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Periodismo mutante en América Latina: interactividad con la comunidad y cultura gamer

¿Qué es ser periodista hoy? Se pregunta Adriana Amado en su libro “Metáforas del Periodismo. Mutaciones y desafíos”. La investigadora de medios y comunicación, que participa en organizaciones dedicadas a la calidad de la información, trabajó durante 10 años en la investigación que se materializó en este reciente libro. En él indaga y analiza de manera profunda las frases célebres, lugares comunes y metáforas cristalizadas por más de un siglo sobre la profesión periodística: la metáfora del periodismo como cuarto poder, el mejor oficio del mundo, el investigador, la metáfora de la verdad y de la libertad de prensa. LatAm Journalism Review (LJR) entrevistó a Adriana Amado, quien nos contó cómo resignificó esas metáforas de acuerdo a los nuevos recursos y  limitaciones en América Latina, en un contexto de interactividad y cultura gamer, escenarios de un nuevo periodismo “mutante”.     

LJR: En el libro analizas las diferencias entre el periodismo de celebridad, aquel periodista que busca la aprobación de la mirada para lograr su estelaridad versus un periodismo de influencer, que es un gamer a la búsqueda de otro jugador para actuar. ¿Cómo es esa cultura del gamer aplicada al nuevo periodismo? 

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La escritora y periodista argentina Adriana Amado. (Foto: Alejandra López)

AA: Ser gamer es participar activamente de la conversación social, donde eres parte de la comunidad y la comunidad es parte de construir “información”. La mayor parte de las fuentes que yo consigo para entrevistar, las obtengo de mi participación en redes. Eso es jugar, eso es ir y volver. La diferencia del gamer con el espectador es que el primero participa de lo que está haciendo, da consejos del juego, enseña al resto de los participantes. Hoy hay muchas cuentas en las redes sociales, muy activas con personajes que tienen sus propios espectadores y a quienes les muestra sus gracias. Por ejemplo, el streamer español Ibai Llanos - con más de 12,5 millones de seguidores - opera con esa lógica de la reciprocidad con su gente. Existe entonces esa simetría de los juegos de participantes en la conversación digital. Y muchos periodistas, a pesar de estar en las redes, siguen pensando en la lógica de ser celebridades y que los demás estamos para verlos y a lo sumo felicitarlos por sus artículos. 

LJR: ¿De qué se trata el concepto de periodismo mutante que desarrollas en el libro? 

AA: El concepto de mutante lo tomé de Alessandro Baricco, en un libro del 2008 que muestra que los cambios tienen distintas formas de expresarse. La mayoría de los cambios sociales son muy graduales. Son necesarios largos periodos de tiempo para entender la adquisición de nuevos hábitos. La mutación hace pequeños cambios, sutiles que te convierten en otra persona. El periodista sigue siendo periodista, pero ya no es el mismo de antes. Ya no es más productor, no genera contenidos. Hoy, los contenidos sobran en todos lados y los produce cualquiera y en cualquier momento, hasta los mismos funcionarios públicos y políticos comparten sus novedades en sus cuentas de redes sociales. Pasamos a ser un curador, un gourmet que selecciona lo que le puede servir a una comunidad y lo canaliza, se lo presenta para que ésta pueda disfrutar esa propuesta. Grandes medios tienen suscriptores en sus comunidades. El New York Times, por ejemplo, tiene la comunidad de crucigramas. Y esa comunidad después le permite hacer esas grandes notas de fondo que leerá una pequeñísima porción de lectores. Entonces, lo que hay que pensar hoy en el periodismo es ¿cómo diversifico para responder a todas las necesidades sin perder a la comunidad que quiere leer periodismo de guerra? Hoy el periodista es como un curador de museo. ¿Los museos qué hacen? Tienen un acervo básico y cada tanto organizan exposiciones, juegos y actividades temporarias de modo tal de tener un museo más vital que encuentre nuevas formas de financiamiento y nuevos intereses. Muchos medios abrazan una sola cuestión y dicen: “Nosotros tenemos estas secciones y vamos a informar sólo sobre política internacional y deportes”. Y no se mueven de ahí para hablar con otras comunidades, otros públicos, otros intereses. La pregunta es: ¿eso es lo que espera la comunidad de lectores? Hoy tenemos la generosa posibilidad de ser líquidos, flexibles y adaptarnos al tiempo y al contenedor que nos toca estar. 

LJR: ¿Y en qué consiste la conversación con la comunidad de un medio que ya no es más audiencia? 

