Estos tres periodistas, de la ciudad más afectada por los sismos, vivieron pérdidas y traumas. Pero siguieron trabajando, decididos a contarle al mundo lo que ocurría a su alrededor.
Habían pasado cinco minutos de los dos terremotos que afectaron a Venezuela el 24 de junio(opens in new tab), cuando Juan Ernesto Páez-Pumar(opens in new tab) ya había mandado reportes de lo que veía a su alrededor.
Páez-Pumar, director de Diario 2001(opens in new tab), se encontraba ese día trabajando desde su casa en la ciudad de La Guaira, en el corazón de la región más afectada. Él y su familia lograron salir de la vivienda en los primeros segundos que el suelo y todo su mundo se empezó a sacudir.
“Uno vive una dualidad. El ciudadano, el ser humano, pero a la vez el periodista”, dijo Páez-Pumar a LatAm Journalism Review (LJR). “Sí hay dos deberes: uno con tu familia y otro con tu profesión”.

Periodista venezolano Juan Ernesto Páez-Pumar cubriendo en vivo para el Diario 2001 sobre los efectos de los terremotos en Venezuela. (Captura de pantalla IG)
Y es que Páez-Pumar, como muchos de sus compatriotas afectados por los sismos, se enfrentó además a la muerte de un familiar: su madre. El edificio en el que ella vivía se desplomó, y Páez-Pumar esperó 14 días para recuperar su cuerpo(opens in new tab).
Durante los días que esperó para recuperar el cuerpo de su madre, Páez-Pumar pasaba parte de la jornada en vigilia con los familiares de otras personas que vivían en el edificio y también entrevistándolos.
“Yo lo llamo un reality show del horror”, dijo Páez-Pumar. “En lo que aparecía un cadáver, una familia se iba. Eran como los eliminados del reality”.
El cuerpo de su madre fue el último en salir. Páez-Pumar, además, perdió a su cuñado y a su ciudad.
“Hay muchos dolores, uno sobre otro, es lo que yo he llamado ‘la tragedia continuada’”, dijo. “Y una tragedia continuada que no sabemos hasta dónde va a llegar”.
Al menos 12 periodistas murieron(opens in new tab) a causa de los terremotos, y al menos 46 más resultaron afectados(opens in new tab), según el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa (SNTP) de Venezuela.
Pero mientras el SNTP está recogiendo fondos para apoyar a periodistas y su oficio(opens in new tab), muchos de los sobrevivientes han sentido una responsabilidad de seguir reportando a pesar de sus crisis personales.
Nadeska Noriega Ávila(opens in new tab), periodista y coordinadora de corresponsales del medio digital El Pitazo(opens in new tab), vio cómo grietas rompían las paredes de su apartamento. En instantes que parecían eternos, pensó que ni ella, ni su esposo, ni sus tres hijos, ni su madre iban a sobrevivir.
Por fortuna no fue así. Esa noche durmieron en un estacionamiento con otros vecinos. Pero en los primeros días después, sin agua, gas y luz, y con el miedo de que su edificio se cayera, tuvo que “poner en orden” la casa mientras seguía reportando, le dijo Noriega a LJR. Esto incluía poner a sus hijos y madre en las casas de sus hermanas, que estaban seguras. Mientras tanto, el esposo de Noriega seguía en casa esperando noticias de su hermana y sobrino, a quienes todavía no han encontrado.
“¿Cómo enfrenta uno el trabajo? Así: con la familia dividida y con el corazón muy arrugado”, dijo Noriega. “Porque no es sólo un luto personal, es un luto de ciudad”.

