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Medio mexicano conquista audiencia al explicar temas complejos en comunicación gráfica inteligente y divertida

Este artículo es parte de una serie sobre Periodismo Innovador en América Latina y el Caribe.(*)


Cuando Eduardo Salles cofundó Pictoline a finales de 2015, no estaba intentando explicar el mundo con “dibujitos”. El reto que se planteó fue usar el diseño como herramienta para convertir la información en algo relevante y entendible para toda la gente.

Salles, un excreativo de la publicidad originario de la Ciudad de México, de 29 años, cree fervientemente que si la sociedad en México y Latinoamérica está desinformada no es por ignorancia o desinterés, como generalmente se cree, sino porque la información no es presentada de la forma correcta.

“Esa filosofía viene un poco de mi trauma con la escuela. Muchos estudiantes no entienden las cosas, no porque sean tontos, sino porque no les supieron explicar bien los temas. Tienes una sociedad que crece creyendo que es idiota porque [los maestros] nunca le supieron explicar bien las cosas”, dijo Salles al Centro Knight para el Periodismo en las Américas.

“Ese fenómeno también ocurre en la sociedad. Se habla de temas complejos como inflación, política [… ]y la gente dice ‘no le entiendo, debe ser que yo soy tonto, entonces mejor vamos a ver memes y gatitos’. Creemos que no entienden porque no les importa y es porque no estamos hablando en el idioma y la forma como ellos lo consumen”.

Pictoline, en palabras de su cofundador y director, es una empresa de diseño de información que, a través de ilustraciones, infografías y viñetas publicadas en redes sociales, explica las noticias del día, teorías científicas o fenómenos internacionales.

Su éxito casi inmediato ha llevado a Pictoline a acumular 2.5 millones de seguidores en redes sociales, así como a ganar reconocimientos internacionales como los premios de la World Association of Newspapers and News Publishers (WAN-IFRA) Mejor Proyecto de Visualización de Datos y Mejor Fidelización de Audiencia. Pictoline se llevó este último reconocimiento tanto en los Digital Media Awards de WAN-IFRA en Latinoamérica como en los Digital Media Awards a nivel mundial.

Salles atribuye ese éxito al gran poder que tiene el diseño usado de manera correcta.

“Cuando las cosas están mal diseñadas el ser humano cree que es su culpa. Como el ejemplo de la puerta: la empujas cuando deberías jalarla, y piensas ‘qué tonto soy’. Pero no, una puerta no tendría que tener ese problema de ‘pull’ y ‘push’,” dijo.

Salles agregó: “Los problemas que hay en el diseño industrial o en el diseño del espacio público también están presentes en el diseño de la información. Damos por hecho que está bien diseñado porque siempre ha sido así y queremos que la gente lo lea. [En Pictoline] Creemos que necesitamos rediseñar la experiencia para que sea más interesante y más sencillo para el usuario consumir la información”.

Pictoline está formada por un equipo de 12 personas entre diseñadores, editores, brand-managers y programadores, quienes trabajan en una única oficina en la Colonia Roma, uno de los barrios más tradicionales en la Ciudad de México.

Cada ilustración – o “bacon”, como se refiere a ellas el equipo de Pictoline, en alusión al cerdo que tienen por logotipo – es producida tras un proceso creativo que comienza con una reunión editorial en la que se revisa la información del día y se mencionan propuestas de otros temas, con o sin coyuntura periodística.

Tras decidir un contenido, los creativos determinan cuál es el estatus de ese tema entre la gente: si ya es del conocimiento popular, si hay desinformación o si se requiere de más contexto para poder ser entendido plenamente.

“Es importante entender la situación de la información en ese momento. Lanzar la información por lanzarla es el viejo método”, explicó Salles. “Hoy en día hay tanta sobreproducción de información que necesitas dar un paso atrás y pensar qué es lo que la gente necesita entender de esta información. Una vez que tenemos eso, empezamos a bajar las ideas de cómo podemos hacerlo, cómo podemos diseñarlo.”

Como un control de calidad extra, antes de publicar cada “bacon”, Pictoline consulta a especialistas externos que van desde físicos, matemáticos, economistas o politólogos, quienes revisan el producto para avalar su precisión. El proceso para crear cada ilustración puede ser de un par de horas hasta varios días, según la naturaleza de la información y su complejidad.

Para llevar Pictoline a la realidad, Eduardo Salles presentó su idea a Gustavo Guzmán, inversionista de medios en México como Editorial Sexto Piso y el periódico Máspormás, quien creyó en el proyecto y decidió invertir en él.

Los resultados esperados se dieron y, a poco más de un año de iniciar, el proyecto comienza a rendir sus primeros frutos. Aunque para asegurar su supervivencia, Pictoline tiene planeado explorar nuevos modelos de negocio este 2017.

Cada "bacon" pasa un proceso creativo que puede llevar desde dos horas hasta varios días.

Uno de ellos es el de la publicidad, pero no en la forma forzada e invasiva en la que ésta se presenta la mayoría de las veces en internet. Pictoline buscará probar con un modelo de publicidad nativa que encaje naturalmente con sus creaciones y que aporte algo de utilidad al lector.