AA: Consisten en ampliar las voces, no tanto y sólo a la comunidad lectora sino a otras comunidades involucradas en el reportaje que estoy armando. Por ejemplo, hace poco empezaron las clases en las escuelas del cono sur y con ello, los problemas sindicales de los docentes. ¿Y qué reportan los periodistas? Entrevistan a los sindicatos y ministros de educación. ¿Y dónde está la comunidad educativa en las coberturas y reportajes? La comunidad educativa son todos: los niños, padres y madres, los negocios alrededor de las escuelas y en las noticias faltan esas fuentes. Esto tiene que ver con lo que nos enseñan en las facultades: no nos enseñan a encontrarnos con esa información, cómo buscarla, esas fuentes que ya están producidas. Supongamos que yo tuviera que hacer un reportaje y un análisis sobre corrupción y transparencia, empezar de cero me implicaría mucho trabajo y el reportaje vaya a saber cuándo lo terminaría. Pero si yo tengo herramientas que me permiten rastrear a quienes son las mejores fuentes: artículos científicos, técnicos, herramientas que me hagan a mí una persona activa en redes. Hacer periodismo desde la comunidad es un trabajo integral de competencias que hoy la mayoría de las facultades de comunicación y periodismo no enseñan. 

LJR: ¿Cuál es el debate ético más urgente hoy en nuestra profesión? 

AA: La ética tiene que ver con la calidad de información, y esta no la decide un comité interno de medios ni un comité profesional de periodistas, la calidad de la información es una construcción colectiva que tiene que ver con fuentes, lectores, informantes, periodistas. Hoy la corrección más efectiva se hace en tiempo real en las redes sociales. El periodista publica un error y hay alguien atento que dice “este dato no es así”. Hay medios que están aprovechando esa fuerza colectiva para incorporar esa corrección rápidamente y pedir disculpas, y así salen más fortalecidos del error. Ese es un ejemplo de ética colectiva y dinámica. Para ello, tienes que ser un medio receptivo y estar con los canales de escucha abiertos, tener una comunidad de lectores respetuosa y atenta. Si nos dedicamos sólo a “producir contenido”, obviamente no va a haber tiempo para construir tu comunidad. Lo que nos dice la ética gamer es que el 80% de tu tiempo lo lleva la construcción de comunidad. Y el 20% se dedica al juego o tutorial. La mayor cantidad de tiempo está en armar los vínculos. Y si resulta nutritivo y positivo, la comunidad te traerá información, aportará, te corregirá con cariño. Yo tengo comunidades de gente en las redes que no conozco personalmente y que me colaboran con mi investigación, me mandan fuentes. Y siempre lo que me sugieren y me comparten, es muy útil. 

LJR: De todas las metáforas asociadas al periodismo del siglo XIX y XX. ¿Cuál de todas es la más anclada en América Latina? ¿Y cómo podríamos resignificarla y superarla? 

AA: En nuestra región, la más anclada es la metáfora del periodismo de investigación. Es una metáfora que se venera mucho en América Latina y que lamentablemente no se puede desarrollar. No sólo por cuestiones materiales sino por cuestiones de seguridad. Muchos de nuestros periodistas no pueden realizar investigaciones porque corre riesgo su vida. Entonces, esa idea canonizada e idealizada del periodista que hace sus investigaciones - y que nos gusta tanto y está bien – nos obliga a preguntarnos: ¿es viable la investigación periodística en Latinoamérica? Sin abandonar su ideal que es necesario: ¿cómo podemos repensarlo para que no sea más un riesgo y sea favorable a buenos resultados? Yo creo que hay una solución posible para el periodismo de investigación que es la colaboración. O sea, la construcción de redes junto a centros de investigación y ONGs. 

LJR: En ese sentido, ¿cuál sería un ejemplo de periodismo colaborativo para efectivizar la investigación sin colocar en riesgo a nuestros periodistas? 

AA: Un ejemplo se evidencia en el campo de la investigación de medio ambiente. Muchas de las investigaciones iniciadas en esa área fueron lideradas por organizaciones no gubernamentales que han puesto sus esfuerzos y recursos, por diversos motivos, como mayor flexibilidad para conseguir financiamiento para investigaciones. Entonces, ¿por qué no establecer alianzas de construcción con esas organizaciones para investigaciones periodísticas? Cuando armas equipos de investigación lo suficientemente grandes como para diluir la responsabilidad, esa es una forma de preservar al periodista. Entonces, tenemos que replantear la imagen canonizada del “periodista de investigación” que era la de un periodismo de autor y de heroísmo, que aún hoy se venera. Tenemos que salir del periodismo de autor heroico e ir hacia el periodismo colaborativo junto a organizaciones. 

LJR: ¿Ese sería el “periodismo coral” que también mencionas en tu libro, como una forma asociativa de equipos de periodistas que colaboran entre sí? 

AA: Hoy tenemos un sistema muy enfocado en la firma del periodista X, a su protagonismo, a su celebridad. Y, sin embargo, en América Latina vemos proyectos que son muy vitales, firmados por muchos periodistas. En los premios, hay cada vez más periodistas de equipo. Son nuevas formas de trabajo para sortear las dificultades, para repartir esfuerzos e integrar conocimientos. El periodista no tiene que ser el que maneja todo: datos, fotos, texto… Y así se arman los grupos colaborativos, en red. Es importante detectar a personas de valor con ganas de colaborar y de compartir sus saberes. 

