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Lo que se necesita para cubrir el mundo criminal de México

Summary

Pocos periodistas han dedicado tanto tiempo y tantas páginas a cubrir el crimen organizado como Ioan Grillo. En esta entrevista con LJR, reflexiona sobre los riesgos del oficio, las lecciones aprendidas y las historias que aún le sorprenden.

envelope outline with letter inside featuring map of latin americaNo es el único periodista que cubre el narcotráfico en las Américas, pero quizá sea el más conocido.

Y con razón. Desde hace más de dos décadas, Ioan Grillo ha documentado una de las historias definitorias del México contemporáneo: el ascenso de los cárteles de la droga y sus vínculos insidiosos con la política y el poder. Pocos reporteros han cultivado fuentes más profundas o producido una obra más extensa sobre el tema.

Grillo, de 53 años y originario de las afueras de Brighton, Inglaterra, es conocido principalmente por sus tres libros sobre organizaciones criminales, narcotráfico y el comercio internacional de armas. Entre sus lectores se encuentra Rodrigo Duterte, expresidente de Filipinas, quien convirtió el libro “Gangster Warlords” (2016) en lectura obligatoria para mandos policiales y militares durante su sangrienta campaña antidrogas. (Volveremos a eso más adelante).

Pero los libros son solo una parte de su trabajo. Grillo publica boletines en inglés y español en su Substack, produce documentales, conduce un pódcast y es consultado regularmente por medios en México y el extranjero —incluidos The New YorkerThe New York Times— para ayudar a descifrar los complejos y enredados temas de seguridad pública y crimen organizado.

En esta entrevista con LatAm Journalism Review (LJR), editada por motivos de extensión y claridad, Grillo habla sobre los riesgos de reportear desde el inframundo criminal, la manera en que la delincuencia ha impulsado el auge global del populismo y por qué, después de tantos años, todavía siente que tiene que demostrar quién es.

LJR: Poco antes de que comenzara el Mundial, conseguiste una primicia que me imagino muchos reporteros en México habrían querido tener. Descubriste que el Cártel Jalisco Nueva Generación, que había llevado a cabo más de 250 ataques en el país este año, ordenó a sus operadores mantenerse alejados de turistas, selecciones de fútbol y cualquier visitante relacionado con el Mundial. ¿Cómo reportaste esa historia?

Grillo: Los cárteles operan de una manera muy agresiva y depredadora, pero también pueden ser bastante inteligentes y selectivos cuando se trata de no interferir con sus propios intereses. Hay muchas maneras de acercarse a personas dentro de los cárteles o de lo que podríamos llamar redes criminales paramilitares. He probado prácticamente todas las formas imaginables: entrar a prisiones y pedir hablar con gente, contactar personas con las que ya tenía relación o encontrar contactos a través de periodistas locales.

En el caso de la historia del Mundial, primero obtuve la confirmación de alguien dentro del cártel. Después llevé esa información a fuentes dentro de la policía estatal de Jalisco para corroborar que estaban escuchando lo mismo. Me dijeron que los cárteles tenían instrucciones de no atacar turistas porque su prioridad era mantener la situación tranquila y evitar provocar alguna reacción del gobierno.

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Estadio Akron en Zapopan, Jalisco. (Photo: Ioan Grillo)

 

LJR: ¿Por qué les convenía no interferir con el Mundial?

Grillo: Aunque los cárteles son organizaciones extremadamente violentas, también son actores racionales. Buscan maneras de ganar dinero, ejercer control y, en ocasiones, sembrar terror. Pero no utilizan la violencia de manera aleatoria, por ejemplo atacando turistas extranjeros. Eso simplemente no les conviene.

Frente al gobierno mexicano, en cambio, a veces sí recurren a la violencia pública para generar presión. Lo vemos cuando incendian tiendas de Oxxo, bancos o vehículos de carga. Son episodios de violencia pública que afectan a la población civil y con las que presionar a las autoridades.

