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Un año después de sobrevivir a un ataque, periodistas haitianos enfrentan el abandono

Summary

Tres periodistas heridos de gravedad mientras cubrían una nota luchan por reconstruir sus vidas, con secuelas persistentes y un gobierno que, aseguran, los ha dejado en el olvido.

El 24 de diciembre de 2024, un grupo de periodistas acudió a cubrir la reapertura del Hospital de la Universidad Estatal de Haití, en Puerto Príncipe, convocados por el entonces ministro de Salud. Mientras esperaban el inicio del evento, sujetos armados abrieron fuego contra el lugar.

Dos reporteros, Marckendy Natoux y Jimmy Jean, murieron en el sitio, y otros siete resultaron heridos: Florise Desronvil, Vélondy Miracle, Jocelyn Justin y Réginald Balthazar con lesiones graves; y Robens Pétion, Jean-Jack Aspèges y Rosemond Vernet con heridas de menor consideración.

La crisis de seguridad y la inestabilidad en Haití se han agravado desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, lo cual ha permitido la expansión de bandas armadas que controlan amplias zonas de la capital y del país.

Para el periodista Fenel Pélissier, quien documentó de forma exhaustiva el ataque al hospital para el sitio de investigación independiente AyiboPost, esa fragilidad institucional se refleja en la ausencia de mecanismos formales de apoyo a víctimas. La respuesta del estado, afirmó, ha sido improvisada y sin garantías.

“El gobierno no se preocupa por la gente”, dijo Pélissier a LatAm Journalism Review (LJR).

Más de un año después del ataque, los periodistas heridos siguen intentando reconstruir sus vidas pese a la creciente inseguridad, la persistente inestabilidad política y social del país y lo que ellos llaman el abandono del Estado. Tres de ellos comparten cómo enfrentan hasta hoy las secuelas: entre tratamientos médicos inconclusos, trauma, y desempleo.

Velondie Miracle: siete disparos y múltiples duelos

La periodista Velondie Miracle sigue marcada por aquella fallida cobertura. No solo por las heridas físicas de los siete impactos de bala que recibió, sino por una recuperación incompleta, el desempleo y el abandono institucional que, asegura, han definido su vida desde entonces.

Haitian journalist Velondie Miracle poses during a reporting assignment.

La periodista Velondie Miracle dijo que aún sufre secuelas de sus lesiones. (Foto: Jean Feguens Regala)

Miracle, quien en ese momento trabajaba como fotoperiodista para la plataforma en línea Nouvèl 509, dijo que se ubicó cerca de la entrada principal del hospital para captar la llegada del entonces Ministro de Salud, Duckenson Lorthé Blema.

Mientras esperaba, agentes en un vehículo de la policía se acercaron e intercambiaron palabras con los reporteros cuando comenzaron los balazos.

“Recibí siete disparos: uno en la cabeza, uno cerca de la boca y cinco en la pierna izquierda”, dijo Miracle a (LJR).

Su recuperación ha sido fragmentada. Ella fue una de tres periodistas heridos que fueron trasladados a Cuba para recibir atención especializada, como parte de las gestiones de una comisión de ayuda.

De acuerdo con un informe de esa comisión un mes después del ataque, las autoridades haitianas se comprometieron a trasladar  a Cuba a los tres periodistas y a un oficial de policía. La Embajada de Haití en La Habana garantizaría que todo transcurriera sin contratiempos.

Miracle viajó a Cuba el 30 de enero de 2025. Ahí recibió atención médica adecuada, muy distinta a la que le proporcionaron en Haití.

“Después de a Dios, agradezco a los médicos cubanos, porque sin ellos probablemente habría muerto”, dijo.

Pero pese a los compromisos asumidos, la periodista dijo que el Ministerio de Salud no se ocupó del todo de su tratamiento. En ocasiones, dijo Miracle, tuvo que comprar sus medicamentos por sus propios medios, ya que el Ministerio no siempre le respondía a tiempo.

Mientras estuvo en Cuba, un miembro de una pandilla la extorsionó con amenazas de atacar su casa en Puerto Príncipe. La periodista no pudo pagar lo que pedían y seis días después, su casa fue incendiada con su hermano de 20 años dentro, quien no logró salir con vida, contó Miracle al medio Scripps News en mayo de 2025.