LJR: ¿Cuál es el rol prioritario del periodista en América Latina? 

AA: Lo que exponen estudios internacionales del Journalistic Performance y el Worlds of Journalism en relación a América Latina es que es un periodismo de argumentación y opinión. Esto tiene que ver con la limitación de investigar y producir cosas originales que partan de una línea cero de trabajo. Y eso está muy anclado en la tradición de periodismo político que hace América Latina. Cuando se concentra toda la performance en la opinión política, se deja el flanco débil para que un gobernante diga: “Ah, usted está queriendo ser opositor”. Y el rol de “opositor” tampoco le corresponde al periodista. 

LJR: Otro de los puntos sobre el nuevo periodismo que refieres es la formación académica. Hoy la grilla de materias es muy diferente a la del siglo XX. Y esto está muy atravesado por “un fetichismo tecnológico” que hoy encasilla al periodismo digital, audiovisual, radial, escrito, producción. ¿Qué podríamos aportar a una nueva enseñanza académica? 

AA: En Latinoamérica las facultades de periodismo, en gran parte, son de historia de la comunicación y no de periodismo. Les dan historia de la cultura, sociología, pero no se hace periodismo que es una carrera técnica y no teórica. Entonces, uno se encuentra con periodistas que hacen análisis textuales y argumentativos y, nuevamente, caen en la trampa de ser exégetas del poder, cuando en realidad deberían ser proveedores de servicio a su comunidad. Yo soy muy defensora del rol de servicio de los periodistas, desde el deporte, la vida pública, el consumo, la salud. Son temas considerados marginales y que ni siquiera se enseñan en las universidades. Falta contenido en cuanto al servicio público que debe prestar el periodista. 

LJR: ¿Qué elementos de análisis nos hace falta en la región?

AA: No tenemos formación en estadística ni manejo de datos. Nuestras universidades latinoamericanas aborrecen las metodologías cuantitativas, entonces pasa que de pronto aparece la pandemia y hay que hacer análisis de poblaciones afectadas y el periodismo no lo puede hacer. Creo que tiene que haber una currícula de estudios del rol que se quiere para el periodismo en cuanto a su lugar como servicio a la comunidad. Y cuando tú analizas lo “público”, la forma más verificable de hacerlo es desde la lógica documental y de datos. Caso contrario, terminamos en lo que ya hacemos: analizando declaraciones y textos. No tenemos que dejar de analizarlos, pero también precisamos verificar datos, proyecciones y sacar promedios. Vivimos en países en donde la inflación es un flagelo, el periodista no entiende la proyección matemática de la inflación. Nos deja muy desguarnecidos. Entonces somos periodistas sumamente cultos, pero no sabemos hacer un promedio. Hace poco tiempo, junto a ADEPA, (Asociación de Empresas Periodísticas Argentinas), hicimos un estudio de 16 países sobre el impacto del COVID en Latinoamérica. La principal limitación que nos encontramos en la investigación fue que ninguno de los 16 países tenía las estadísticas comparativas de datos como los periodistas muertos por COVID. Si la universidad no es capaz de acompañar las denuncias de los periodistas, las amenazas que reciben, las razones de fallecimiento, yo me pregunto: ¿qué estamos investigando? El análisis de los datos verificables nos da información que puede generar incidencia y cambiar las políticas públicas. 

LJR: ¿Cómo el periodismo puede ayudar a mantener el sistema democrático y el sistema político?  

AA: Es muy simple: nuestra obligación democrática como periodistas es defender y valorar nuestra información. Nos hemos pasado muchos años hablando de fake news y de que todos mienten. Y lo que generamos son mayores grados de escepticismo en la sociedad. Si las personas que nos dedicamos a la información, le estamos diciendo a la gente “no le creas a nadie” y, claro, la gente para qué le va a dedicar tiempo a algo que sabe que es mentira o que sospecha que es mentira. Entonces, tenemos la obligación urgente de volver a construir la confianza en la información. Para eso tenemos que trabajar más en la información de calidad que en la desinformación. Con eso, le estamos haciendo un aporte inmenso a la democracia. Nosotros nos dedicamos a la información, hagámosla bien y que la sociedad recupere el valor de la información. De nada vale sentarse en congresos de periodistas para decir que la información es un pilar de la democracia, si luego salimos en las redes a decir que “tal cosa es fake news y que desinforma”. Entonces, ¿a qué nos dedicamos? Construyamos y dejemos de mirar todo el tiempo lo que los otros hacen mal porque la sociedad necesita que le aportemos cosas de calidad. La gente no necesita un reporte de lo que no tiene que leer. La gente necesita buena información y confiable para leer.

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Soledad Domínguez es periodista en derechos humanos, equidad racial e innovación en el periodismo, desde Argentina y Brasil. 

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