Pero la lógica actual del Cártel Jalisco Nueva Generación es distinta. Tienen una nueva gerencia y se sienten fuertes. Como quien dice, quieren calmar las aguas.

LJR: Quizá sea una pregunta ingenua de alguien ajeno al tema, pero me pregunto si los líderes de estas organizaciones son, de cierta manera, como cualquier otra persona en el país: están entusiasmados con el Mundial y quieren que México proyecte una imagen positiva. ¿Es ingenuo pensar eso?

Grillo: Para nada. He recibido bastantes mensajes del cártel sobre algunos de estos temas, y no quiero ser un propagandista de ellos, pero lo que está comunicando claramente la nueva gerencia es que quieren presentarse como personas respetuosas de la ley.

Suena extraño, pero quieren proyectar una imagen de control y de protección a la comunidad. Tienen mentalidades muy particulares. Como que, “Bienvenidos a México, los extranjeros son bienvenidos”.

LJR: Cuando empezaste a reportear en México, en el 2001, trabajabas para The News, para el Houston Chronicle y colaboraste con otros medios. Da la impresión de que sólo poco a poco comenzaste a hacer cobertura sobre el crimen y la guerra contra el narcotráfico. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas en medio de una gran historia?

Grillo: Me acuerdo de un momento en el 2008, en un poblado llamado El Pozo, en el estado de Sinaloa, donde habían ocurrido dos masacres muy cerca una de la otra. Había casquillos de bala por todos lados. Vi una caravana de vecinos saliendo del pueblo en camionetas cargadas con colchones, huyendo como gente desplazada.

Ese fue un momento importante. Pensé: “Esto realmente podría sacudir al país”. Y así fue. La historia creció y creció, y todavía sigue desarrollándose.

LJR: Tu primer libro, “El Narco”, se publicó en 2011. ¿Cómo fue su génesis?

Grillo: Cuando estaba cubriendo la guerra en Sinaloa en el 2008, veía esas escenas y pensaba: “Esto es más complejo de lo que puedo explicar en mis reportajes”, aunque en ese momento estaba produciendo documentales y reportajes de revista. Además, siempre me interesó escribir. De niño leía muchísimo.

Entonces me pregunté cómo funcionaba el mundo editorial. Busqué en internet y descubrí que primero tenía que tener un agente literario. Mandé varios correos al vacío y nadie me respondió. Finalmente hablé con Daniel Hernández, con quien había trabajado en The News y que escribió Down and Delirious in Mexico City. Él me dio el contacto de su agente. Le envié una propuesta y me dijo que sí.

Conseguí el contrato en el 2009 y escribí el libro bastante rápido. Estaba viviendo muchas cosas intensas y la historia simplemente me salió. El libro recibió mucha atención mediática. Aparecí en programas importantes, como Fresh Air de NPR. Por un momento pensé: “Esto me va a cambiar la vida”.

El libro vendió bien durante un tiempo, pero después te das cuenta de que sigues trabajando igual. Ahora, 15 años después, estoy escribiendo mi cuarto libro y sigo en la misma batalla diaria. No fue tan transformador como pensé en aquel momento. (Ríe).

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Ioan Grillo en una cobertura en San Fernando, Tamaulipas. (Foto: Juan Alberto Cedillo)

 

LJR: Tu siguiente libro, Gangster Warlords, salió en 2016. ¿De dónde nació esa idea?

Grillo: En realidad eso salió cuando trabajaba en el Houston Chronicle. Mi jefe y mentor era Dudley Althaus. Él tuvo una idea que discutimos originalmente como una serie de artículos. Por eso le agradezco ampliamente en los reconocimientos del libro.

La idea central era que América Latina y el Caribe estaban enfrentando una enorme crisis de violencia y crimen organizado. Lo veías claramente en Brasil, Colombia, México, El Salvador, Honduras y Jamaica. La pregunta era: ¿por qué está pasando esto y qué significa?

