El periodismo cultural ha sido fundamental para el proyecto periodístico de Jennifer Ávila, cofundadora y directora del medio digital hondureño Contracorriente. Está convencida de que éste es un “respiro” para las audiencias en medio del “agobio” de las malas noticias que se propagan por el mundo, le dijo a LatAm Journalism Review (LJR).
Sin embargo, no se trata de negar una realidad. Si algo, Contracorriente se ha caracterizado por sus denuncias e historias sobre violaciones de derechos humanos, exilio, corrupción, represión, etc. Sin embargo, también busca ofrecer un espacio creativo donde la audiencia pueda participar.
“Nuestra concepción es darle respiro a la gente, pero también darle un poco de esperanza”, dijo Ávila. “Sí hay historias duras, hay heridas de las que tenemos que hablar, pero incluso hablarlas desde la honestidad, hablarlas desde el corazón”.
La sección cultural del medio, Contracultura, se creó con ese propósito. Este proyecto reúne a escritores de Honduras y Centroamérica para contar las historias de la región desde una perspectiva diferente.
Durante estos nueve años, más de 50 autores han contado la región a través del cómic, ilustraciones, crónicas, cuentos, poesías y muchas otras formas.
Desde el inicio, dijo Ávila, desde este espacio han contado las historias de las comunidades de una manera más diversa y que demuestra los cambios culturales que viven en Honduras y en la región.
Es tal el impacto de Contracultura, que Ávila cree que una parte de su audiencia y colaboradores están más vinculados a la cultura que a Contracorriente en general. No fue raro entonces que decidieran que el primer producto impreso del medio fuera precisamente Contracultura, una revista cultural centroamericana.
La idea estuvo en su mente desde 2024 y se fue afianzando en espacios como el Festival Centroamérica Cuenta, creado por el escritor y periodista nicaragüense Sergio Ramírez. Ávila dijo que con Ramírez y otras personas del festival hablaban de la falta que hacía una revista en papel para la región.

Primera portada de la revista Contracultura.
“Realmente lo que en este momento estamos necesitando más es un producto cultural que nos cuente Centroamérica, desde el dolor, pero también desde la esperanza y desde la creatividad de la gente de esta región”, dijo Ávila.
La idea se tornó en realidad en julio de 2025 cuando salió impresa la primera edición de la revista. El pasado 27 de febrero, ésta fue anunciada como la ganadora del Premio Rey de España en la categoría “periodismo cultural”.
“El jurado coincidió en poner en valor la decisión de publicar en un formato, el papel, denostado en la era de la inteligencia artificial y alabó la diversidad de temas y expresiones artísticas”, publicó la agencia EFE, que organiza los premios junto a la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Además de valorar el salto a papel, el jurado también destacó el proyecto por “aportar a la sociedad una ventana cultural a Centroamérica”.
“Aquí en el equipo fue una locura”, le dijo a LJR Persy Cabrera, coordinador de contenidos de Contracultura, sobre recibir el premio. La parte monetaria del premio (10.000 euros), dijo, les asegura la segunda edición de la revista.
Aunque el plan es que la revista sea semestral, la segunda de 2025 se vio frenada por las elecciones de Honduras que tomó tiempo de todo el equipo de Contracorriente, explicó Cabrera.
Pero más allá del dinero, el premio valida el trabajo hecho desde Contracorriente y les abre espacios de participación.
“Mucha gente ha podido saber que hay una un grupo de personas de un medio independiente liderado por mujeres en Centroamérica que se sumaron a esta locura de hacer y de tener una revista en papel sobre Centroamérica”, dijo Cabrera.
La impresión de la primera edición y las que viene será de 400 ejemplares, y circula en cinco librerías de dos países: Honduras y Guatemala. El costo del ejemplar oscila en los US $12, y además de donaciones y premios como el recibido, gran parte de su financiación viene de publicidad.
