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Profesores de comunicación peruanos crean reportaje multimedia que narra historias de indigentes que encontraron refugio durante la pandemia en una plaza de toros 

Con un podcast, un libro en prosa de crónica con fotografías muy bien cuidadas y un documental corto en español con versión en inglés, la casa editorial de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) intenta retratar la dignidad de once hombres al narrar sus historias.

Casa de Todos, UPC project

Equipo del proyecto Casa de Todos de la UPC, de izq. a der.: José Vidal, Carlos Fuller, Luis Cáceres, Úrsula Freundt-Thurne y Franz Krajnik. (Cortesía)

El proyecto “Casa de Todos: rostros de la calle en Plaza de Acho”, se planificó y realizó en 2020, durante los primeros meses de decretada la emergencia nacional y la cuarentena obligatoria en Perú por la pandemia. Entre junio y julio, los comunicadores peruanos José Vidal y Franz Krajnik realizaron las fotografías, y Carlos Fuller y Luis Cáceres las entrevistas a las personas que vivían en la calle que  están refugiadas en la carpa instalada en la plaza taurina, en el Cercado de Lima, el centro histórico de la capital peruana. A fines de año, el proyecto fue publicado.

La idea inicial de este proyecto era otra, pero la pandemia y el confinamiento, como en todo, forzaron el cambio de planes. Úrsula Freundt-Thurne, decana de la Facultad de Comunicaciones de la UPC y editora del proyecto, contó a LatAm Journalism Review (LJR) que lograron realizar el proyecto, a pesar del cambio de tema, gracias a la beca Erasmus de la Universidad Hertfordshire del Reino Unido. “Terminó siendo una cobertura periodística de mucha dignidad”, dijo Freundt-Thurne.

Tras la estricta cuarentena que impuso el gobierno peruano desde el 15 de marzo de 2020 para mitigar el agresivo contagio del nuevo coronavirus, la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana, con el apoyo de la Municipalidad de Lima, decidió hacer de la Plaza de Toros de Acho, un lugar temporal de acogida para personas pobres y sin casa. En esta plaza, una de las más antiguas de América Latina, estas personas reciben atención médica, alimentos, ropa limpia y una cama donde dormir.

Proyecto Casa de Todos de la UPC

Carlos Fuller haciendo entrevistas en la Plaza de Toros de Acho. (Cortesía)

La Plaza de Toros de Acho no había interrumpido sus temporadas taurinas en 74 años, de acuerdo con EFE.

El libro, que es gratuito y está tanto en versión digital como impresa, se compone de seis capítulos: calle, plaza, casa, vida, comunidad e identidad. Dentro del capítulo ‘vida’ se cuentan las historias de once personajes que ahora viven en este albergue temporal que posteriormente tendrá un local fijo en otra parte de Lima. La crónica periodística y el ensayo fotográfico son los medios con que se exploran estas historias y esta iniciativa social nacida durante la emergencia.

Entre estas historias, Fuller, Cáceres, Vidal y Krajnik –todos profesores en la Facultad de Comunicaciones de la UPC– cuentan la vida de un hombre de 70 años que toca la flauta y dice ser el Santo Pontífice del Perú. En otra de las historias, narran la vida de un señor de 83 años que por dedicarse más a la aeronáutica descuidó a su propia familia. También retratan las vueltas del destino que llevaron a un nigeriano y un estadounidense a terminar perdidos en el limbo de las calles de Lima.

En la parte fotográfica, contó Krajnik, se intentó retratar a estos personajes a través de sus gestos y de la dureza que sus rostros transmitían. No obstante, dijo, también se intentó rescatar la parte más humana de cada uno de ellos.

Las fotografías de los reconocidos fotógrafos documentales Joseph Koudelka, Alberto García-Alix y Robert Frank sirvieron de inspiración para Vidal y Krajnik al retratar a los entrevistados del proyecto, comentaron los fotógrafos.

Muchos de los personajes retratados han sufrido de alcoholismo, drogadicción, han cometido crímenes o han sido abandonados por sus familias debido a alguna discapacidad o por ser ancianos. Las fotografías, en blanco y negro, intentaron evocar ese pasado.