Periodista venezolana Nadeska Noriega Ávila del medio El Pitazo. (Foto: Cortesía)
El estado de La Guaira, que hasta 2019 se llamó Vargas(opens in new tab), ha sido siempre el hogar de Noriega. En 1999, con 29 años y ya periodista, también sobrevivió a la que se conoce como “la tragedia de Vargas”(opens in new tab). El 15 de diciembre de 1999, lluvias sin precedentes provocaron inundaciones y aludes. Se calcula que hasta unas 30.000 personas murieron(opens in new tab).
Noriega perdió su casa, pero regresó al estado porque “este es mi lugar”, dijo.
“Aquí le decimos a las tristezas por amor, ‘guayabo’”, dijo Noriega. “Tenemos ahorita un guayabo horrible porque no son sólo edificios, no son sólo lugares, son referencias de tu memoria urbana que se van perdiendo completamente”.
La tragedia de Vargas marcó a la gente de La Guaira. Reynaldo Mozo(opens in new tab), periodista de Efecto Cocuyo(opens in new tab), tenía 9 años cuando la sobrevivió. Pasó tres días en la casa de unos vecinos esperando a ser rescatados. Después fueron llevados a un cuartel que sirvió de refugio para cientos de personas.
Él tiene marcado en su memoria cómo un reportero con poncho amarillo y cámaras llegó a ese cuartel a entrevistar a los sobrevivientes.
“Yo quiero ser como él”, pensó allí, dijo Mozo a LJR.
Vivió parte de su niñez en el Llano de Venezuela, una región tropical que se extiende por el centro y el oeste del país, pero regresó a La Guaira porque calculó que más cerca de Caracas podría ser periodista. Estaba en su apartamento de Caracas cuando llegaron los terremotos, y pasó varias horas enviando reportajes sin saber sobre su familia.
Hasta al día siguiente, y tras dormir en la intemperie por miedo a un derrumbe, pudo llegar a La Guaira para confirmar que su madre y abuela estaban bien. Sin embargo, dos primos no corrieron con la misma suerte. El cuerpo de uno de ellos fue rescatado siete días después.
“Ya yo estaba trabajando también pensando de qué forma íbamos a encontrar a mi primo”, dijo Mozo. “También era muy difícil trabajar, concentrarte en La Guaira y saber que tu familia estaba todavía allá. Cuando pude sacarlas [madre y abuela], me quedé más tranquilo”.
Su manera de reportar la actual tragedia(opens in new tab) fue moldeada por lo que vivió de niño. El lenguaje que usa y el respeto por los sobrevivientes son su principal característica. Mozo, dijo, evita la palabra “damnificado” para describir a las personas afectadas.

Un hombre en lo que quedó de la urbanización Hugo Chávez en Playa Grande al este del estado La Guaira (antes estado Vargas). (Foto: Nadeska Noriega)
“Esa palabra me marcó de niño porque me hacían bullying en el Llano porque yo venía de La Guaira, de una tragedia”, dijo. “La evito usar porque yo sé cómo se puede sentir un niño o una persona que ayer lo tenía todo, estaba cómodamente en su casa y que hoy ya se despierta en una carpa”.
Por eso Mozo se acerca a esos lugares entendiendo que la privacidad puede perderse, pero se debe respetar.
“El periodismo tiene que estar muy basado en esa parte más humana, que la gente pueda expresar lo que siente sin la necesidad de que tú parezcas un apuntador o un robot preguntando y preguntando y preguntando hasta que la persona se sienta mal”, dijo Mozo.
Sobrevivir a la tragedia también fue para Noriega un aprendizaje periodístico.
“En el 99 se cometieron muchos errores en cobertura [a la hora] de cubrir el dolor de las personas que perdieron familias completas. Todo eso te lleva a decir ‘¿qué sumó ese dolor a la parte informativa?’”, dijo Noriega quien ha tomado talleres sobre cobertura de emergencias.
“Si yo fui víctima y soy sobreviviente […] creo que tengo que darles a mis entrevistados el mismo respeto que yo pido”, concluyó.
El temor para los tres periodistas es que, con el paso de los días, Venezuela salga de la agenda informativa internacional. No quieren que pase como con la tragedia de Vargas.

El periodista venezolano Reynaldo Mozo Zambrano, del medio Efecto Cocuyo, cubre lo sucedido en La Guaira. (Foto: Cortesía)
Los periodistas también coinciden en otros dos puntos: exigir el cese de la censura(opens in new tab) y apoyo financiero a medios locales para seguir con el oficio.
“Las organizaciones vinculadas a nuestra labor tienen que ser enfáticas con exigir a los gobiernos — porque ya no es uno, sino también el gobierno de Estados Unidos que está tutelando a este gobierno — el cese inmediato a las amenazas, a los bloqueos, a toda esta situación que deriva en censura”, dijo Mozo.
Noriega agregó: “Venezuela sigue siendo un régimen que siempre desea silenciar y que siempre desea que la gente no hable o que los medios reporten. La mejor forma de ayudar es facilitando o dando recursos de cualquier especie a medios independientes […] que son quienes al final están dando la cara”.
Para Páez-Pumar, reportar mientras esperaba noticias de su madre también fue una manera de sobrellevar la tragedia.
Las vigilias y caminatas realizando reportajes le sirvieron para honrar la memoria de su madre y los valores que le inculcó: responsabilidad y honestidad.
“Me hizo bien porque no me terminé ahogando en una sola cosa, sino que estaba haciendo algo que consideraba útil, necesario”, dijo Páez-Pumar. “Y yo sé que ella estaba orgullosa de eso porque si había alguien que me inculcó esa responsabilidad y esa vocación, fue ella”.
*Este artículo fue actualizado para modificar la cifra de las víctimas estimadas de “la tragedia de Vargas” ocurrida en 1999.