Cuando le pones atención a estos grupos encuentras muchos parecidos. Reclutan en zonas marginadas. Incorporan a muchos jóvenes pobres, especialmente como miembros de base y sicarios. También han desarrollado negocios muy lucrativas de generar ingresos: el narcotráfico, por supuesto, pero también la extorsión, el robo de combustible y la minería ilegal de oro.

Además, son actores políticos. Los ves movilizando votos, impulsando a ciertos candidatos e intimidando a la población. El libro cuenta esa historia a través de personajes, especialmente de sus líderes.

En Jamaica estaba Dudus Coke, un narcotraficante que llegó a ser conocido como “el presidente”, en un país que tiene primer ministro pero no presidente. El jefe de Estado es el rey de Inglaterra, y aun así Dudus Coke parecía tener más poder.

En México estaba El Más Loco, una especie de líder de culto religioso que al mismo tiempo traficaba metanfetamina.

En Brasil conseguí una muy buena entrevista con El Profesor, un ex-asaltante de bancos que se convirtió en uno de los fundadores del Comando Vermelho.

Y en Centroamérica estaba la Mara Salvatrucha. También hablé con integrantes de su dirigencia.

LJR: A lo largo de ese camino has entrevistado a personas que quizás no les vaya a gustar lo que publicas y que están dispuestas a usar la violencia para callarte. ¿Cómo logras hacer este trabajo durante tantos años y mantenerte a salvo?

Grillo: La realidad es que, haciendo este trabajo, no puedes garantizar tu seguridad. Y creo que tienes que hacer las paces con eso. Existe un riesgo.

A la vez, eso también ocurre en muchos otros oficios. Los bomberos enfrentan riesgos. Los mineros enfrentan riesgos. Los soldados enfrentan riesgos.

No puedes ser bombero y decir: “Siempre voy a estar seguro”. Tampoco puedes ser periodista especializado en narcotráfico y decir: “Siempre voy a estar seguro”.

LJR: Entonces, ¿cómo reduces esos riesgos?

Grillo: Hay muchas maneras. Cuando estás en campo, es mejor ir acompañado. Por lo general es mala idea trabajar solo. Creo que para un grupo armado es psicológicamente más fácil desaparecer a una persona que a dos o tres.

También está el apoyo de fuentes que pueden ayudarte con protección en determinadas zonas. A veces puedes acudir a la policía local y preguntar: “¿Nos pueden acompañar a este lugar?”. En ocasiones aceptan y envían personal contigo.

Y también hay momentos en los que piensas: “Esto prefiero no publicarlo, porque si lo hago quizá ya no pueda seguir viviendo en México”.

LJR: Hay una expresión que lamentablemente aparece con frecuencia en nuestra cobertura en LJR: la autocensura. ¿Sientes que tienes que ejercer cierto grado de autocensura para mantenerte seguro?

Grillo: Sí, seguro. Sin duda alguna.

Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de las víctimas de la violencia contra periodistas han sido periodistas mexicanos. Es un hecho que, como periodista extranjero, estás en una posición relativamente más protegida. También hay diferencias entre un periodista reconocido de la Ciudad de México y alguien que trabaja para un periódico local en un pequeño municipio de Veracruz. Veracruz se ha convertido en un cementerio para periodistas.

Eso forma parte del cálculo de los grupos criminales. Pueden asesinar a un periodista local en Veracruz y enfrentar muy pocas consecuencias. En cambio, si matan a un periodista conocido de Ciudad de México o a un corresponsal extranjero con cierta trayectoria, la reacción puede ser mucho mayor. Puede generar mucha presión.

Pero inclusive al decir eso, no me quiero sentir inmune. Primero, porque puedes morir en medio del fuego cruzado de un enfrentamiento. Segundo, porque puedes encontrarte frente a un joven de 16 años con un AK-47.