“Siento que la publicidad está conceptualizada como una comunicación para molestar a la gente: te abren el pop-up, el banner, se abre la nota turbofalsa[…] Pareciera que es sinónimo de molestia. Nosotros no queremos ir por ese modelo, porque no le sirve al usuario, no le sirve al medio y no le sirve al anunciante”, dijo Salles. “Si una marca quiere anunciarse con Pictoline tiene que ofrecer lo que ofrece Pictoline, que es información. Debemos enseñarle a las marcas cómo la información que ellos tienen puede ser útil para la gente, y no sólo una información que busca vender. Cuando eres útil es cuando te vuelves necesario. Ya no es una publicidad invasiva, ya es una publicidad en la cual tú le ofreces algo al usuario. No simplemente le estás exigiendo que te compre.”

Además de la publicidad, Pictoline buscará aplicar su estrategia y creatividad en otros rubros, más allá de los medios e internet, y hacer un negocio de ello. Y las primeras vertientes que tienen en mente son la educación y la comunicación organizacional.

“Hemos desarrollado una teoría y herramientas que nos permiten tomar información, diseñarla y volverla fácil de entender, relevante y fácil de compartir. Nuestro concepto es el diseño de la información. Todo el know-how que estamos desarrollando es un activo que se puede aplicar a otros sectores, como la educación”, explicó Salles. “Si ves a Pictoline como una empresa del diseño de la información con varias vertientes, los modelos de negocio ya no sólo se basan en medios, sino en un espectro más amplio”.

Los primeros días de este año, la start-up hizo su primera aproximación al ámbito cultural, al lanzar una serie de “bacons” a modo de un club de lectura, en el que cada semana recomendarán un libro a través de una pieza gráfica sobre un concepto de ese libro.

En un país cuyos habitantes sólo leen en promedio 3.8 libros al año, según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística de México (INEGI), un club de lectura parecería un proyecto poco prometedor. Sin embargo, Salles cree que la clave está en cómo motivar a la gente a leer.

“Queremos que la gente vea un tema y quiera leer ese libro. La gente no es perezosa ni estúpida. Todo eso son clichés que nos han ido metiendo para creerlos. Más bien, no se ha diseñado la manera en que se puedan interesar en estas cosas”, señaló. “En la escuela, no tiene la culpa el niño sino que el libro está diseñado de una forma que lo hace totalmente aburrido y tedioso. ¿Cómo podemos rediseñar esa información para que el niño encuentre la física, la química, la mecatrónica interesante y no como algo horrible?”.

El alcance de Pictoline ha traspasado las fronteras, principalmente a través de su colaboración con The New York Times, medio que publica en su versión en español piezas gráficas desarrolladas a partir de sus propios reportajes. Además, en conjunto con Unicef, Pictoline lanzó una serie de stickers cuya venta fue destinada a ayudar a niños en Siria.

Con Unicef, Pictoline lanzó una serie de stickers para apoyar a niños sirios.

Además, sus piezas se han popularizado tanto en América Latina que para este 2017 planean lanzar la versión de Pictoline en portugués, para abarcar el mercado brasileño. Y no descartan más adelante abrir oficinas o colaboraciones en otros países de la región.

Pero la verdadera internacionalización de Pictoline se ha dado gracias a que sus ilustraciones son compartidas, reproducidas y a veces hasta modificadas en todo el mundo, muchas veces sin el crédito correspondiente. Sin embargo, el plagio –uno de los problemas más comunes en internet– no es algo que preocupe al equipo de Pictoline.

“Obviamente ocurre, pero creo que es parte natural del internet y de lo que hace al internet un ecosistema tan vivo. Esa capacidad de ‘robar’, remixear, parodiar, de agarrar una imagen y volverla un meme… hace al internet un organismo muy vivo. Conceptos como el plagio me parecen totalmente obsoletos en el contexto actual. Son valores éticos del siglo 20 en el siglo 21. Primero está la información y luego está el medio,” dijo Salles.“A mí no me importa que la gente sepa que una imagen es de Pictoline. Si lo saben, está genial porque te da un renombre, pero a mí me importa que la información llegue. Si la robaron, la modificaron, no importa. Si la información está llegando, estamos bien”.

Lo que realmente es un problema en internet, considera el cofundador de Pictoline, es el pánico y la desorientación que ha causado en los medios la rapidez con la que cambia la tecnología. Esto es algo que, en opinión de Salles, hace que los medios adopten las nuevas herramientas y formatos sin analizar a profundidad si eso es realmente lo que necesita su audiencia.

“Yo creo que hay una especie de pánico. Los medios tratan de emular todos los formatos que van saliendo, como hace unos años, cuando todos los medios se ‘buzzfeedizaron’, cuando fue el boom de las listas, todos lo hicieron. Están confundiendo un formato con el pensamiento que originó ese formato,” dijo.

Según Salles, para realmente subirse al tren de la innovación, los medios deben recular y analizar qué está ocurriendo, cómo su audiencia está consumiendo la información, cuál es su visión del mundo, qué necesitan y, a partir de ahí, diseñar algo que pueda satisfacer esas necesidades.

“La innovación tiene que ver con entender cuál es el problema actual y analizar la forma de solucionarlo. La mayoría de los medios no se están preguntando cuál es el problema, sino simplemente copian lo que tiene éxito, ya sean videos cortitos con texto, infografías […] Se suben a una ola, luego a otra, pero sin entenderlo”, puntualizó.


(*) Este artículo es parte de un proyecto especial del Centro Knight que es posible gracias al generoso apoyo de Open Society Foundations. La serie "Periodismo Innovador" trata sobre tendencias y mejores prácticas de medios informativos digitales en América Latina y el Caribe.

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Nota del editor: Esta historia fue publicada originalmente en el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight, el predecesor de LatAm Journalism Review.

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