La periodista regresó a Haití en marzo de ese mismo año. De vuelta a su país y aún con secuelas de las heridas en una pierna, dijo.

“El Estado me ha abandonado. Ni siquiera tengo una casa donde quedarme. Tengo una hija de cinco años de la que soy tanto padre como madre”, dijo. “No tengo un lugar de residencia estable. A veces duermo en casa de amigos y, en otras ocasiones, cuando encuentro a alguien que me ayude, pago una noche de hotel para poder alojarme”.

Miracle dijo que necesita continuar el tratamiento de sus heridas y tomar terapia física. Una prima que reside en Argentina le ofreció apoyarla para recibir atención médica en ese país. Aunque dijo que el actual ministro de Salud, Sinal Bertrand, accedió a ayudarla a obtener una visa para poder viajar, no ha sabido de él desde entonces.

Miracle tiene claro que aún no está en condiciones de volver a trabajar, además de que ejercer el periodismo en su país es cada vez más difícil.

“Algunos periodistas se ven obligados a limitar sus desplazamientos o a practicar la autocensura para evitar riesgos”, dijo. “A pesar de todo, continúan haciendo su trabajo para informar a la población, a menudo con valentía y determinación”.

LJR solicitó comentarios del ministro de Salud y del Primer Ministro de Haití para este artículo, pero no obtuvo respuesta hasta el momento de la publicación.

Florise Desronvil: sobrevivir a la lluvia de balas

Más de un año después, Florise Desronvil todavía vive con secuelas físicas y emocionales del ataque al hospital. La violencia que sufrió aquel día no solo dejó cicatrices en su cuerpo, sino también en su vida profesional y personal.

Haitian journalist Florise Desronvil poses during a reporting assignment.

La periodista Florise Desronvil dijo sentirse abandonada por las autoridades que le prometieron ayuda. (Foto: Cortesía Florise Desronvil)

Desronvil atestiguó la muerte de sus colegas Natoux y Jean. Ella tuvo tiempo de alejarse de la lluvia de balas, aunque dos de ellas la alcanzaron, dijo tras el accidente a AyiboPost.

“Recibí un disparo en la cintura y otro debajo del omóplato izquierdo”, dijo Desronvil a LJR. “Para ser clara, no fue la policía quien nos disparó. Fueron los bandidos”.

A más de un año del incidente, todavía no es capaz de correr ni caminar por mucho tiempo. Y siempre que lo hace, debe hacer pausas constantemente, dijo. Pero, por encima de las secuelas físicas, el trauma emocional la sigue persiguiendo.

“Aún tengo miedo cuando escucho disparos”, dijo.

Desronvil fue otra de las víctimas trasladadas a Cuba bajo la promesa de protección del gobierno haitiano. Viajó el 30 de enero con una bala todavía alojada en su pelvis, que amenazaba con dejarla paralizada.

En Cuba fue operada y recibió atención, aunque limitada, dijo.

“La verdad es que Cuba me atendió bien, pero no tenían ciertos medicamentos; decían que solo el Estado de mi país podía proporcionármelos”, dijo Desronvil.

Tres semanas después de su llegada a Cuba, Desronvil y su colega Jocelyn Justin fueron desalojados del hospital, debido a la falta de pago de sus facturas médicas, de acuerdo con el medio NAM-HATI. Tras llamados de ayuda y presiones de la organización SOS Journalistes a las autoridades, pudieron continuar su tratamiento. Desronvil volvió a Haití el 15 de marzo de 2025, junto con su colega Velondie Miracle, según reportó en su momento SOS Journalistes.

Pero volvió solo para encontrar abandono y tragedia.

“Desde que dejé Cuba y regresé a Haití, el Estado de mi país me ha olvidado”, dijo. “Después del drama, mi vida quedó trastornada. Ni siquiera se han pagado las colegiaturas de mi hijo. El padre de mi hijo murió”.

La falta de empleo y recursos la ha dejado sin acceso a los medicamentos que necesita para recuperarse y enfrentar el dolor de las secuelas.

Desronvil dijo que perdió su trabajo en el medio digital Zantray Tout Koté apenas dos días después del ataque, y aunque ha intentado reintegrarse a la vida laboral, la precariedad y estigmatización de la profesión en Haití se lo han impedido.

