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La narco-guerra se intensifica y asesina al periodismo en México, asegura Fundación MEPI

  • Por Guest
  • 22 noviembre, 2012

Por Ana Arana y Daniela Guazo, Fundación MEPI

El siguiente texto es un fragmento de la nota original de las autoras. Para leer el artículo completo, visite el sitio de la organización de periodismo investigativo, Fundación MEPI.

El reloj marcaba 38 minutos del primer tiempo, del partido Santos contra Monarcas, en el estadio Territorio Santos Modelo, a 442 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, cuando los jugadores dejaron de perseguir el balón y corrieron hacia los vestidores. Había una balacera. El sonido de las balas interrumpió a los cronistas. Millones de espectadores mexicanos frente a la televisión observaron cómo se desarrollaba un enfrentamiento entre uno de los carteles más sanguinarios de México y la policía municipal de la ciudad industrial de Torreón, Coahuila.

La cámara mostró a niños, ancianos, mujeres y hombres aterrorizados, escondidos debajo de los asientos. Televisión Azteca detuvo la transmisión. Pero el canal internacional ESPN siguió al aire, rompiendo su record mundial de audiencia en un juego de futbol local.

Por primera vez la violencia relacionada con el narcotráfico se mezclaba con el deporte tradicional por excelencia en México. Pero esas agresiones también se viven dentro de los medios regionales mexicanos: grupos criminales continúan amenazándolos cuando reportan sobre la guerra contra el narcotráfico en el país, que ya suma más de 60 mil muertos desde que el Presidente saliente, Felipe Calderón Hinojosa, tomó posesión en 2006.

Las amenazas y un vacío de información oficial complican el trabajo de los reporteros, de acuerdo con una investigación sobre autocensura en la prensa regional realizada por Fundación MEPI, una organización de periodismo de investigación basada en la Ciudad de México.

En la redacción del periódico regional El Siglo de Torreón los editores y reporteros debatieron la noticia. Entendían su importancia, pero dudaban sobre publicar las fotos en primera plana. La balacera había sido entre el grupo criminal Los Zetas y un contingente de la policía municipal destacado cerca del estadio.

"Sabíamos que si las publicábamos (las fotos) íbamos a incurrir en mucho peligro", dijo Javier Garza, director editorial del diario. Su preocupación estaba fundamentada. Desde 2009, las oficinas del diario han sido atacadas en dos ocasiones por hombres armados. Los periodistas de El Siglo han recibido amenazas y advertencias de criminales a los que disgusta su cobertura sobre narcotráfico y violencia.

México fue el país más peligroso del mundo para un reportero en 2011, según el Instituto Internacional de la Prensa (IPI). Diez periodistas fueron asesinados el año pasado y la tendencia continúa en 2012. El miedo constante de ser blanco de represalias del crimen organizado ha profundizado el sentido de autocensura en los medios regionales mexicanos, de acuerdo con la investigación de MEPI.

En dicha investigación, que duró seis meses, se monitorearon periódicos en 14 de los 31 estados de la República Mexicana, como continuación de otro estudio realizado por MEPI en 2010. Este nuevo trabajo buscó medir cómo los contenidos de las publicaciones de esos estados, ubicados en el centro y norte del país, fueron impactados por la violencia. Se encontró que la cobertura sobre crimen organizado de estos medios regionales aumentó más del 100 por ciento en 2011 en comparación con el estudio de 2010. Las nuevas cifras indican que 7 de cada 10 historias publicadas eran sobre incidentes relacionados con el crimen organizado en tales estados. Aun así, únicamente dos de los periódicos que MEPI monitoreó —El Norte en Monterrey y El Informador en Guadalajara—contextualizaron la violencia, identificaron a las víctimas y dando seguimiento a las historias.

La nota sobre la balacera en el estadio apareció en primera plana al día siguiente. Sin embargo, El Siglo no explicó las razones del enfrentamiento entre Zetas y policías, ciñéndose así a sus políticas editoriales. Los editores saben que los criminales leen sus páginas para conocer cómo aluden a sus organizaciones e intentan no provocarlos.

Haga clic aquí para leer la versión completa de esta nota y consultar los gráficos interactivos de la Fundación MEPI sobre la relación entre los estados mexicanos y la cobertura del crimen organizado.

Nota del editor: Esta historia fue publicada originalmente en el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight, el predecesor de LatAm Journalism Review.

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