se convirtió en símbolo de violencia estatal en la ofensiva contra el crimen organizado.

El inicio del 2025 fue muy difícil para Santiago Arcos. El fotoperiodista independiente ecuatoriano pasó la última noche del 2024 pensando en el horror de la historia que había cubierto ese día.

La asignación de la agencia Reuters había sido captar imágenes de la audiencia de formulación de cargos a un grupo de militares señalados por la desaparición de los hermanos Josué e Ismael Arroyo, de 15 y 14 años, y de sus amigos Nehemías Arboleda, de 15; y Steven Medina, de 11. Los cuatro menores habían sido detenidos a inicios de diciembre luego de un partido de fútbol, durante un operativo militar en un sector conocido como Las Malvinas, al sur de Guayaquil.

People cry over the coffin of one of the four minors found dead at Las Malvinas neighborhood in Guayaquil, Ecuador, Jan 1, 2025.

La imagen de Arcos se convirtió en uno de los registros visuales más poderosos de un caso que conmocionó a Ecuador y reavivó denuncias sobre violencia estatal y violaciones a derechos humanos. (Foto: REUTERS/Santiago Arcos)

 

 

Familiares de los jóvenes, vecinos y activistas habían acudido ese 31 de diciembre a las afueras de la audiencia para exigir la presentación con vida de los desaparecidos. Apenas unos minutos después de que el juez dictó prisión preventiva a los indiciados, la Fiscalía de Ecuador dio a conocer que unos restos humanos encontrados al sur de Guayaquil, calcinados y con huellas de tortura, correspondían a los menores desaparecidos.

La reacción de desolación de los familiares causó conmoción en el fotoperiodista, quien dijo que, en 16 años de carrera cubriendo casos de derechos humanos y desastres humanitarios, nunca había visto tanto dolor como el que vió en ese momento.

“Fue un golpe durísimo. Fue un colapso para todos los que estaban ahí. Literalmente todos terminaron en el suelo”, dijo Arcos a LatAm Journalism Review (LJR). “Eran todos los horrores que uno se podría imaginar”.

Al día siguiente, 1 de enero de 2025, Arcos volvió a Las Malvinas a los funerales de los jóvenes para documentar el duelo de esa comunidad marcada por la violencia. Una de esas imágenes resultó ganadora en el concurso de fotoperiodismo y fotografía documental World Press Photo 2026, en la categoría Individuales de Sudamérica.

La imagen – que muestra a un joven llorando con la frente apoyada sobre un ataúd envuelto en plástico que está sostenido por dos manos, mientras otra persona también se inclina entre lágrimas – se convirtió en uno de los registros visuales más poderosos de un caso que conmocionó a Ecuador y reavivó denuncias sobre violencia estatal y violaciones a derechos humanos.

Una imagen que cambió el discurso

Arcos, también originario de Guayaquil, dijo que esa mañana del día de los funerales despertó determinado a mostrar al mundo con sus imágenes lo que estaba sucediendo en su ciudad. Quería enfocar la narrativa en la tragedia, y no en la repartición de culpas y los ataques políticos que la mayoría de los medios locales estaban reproduciendo, agregó.

“Llegué sabiendo específicamente que iba a tratar de ayudar a que se supiera la verdad, a mover un poco el discurso hacia donde importaba”, dijo. “A lo que teníamos enfrente, que era una tragedia”.

Arcos se sumó a decenas de colegas desde muy temprano para acompañar a las familias y vecinos de Las Malvinas, primero en las casas de las víctimas y luego en el cementerio, en unos funerales que se convirtieron en un evento multitudinario de tragedia y clamor de justicia.

Las multitudes dentro y fuera de las casas de los jóvenes dificultaban acercarse a los féretros, dijo Arcos. En la casa de los hermanos Arroyo, el fotoperiodista logró abrirse camino y subirse a un muro incompleto cerca de los ataúdes. Desde ahí pudo ver que los féretros estaban envueltos en película de plástico, lo que lo hizo pensar en el estado en el que se encontrarían los cuerpos.