“Como el gobierno nos llevó a Cuba, nuestros colegas piensan que tenemos dinero porque fuimos a Cuba”, dijo. “Esto me pone en una situación difícil”.

Al igual que su colegas, se siente abandonada por las autoridades que le prometieron ayuda.

“Estoy cansada de ir a verlos, de escribir a los ministros, de llamarlos, y que no se preocupen por mí”, dijo. “La situación de los periodistas en Haití es precaria. Nuestras vidas son como alquileres, con contratos no renovables”.

Jocelyn Justin: un infierno en tierra extranjera

Casi un año tuvo que pasar para que el periodista Jocelyn Justin fuera sometido a la cirugía que necesitaba para reconstruirle la mandíbula inferior, que quedó destrozada por un disparo que recibió en el ataque al hospital.

Haitian journalist Jocelyn Justin with a bandaged jaw lying in a hospital bed, next to an image of his skull CT scan.

El periodista Jocelyn Justin tuvo que esperar casi un año para someterse a una cirugía maxilofacial. (Foto: Cortesía Jocelyn Justin)

Esa lesión marcó el inicio de una larga y dolorosa recuperación que hasta el día de hoy no ha concluido. Pero también marcó el inicio de un largo peregrinar de súplicas de ayuda desde Cuba, a donde el periodista fue trasladado para recibir atención médica.

Actualmente, su situación se complica aún más por la situación política y social que atraviesa Cuba, a causa del endurecimiento de las sanciones del gobierno de Estados Unidos.

“El costo de vida en Cuba es altísimo y me cuesta mucho pagar los medicamentos, la comida e incluso el alquiler mensual”, dijo Justin a LJR. “De vez en cuando recibo pequeños apoyos de amigos, lo cual ayuda, pero la situación sigue siendo difícil”.

Justin fue operado de urgencia en Haití tras el ataque, y en enero de 2025, fue trasladado a Cuba junto con Miracle y Desronvil. A diferencia de éstas, quienes estuvieron cerca de mes y medio en la isla, Justin tuvo que quedarse porque su cirugía maxilofacial fue programada para julio de ese año.

En una habitación en Santiago de Cuba, Justin esperó la intervención entre dolor y complicaciones. Dijo que, sin explicaciones claras, los médicos cubanos lo remitían a las autoridades de su país cada vez que pedía ayuda.

Julio de 2025 llegó y la cirugía no se pudo realizar. En agosto, su salud empeoró: comenzó a sangrar por la boca y a despedir un olor fétido, según informó en su momento SOS Journalistes. El ministro de Salud dijo a LJR en octubre que para entregar fondos al periodista había que enviar a un emisario personalmente a Cuba, y eso se había dificultado.

Sin embargo, el funcionario aclaró que Justin había recibido apoyo económico en julio.

Luego de múltiples mensajes al ministro de Salud y hasta una carta desesperada al Primer Ministro de Haití, Alix Didier Fils Aimé, finalmente el 2 de diciembre -casi un año después del ataque-, Justin fue sometido a la cirugía, tras un pago de 4 mil 600 dólares del gobierno haitiano.

Aunque la cirugía resultó exitosa y médicamente su situación parece estar mejorando, dijo Justin, los cuidados postoperatorios y la recuperación han resultado un enorme reto. El cirujano le indicó dieta líquida y le prescribió medicamentos muy caros, los cuales no puede pagar, agregó.

El periodista dijo que debe volver al hospital en abril para que le coloquen una placa en la boca para volver a comer con normalidad. Una vez que los médicos le den luz verde, podrá volver a Haití, agregó.

Mientras ese momento llega, Justin debe encontrar la forma de sobrevivir. En febrero, hizo un nuevo llamado urgente a las autoridades haitianas para que le ayuden a cubrir sus gastos de vivienda, alimentación y atención médica. Sin embargo, la respuesta, dijo, ha sido nula.

“No tengo a nadie y estoy sufriendo mucho. No me quieren ayudar”, dijo. “Yo ahora soy como un niño chiquito. Ya tengo pena con la gente. Este sufrimiento y este dolor me está matando, ya no doy más”.

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