“Eso responde un poco a que queríamos entender, queríamos ver la nostalgia de lo que han vivido estas personas, al tratar de respetar, con el blanco y negro, ese drama que habían vivido en calle. Pero, a la vez, no estábamos fotografiándolos en calle, los estábamos fotografiando dentro de la plaza de toros. Entonces ahí, de alguna manera, se junta el presente de ellos en la plaza de toros, con el pasado de su drama y sus historias personales”, dijo Krajnik.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2019, el 20.2% del Perú vivía en estado de pobreza, publicó RPP. Con la pandemia, el Banco Central de Reserva proyectó que el índice de pobreza aumentaría a 27.4% en 2020, informó el sitio.

El refugio alberga aproximadamente a 120 personas sin casa. Las personas retratadas en el proyecto fueron escogidas a partir de la información que el personal médico había registrado.

Sin embargo, como pasa en periodismo y otros campos, uno de estos personajes llegó por azar. “¡Ven acá, sobrino!, te quiero contar algo”, le dijo Víctor Manuel Sono Neira, de 76 años, a Fuller, mientras el periodista caminaba por el coso taurino en su traje de protección, casi espacial, comentó Fuller a LJR.

Proyecto Casa de Todos de la UPC

Retrato de Víctor Sono Neira. (Foto: Franz Krajnik)

Sono Neira resultó ser uno de los retratados más controvertidos, de acuerdo con los periodistas. Él era un expresidiario que antes de entrar a Casa de Todos vendía caramelos en las calles. Sono Neira le dijo a Fuller en una de las entrevistas, que él le había pedido a Dios una cama y un pan qué comer. “¿Qué más le voy a pedir? ¿Quién soy yo para pedirle? Yo soy una basura, hermano. ¿Tú crees que yo me merezco esto? Yo he hecho daño, viejo. Yo he matado gente, hermano. Yo he hecho sufrir a mi familia”, le dijo Sono Neira a Fuller, contó el periodista.

El proyecto se desarrolló en poco más de seis meses, con reuniones por Zoom cada semana, entre el periodo de entrevistas y de edición del libro y del documental.

La pandemia no solo cambió toda la logística de la investigación, sino también los obligó a llevar todo tipo de accesorios y trajes para protegerse durante la cobertura, además de dificultar la verificación de los datos de los entrevistados.

“Siempre estuvimos con los trajes blancos, tipo astronautas, los mamelucos, las mascarillas y los visores. No podíamos ingresar al ruedo si no nos vestíamos con el mameluco o la mascarilla”, dijo Krajnik.

El proceso de verificación de la información que proporcionaron los entrevistados fue también uno de los retos de realizar este proyecto durante la pandemia, ya que muchas instituciones estaban cerradas y mucha gente se mostraba reacia a interactuar con los periodistas.

“Las instituciones que te podían ayudar a verificar ciertos datos no estaban ni abiertas, ni podían atenderte, ni querían atenderte. Así que teníamos que ver formas alternativas de verificar: llamar a familiares, conversar con otras personas, etc.”, comentó Fuller.

Hubo otro caso particular que los periodistas recordaron, la historia del estadounidense Barry Wallace Frank, dijo Cáceres a LJR. “Él es el profesor de inglés técnico en campos petroleros y mineras en todo el mundo”, dijo Cáceres. Wallace vivía en los alrededores del conjunto habitacional de la Residencial San Felipe.

Para verificar su información, “tuve que ir a la Residencial San Felipe a entrevistar a sus vecinos, a entrevistar a sus amigos, a sus mejores amigos, quienes convivieron con él durante un año que estuvo prácticamente en la calle, o durmiendo en autos abandonados, como si fuera un gato”, añadió.

Para el podcast, dijo Freundt-Thurne, la estructura de la historia cambió un poco y se eligió a cuatro de los once personajes que aparecen en el libro. Los cuatro episodios del podcast son cuatro momentos en la vida de esos cuatro personajes que terminan en una nota de esperanza, contó la editora.

“Tenemos bastantes sueños con respecto al proyecto, porque creemos que son las historias de todos nosotros”, dijo Freundt-Thurne. “No hay que ser indigente para tener esa historia, todos tenemos un familiar que ha perdido la ruta. Y yo creo que es una manera de explicar a las nuevas generaciones que hay que hacer las cosas bien y que hay que preocuparse por los que nos rodean”.

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