“No es fácil, pero debo decir que es más posible la venta de publicidad en un producto cultural que en el periodismo independiente”, dijo Ávila, quien agregó que en abril se publicará la segunda edición y una tercera antes de terminar 2026.
Inspirada en revistas como Pikara Magazine, Altair, la extinta Etiqueta Negra e incluso The New Yorker (a pesar de no ser cultural), Ávila quiere que Contracultura se convierta en un artículo coleccionable, pero sobre todo que invoque la identidad cultural.
El exilio común en varios países de Centroamérica, dijo, ha roto precisamente con las raíces propias de cada persona: un aspecto que ella considera clave para la cultura.
“La dictadura vuelve completamente seca la tierra que antes era fértil para el arte. Si no hay artistas creando, si no hay gente contando, imaginando cosas, creando historias de ficción, creando poesía, es un ambiente árido para el periodismo cultural”, dijo Ávila.
En la primera edición se cuentan las historias como la de Monroy y Surmenage, una banda que el régimen de Nicaragua desterró luego de cantar sobre la revolución; un artículo sobre cómo el presidente salvadoreño Nayib Bukele busca controlar todo hasta los espacios culturales; un cómic sobre cómo es crecer como persona queer en una zona militarizada; poesía en honor a un líder ambientalista asesinado y conversaciones con los escritores Sergio Ramírez y Horacio Castellanos Moya.

Persy Cabrera, coordinador de contenido de la revista Contracultura, con Ámbar Nicte, ilustradora hondureña que participa en la revista, durante una presentación de la revista en la librería Sophos en Ciudad de Guatemala. (Foto: Cortesía Contracorriente)
Pero Contracultura busca crear espacios más allá de las páginas de su revista. Con el Contracorriente Fest, un festival de periodismo y arte, logran conseguir espacios de financiación y de aprendizaje. Además, desde Contracultura han desarrollado laboratorios culturales que además han sido culinarios, dijo Cabrera.
Uno giró alrededor de la sopa de machuca, tradicional del pueblo garífuna de Honduras. Dos mujeres del pueblo hablaron sobre la comida y su tradicionales, al tiempo que preparaba la comida para la audiencia. El segundo laboratorio fue sobre la baleada, una comida insignia de Honduras creada en la huelga de trabajadores de 1954. Allí tuvieron como invitado un líder de la huelga además de preparar baleada.
Claudia Neira Bermúdez, directora del Festival Centroamérica Cuenta, cree que en efecto producir periodismo cultural en la región es un reto.Sin embargo, ejercicios como los que hace Contracorriente, demuestran que este periodismo “está teniendo buenas raíces”, le dijo a LJR.
“Nos permite sobre todo seguir desafiando el canon establecido en el que Centroamérica tiene que ser siempre esa cinturita delgadita del continente y no poder comenzar a desarrollar músculo para poder estar en otras ligas”, dijo Neira.
Así como Ávila, Neira cree que el exilio ha marcado también el periodismo cultural de la región. El mismo festival que ella dirige se ha convertido en uno itinerante desde 2018 cuando las condiciones en Nicaragua no lo permitieron hacer más. Sin embargo, para Neira el mismo exilio ofrece oportunidades de hacer otros tipos de culturas y por ende, otro tipo de periodismo.
“Estamos creando nuevos territorios en torno a la palabra y en torno a la cultura y eso es realmente hermoso”, dijo Neira. “La Nicaragua que yo recuerdo es una Nicaragua que hoy no existe, porque es una Nicaragua que está hecha por la gente que ahí vivíamos en un momento determinado. Pero estamos haciendo otras Nicaraguas y otras ‘Centroaméricas’ a donde quiera que vayamos”.
Por eso cree que Contracultura es una revista que se necesitaba en la región.
“Nosotros no podemos seguir contándonos como países, porque Centroamérica es mucho más que un país”, dijo Neira. “Y [Contracultura] está siendo pionera y sobre todo instalando otras narrativas centroamericanas”.