No es que me sienta protegido por un escudo de invencibilidad. Pero la realidad es que la inmensa mayoría de las víctimas han sido periodistas mexicanos.

LJR: ¿Qué papel juegan los periodistas locales en tu trabajo?

Grillo: He trabajado con periodistas locales en prácticamente todos los estados de México, muchísimo en Sinaloa, Ciudad Juárez, Michoacán y Guerrero. Siempre les pago a los periodistas locales con los que colaboro y trato de conseguirles las mejores condiciones posibles. Siendo sincero, no habría podido moverme ni encontrar muchas de estas historias sin ellos.

Podría desarrollar mis propias redes de contactos, claro, pero los periodistas locales aceleran enormemente ese proceso. Recuerdo a un periodista de radio en un pueblo que de inmediato prácticamente me consiguió cien fuentes. En otra ocasión fui a Cuautla, Morelos, y trabajé con un periodista local que se movía por toda la ciudad en una cuatrimoto. Conocía literalmente a todo el mundo.

Gracias a él pude hablar con una persona que estaba siendo víctima de extorsión por parte de un cártel. ¿Cómo consigues que alguien te cuente algo así si no conoces a alguien que ya tiene su confianza?

Así que sí, dependo muchísimo del trabajo de los periodistas locales.

LJR: Las historias que reporteas y cuentas al mundo las produces en distintos formatos, a veces bajo tu propia marca, CrashOut Media, y otras para grandes medios. ¿Cómo te presentas cuando conoces a alguien que no sabe nada de tu trabajo?

Grillo: Simplemente digo que soy periodista. La siguiente pregunta suele ser: “¿Para quién trabajas?”. Entonces respondo que soy independiente.

Si la conversación sigue, explico que tengo mi propio boletín y que también colaboro con medios como The New York Times. A veces me he encontrado con que periodistas de planta ven por encima del hombro a los freelancers o a los periodistas independientes.

LJR: ¿Solo a veces? (Ríe) Eso está bien generoso de tu parte.

Grillo: Hay periodistas de planta extraordinarios y también periodistas independientes que han hecho trabajos impresionantes. Pero siempre existe esa necesidad de demostrar quién eres y lo que has logrado.

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Ioan Grillo reporteando dentro de una mina en Colombia en 2011. (Foto: Oliver Schmieg)

 

LJR: Un momento. Después de todos tus libros y del reconocimiento que has recibido —como por ejemplo el Premio Maria Moors Cabot en 2022—, ¿todavía sientes que tienes que demostrarle algo a alguien?

Grillo: A veces sí. Porque cuando conoces a alguien que no conoce tu trabajo, siempre sale esa pregunta que odio: “¿Con quién trabajas?”. Y cuando respondes: “Soy freelancer”, ves esa expresión vacía en su rostro. Percibes cierta actitud de menosprecio. Entonces sientes la necesidad de agregar: “He ganado tal premio” o “he publicado tal libro”. Lo mejor de ser periodista es estar en el terreno reportando. Pero también me encanta escribir y recibir retroalimentación de los lectores.

Todavía recuerdo a una enfermera que me escribió durante la pandemia de COVID-19. Me dijo que ver la serie documental Tiger King y leer El Narco la ayudó a sobrellevar ese periodo tan difícil.

Cuando produces una pieza periodística, estás creando algo que otra persona recibe. Y cuando alguien te dice que leyó tu trabajo y que le significó algo, es una sensación increíble.

A veces, en México, alguien se me acerca y me dice: “Oye, conozco tu trabajo”. Eso es muy satisfactorio. Pero tampoco deberías de construir toda tu personalidad o tu seguridad en ti mismo en entorno a ese tipo de reconocimiento.

