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¿Cómo es cubrir una "Mañanera" en México? 5 preguntas a la periodista Reyna Haydee Ramírez

“Usted polarizó a la sociedad, presidente”. “Usted aquí ha denostado, ha estigmatizado periodistas”. “Quisiera pedirle que no haya favoritismos, presidenta”.

Estas frases, pronunciadas desde el micrófono de las conferencias de prensa presidenciales, han convertido a Reyna Haydee Ramírez en una de las voces más incómodas y polémicas del periodismo mexicano.

Desde esas conferencias matutinas –las “Mañaneras” implementadas por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y retomadas por su sucesora, Claudia Sheinbaum–, Ramírez ha cuestionado públicamente temas de corrupción, violaciones a derechos humanos, censura y trato desigual a la prensa. Sus intervenciones han provocado respuestas tensas desde la máxima tribuna presidencial, descalificaciones directas y campañas de violencia digital, en un contexto marcado por la estigmatización del periodismo crítico desde el discurso oficial del régimen autodenominado Cuarta Transformación, o 4T.

Mexican independent journalist Reyna Haydee Ramírez.

Pero la confrontación con el poder no es algo nuevo para ella. Con más de 30 años de trayectoria, Reyna Haydee, como la llaman colegas y funcionarios públicamente, ha enfrentado amenazas, calumnias, bloqueos informativos y desplazamiento forzado bajo gobiernos de diferentes signos políticos.

Actualmente trabaja de forma independiente, colaborando con radios comunitarias y medios digitales enfocados en derechos humanos. En conversación con  LatAm Journalism Review (LJR), Reyna Haydee reflexionó sobre los costos de confrontar al poder y los retos que enfrenta hoy el periodismo independiente en México.

La entrevista ha sido editada para fines de extensión y claridad.

1. ¿Por qué decidiste cubrir las “Mañaneras” de López Obrador siendo periodista independiente?

Reyna Haydee Ramírez (RH). Yo decidí ir cuando vi que AMLO decía: "aquí va a haber libertad de expresión, todos los periodistas van a poder entrar, no va a haber censura". Y yo dije "¿será posible?". Entonces voy y me registro como independiente. Mi primera credencial –que por cierto se me perdió en un avión– decía "reportera independiente". Casi estoy 100 por ciento segura de que fui la única que se registró como reportera independiente. Ya después no me la hicieron así, nada más me dejaron “reportera”.

Con esa credencial empecé a ir. Yo me quedaba en las últimas filas, viendo cómo estaba todo el asunto. Cuando ya me sentí segura, le grité al presidente: "Hey, ¡acá atrás! No vea nada más los árboles, vea el bosque. Acá atrás hay también reporteros”. Y pues le llamó la atención y me dio la palabra.

Eran los primeros días [de su administración], la verdad es que sí había mucha libertad. Éramos muchísimos, no sé, 150 adentro, casi uno encima del otro. En ese momento no recuerdo qué fue lo primero que pregunté, pero sería algo de Sonora, que era de lo que yo tengo más conocimiento.

2. Luego, en varias ocasiones lo cuestionaste con temas de corrupción, de irregularidades laborales y de salud. ¿Qué consecuencias te trajo confrontar al presidente en Palacio Nacional?

RH. Yo veo “La Mañanera” como algo favorable, porque puedes intentar cuestionar al máximo poder del país desde ahí, desde esa tribuna. Pero también el expresidente implementó ahí una fórmula de ataques contra periodistas. Y era constante: difamación, calumnias, señalamientos para todos aquellos que opinaban distinto o que no opinaban a favor de su movimiento.

Pero también, las redes sociales es una de las formas que tenía para atacar a los periodistas, desde una bien estructurada red de gente que les ayuda a atacar a un periodista cuando no les gusta lo que dice, o lo que opina, o lo que publica. Ya sea con bots o con troles que contratan.

En tiempos de AMLO, todavía no terminaba “La Mañanera” y ya te estaban atacando. No sé cómo explicarlo, pero le conocíamos las miradas. Con alguna señal, con alguna palabra sabíamos que estaba diciendo: "Pueblo, atáquenla, porque esto que está diciendo no me gusta”.

El expresidente tenía algo que yo le llamo un grupo de choque, que cuando le empezaba a incomodar algo, ellos se activaban y empezaban a gritar “¡ya que se calle!”. Lo hacían principalmente contra mujeres, porque las mujeres eran las que más se atrevían a confrontar.

El primer ataque fuerte que yo recibo fue justamente cuando pregunté sobre [la huelga en la agencia estatal de noticias] Notimex. Empezaron a atacarme terriblemente. Fueron 15 días de zumbidos constantes de notificaciones [en mi teléfono]. Llegaban cosas muy fuertes, amenazas, calumnias, ataques sobre mi físico y cosas así. A lo largo de mis 30 años de carrera he vivido ataques y amenazas, pero en redes es algo distinto. Entonces sí tuve fue un impacto terrible porque no dormía, no comía.