“Cuando uno se pone a pensar en las implicaciones de por qué [el ataúd] está cubierto con un film, llega de nuevo esa sensación de horror”, dijo Arcos. “No había visto eso desde la pandemia”.

Ecuadoran photojournalist Santiago Arcos.

Arcos cree que su trabajo ayudó a reivindicar la verdad en el caso de los jóvenes asesinados. (Foto: Cortesía Santiago Arcos)

Arcos pensó que debía hacer una foto que mostrara eso de cerca. Bajó a nivel del piso, se acomodó discreta y cuidadosamente en cuclillas bajo una esquina del ataúd de Ismael, el mayor de los hermanos, y esperó.

“Estuve creo que en total unos cinco minutos ahí, solo disparando”, dijo. “Y nada, cuando hice esa foto, sabía que esa era LA foto”.

La imagen, que también fue galardonada en los premios POY Latam 2025, muestra desde abajo el féretro de Ismael, con la camiseta de su equipo de fútbol encima, mientras sus compañeros de equipo y su entrenador lloran desconsolados sobre él. Unas manos tocan desde abajo el ataúd.

“La fotografía transmite horror a través de impactantes detalles y resalta la magnitud de la violencia y su impacto emocional”, comentó el jurado de World Press Photo, de acuerdo con el anuncio de los premios.

Tras el impacto que logró su fotografía, Arcos siente que la misión que se planteó esa mañana del 1 de enero se cumplió. Ya no queda duda, dijo, que el mundo se enteró de la tragedia que le arrebató la vida a esos cuatro jóvenes, en medio de la inacción y complicidad del gobierno ecuatoriano.

“Se sintió como un poquito de reivindicación, al menos hacia la verdad. Yo sé que no es así hacia las familias, que esto no cambia nada para ellos”, dijo Arcos. “Lo más bacán es que esa foto ya está en los libros de historia. Nadie la va a sacar de los premiados de World Press Photo y por siempre se sabrá lo que pasó. Eso ya está escrito en piedra”.

“Está difícil la cosa ahorita”

En febrero de 2026, una corte en Guayaquil halló a los 16 soldados culpables de las desapariciones forzadas de los cuatro jóvenes.

Este caso de los cuatro jóvenes de Las Malvinas se dio en un contexto de violencia marcado por el estado de excepción decretado por el presidente Daniel Noboa meses antes, y entre voces y denuncias de perfilamiento racial y racismo en operativos militares.

Arcos dijo que actualmente en Ecuador, ese contexto de violencia es casi generalizado. Y eso, agregó, también impacta el ejercicio del periodismo.

La inseguridad se suma a la precariedad laboral que diversas organizaciones de defensa del periodismo han denunciado en años recientes.

“Constantemente estoy recibiendo llamadas de antiguos colegas que me preguntan si he escuchado de algún trabajo, porque no hay tanto trabajo como antes. Están cerrando las revistas, los periódicos”, dijo.

Arcos dijo que la mayoría de los encargos que los grandes medios solicitan a periodistas independientes como él son sobre temas relacionados con la violencia, lo que pone a los profesionales de la prensa en constante riesgo.

“Muchísimas veces, de hecho, estoy rechazando coberturas porque simplemente no hay las garantías de seguridad para poder trabajar en paz”, dijo.

Arcos combina actualmente su trabajo de fotoperiodista con colaboraciones con organizaciones no gubernamentales.

A relative holds a sign about the disappeareance of four minors in Guayaquil, Ecuador, Dec 31, 2024.

La desolación de las familias al enterarse del hallazgo de los cuerpos de los cuatro jóvenes impactó profundamente al fotoperiodista, dijo. (Foto: REUTERS/Santiago Arcos)

 

 

 

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