LJR: Hubo al menos una persona muy conocida que expresó públicamente su admiración por tu trabajo: Rodrigo Duterte, expresidente de Filipinas, quien actualmente enfrenta acusaciones por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional. El año pasado escribiste en tu Substack que elogió Gangster Warlords, repartió ejemplares entre sus mandos militares y policiales e incluso, a través de su embajador en México, pidió reunirse contigo. Eventualmente compraste un boleto de avión y viajaste a Manila para entrevistarlo. ¿Cómo manejaste esa situación?

Grillo: Cuando finalmente llegó el día de la entrevista, fui al palacio presidencial y todo el mundo estaba tomando fotografías. Duterte había comprado una gran cantidad de ejemplares de mi libro, así que me sentía en una posición incómoda y comprometida. Luego hice la entrevista. Fue una conversación irreal. Terminó con él diciendo una frase algo así como: “Se siente bien matar a alguien, sobre todo si lo puedes hacerlo legalmente”.

Después tuve una experiencia periodística muy intensa en las Filipinas, pero me quedé con sentimientos encontrados. Creo que debí haber dejado de lado mis temores y publicar la historia en aquel momento.

LJR: ¿Cuáles eran esos temores?

Grillo: En ese entonces, me preocupaba que la gente interpretara mi trabajo como una defensa o una justificación de Duterte, alguien que hoy sabemos terminó enfrentando cargos ante la Corte Penal Internacional de La Haya.

LJR: Eso me llama la atención porque hace un rato mencionaste que no quieres reproducir inadvertidamente la propaganda de los cárteles. ¿Qué tan difícil es evitar eso en las historias que cubres?

Grillo: En el caso de Duterte, él estaba promoviendo mi libro. No era solamente una cuestión de cercanía personal, sino de ser percibido como alguien cercano a una figura acusada de asesinatos masivos.

Recuerdo que un amigo me dijo: “Deberías escribir un artículo denunciándolo”. Pero yo pensaba que la situación era más compleja que eso.

Duterte tenía un apoyo enorme entre la población filipina. Además, redujo significativamente el consumo de metanfetamina cristal, conocida allá como shabu.

Estos temas son complicados. Es algo parecido a lo que ocurre hoy con Nayib Bukele en El Salvador. Es extraordinariamente popular. Estos líderes populistas llegan al poder porque ofrecen resultados que son de beneficio para una parte importante de la población, sobre todo personas que se sienten excluidas de las élites culturales o políticas.

Buena parte del populismo consiste precisamente en apelar a quienes sienten que están fuera de esas élites.

LJR: ¿Cómo interpretas que un presidente al otro lado del mundo conectara de esa manera con tu trabajo?

Grillo: Porque la historia de México es una historia importante con implicaciones globales. Y no era solamente mi libro lo que Duterte estaba observando. También estaba viendo los acontecimientos que describía. El libro le daba un objeto físico que podía mostrar y decir: “No quiero que esto ocurra en Filipinas. Este es un ejemplo de hacia dónde podríamos dirigirnos”.

Pero incluso antes de Duterte ya podía ver que se venía una reacción política frente al problema del crimen. En Brasil apareció Jair Bolsonaro. En El Salvador, Nayib Bukele. En Ecuador, Daniel Noboa. Va a existir una reacción populista porque la delincuencia está afectando profundamente la vida de millones de personas.

Mi argumento para los sectores liberales es que debemos tomarnos en serio el problema de la inseguridad. No podemos ignorarlo ni limitarnos a decir que solo importa porque hay políticos que lo politizan. A la gente trabajadora y a las clases medias les preocupa este tema porque les afecta directamente.

Y reconocer eso no significa que yo apoye a Duterte o a Bukele. Lo que significa es que debemos entender la gravedad del problema. Porque, si no lo hacemos, seguiremos viendo respuestas políticas cada vez más fuertes frente a él.


Parte de Enviado Especial, una serie de entrevistas con corresponsales veteranos sobre el oficio del periodismo en América Latina.

Este texto fue traducido con ayuda de IA y revisado por Jorge Valencia 

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