Le dije al director de comunicación [de la Presidencia] que amenazas tan directas a mí nunca me habían llegado y que si algo me pasaba, era responsabilidad del presidente. Lo que hicieron ellos fue mandarme a la Fiscalía para que pusiera la denuncia. Esa denuncia se quedó guardada, nunca hubo un seguimiento. La policía cibernética nunca encontró de dónde provenían las amenazas.

Y de ahí en adelante, cualquier cosa que decía o preguntaba era el ataque constante de bots y de troles.

3. También has confrontado a la actual presidenta. ¿Cómo es “La Mañanera” con ella?

RH. La presidenta tiene otra estrategia. Yo veo que con la presidenta, casi el 80 por ciento [de los periodistas] son gente afín al sistema, para tener más control de la conferencia. Y no solo los medios y youtubers que nacieron con el expresidente, sino que ahora ya todos los medios del gobierno están ahí.

Empezaron con una tómbola [para decidir quién ocupa las primeras filas]. A mí se me hacía muy raro que yo nunca salía. Yo decía: “si soy bien buena para las rifas, ¿cómo es que no salgo?". Entonces empecé a documentar, a tomar fotos y video, y me di cuenta que “rasuraban” a la gente. Hubo periodistas que salían seleccionados y quitaban su papelito y ponían el de otros.

Yo le dije a la presidenta que la tómbola estaba amañada y que era una farsa. Finalmente quitaron la tómbola. Ahora ellos deciden quién se sienta en primera fila. El reglamento dice que los primeros que van llegando son los que ocupan primera y segunda fila. Pero yo llego a las 6 o 5 de la mañana, y ni así me toca en primera fila. Yo estoy vetada totalmente de la primera y la segunda fila. De repente tú ves la primera fila y son puros afines a la 4T. “Paleros”, como les llamo yo, porque en el estricto sentido, eso son.

Y hemos detectado también que se quiere tener un control. Ahora te preguntan “¿qué vas a preguntar?”, cuando eso no se hacía antes. Entonces digo yo, "si eso no es censura o va contra la libertad de expresión, pues entonces ¿qué es?".

4. La inseguridad para la prensa en México ha ido empeorando año con año. ¿Cómo has experimentado esa violencia en tu carrera?

RH. Si haces periodismo tratando de ser lo más objetiva posible, de encontrar la verdad y contarla lo más apegado a la realidad, el periodismo es de riesgo. Pero va variando el nivel de riesgo.

Yo, desde que empecé, hace 30 y tantos años, tuve ataques fuertes, por ejemplo de calumnias, difamación, de bloqueos de la información. Porque lo primero que hacen los políticos cuando empiezas a cuestionar es bloquearte. No te dan acceso al sistema, nadie te quiere dar entrevistas. Todos los gobernantes que han llegado a Sonora han pedido mi despido a los medios.

De ahí, desde simples cosas como que me multaban [en los eventos] incluso estando bien estacionada, hasta cosas más graves, como en alguna ocasión que vinieron a mi casa a decir: "nos denunciaron que aquí esconden migrantes e indocumentados". Y rodearon mi casa de policías. Tenían una patrulla vigilando mi casa.

De lo más fuerte fue en 2010, ahí sí fue un exilio, un desplazamiento forzado. Me tuvieron que sacar de Sonora como cinco años. Estuve en Baja California Sur casi todo el sexenio de [el exgobernador] Guillermo Padrés.

Y luego en 2018 pasa lo de la mina. Entramos seis periodistas a una mina en Caborca y ahí nos salió un grupo de sicarios encapuchados y con armas largas, y nos emboscaron. Y bueno, al final de cuentas, gracias a Dios, logramos salir de ahí. En esa ocasión, el CPJ, Reporteros sin Fronteras y Periodistas de a Pie atiborraron de llamadas bombardearon [con mensajes] de “¿dónde están?”

Lo que vino después fue un poco difícil porque la gobernadora [Claudia Pavlovich] nunca reconoció que hubo seis periodistas en riesgo. Y fue una de las razones por las que Periodistas de a Pie me ofreció sacarme nuevamente de Sonora.

Cuando el exilio es forzado, suceden muchísimas cosas. En la salud, en lo físico, en lo mental, en el trabajo diario. Yo era una reportera de 24 o 25 horas diarias y de repente, pues ya no. Es una cuestión de depresión, de sentirse sola, desvalida y de pensar “¿ahora qué voy a hacer?”.

5. ¿Cuáles crees que sean los principales retos este año para el periodismo independiente en México?

RH. Bueno, ya lo vimos el año pasado: la persecución judicial.

Me preocupa, porque los principales afectados son principalmente los periodistas de los estados, los que están en el terreno, porque no todos los conocen, no todos sacan la cara por ellos. Y lo estamos viendo en Puebla, en Campeche, en Veracruz.

Ya hay mucha autocensura también. Creo que la autocensura es algo que se gestó el año pasado y va a continuar, en el sentido de que simplemente no pregunto y me dedico a temas menos de riesgo.

Eso va a ser un gran reto para los periodistas porque es algo que inhibe también tu ejercicio, porque tienes que estar pensando “¿cómo me cuido de no caer en algo que los moleste?”.

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