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Veterano periodista brasileño se lleva a casa Premio Maria Moors Cabot

El veterano corresponsal en el extranjero Lucas Mendes dejó Brasil por Estados Unidos hace casi 50 años. Cada semana discute noticias sobre Nueva York, Washington D.C. y del resto del mundo para los brasileños a más de 6.500 kilómetros de distancia. Para muchos, se trata de un enlace que conecta los dos países más grandes de América.

Los Premios Maria Moors Cabot reconocen informes destacados sobre el continente americano y periodistas que contribuyen a un mejor entendimiento entre los países de la región. Mendes y otros tres periodistas recibirán los honores el 14 de octubre en la Universidad de Columbia en Nueva York.

Antes de la ceremonia, el Centro Knight para el Periodismo en las Américas está hablando con cada uno de los ganadores sobre su carrera y la situación del periodismo. Para la primera entrega, le pedimos a Mendes reflexionar sobre sus décadas como periodista.

Desde 1993, Mendes ha sido el anfitrión de ‘Manhattan Connection’ (Conexión Manhattan), un programa semanal de televisión en el que modera un panel en el que se debate sobre política, economía y cultura de la ciudad de Nueva York. Mendes es también un anfitrión del programa de entrevistas Milênio y trabaja para la BBC Brasil.

“Un escritor y editor talentoso [Mendes] ha informado millones de telespectadores y ha inspirado a una nueva generación de brasileños al abarcar el periodismo desde su ciudad adoptiva, New York, con sus reportajes sustantivos, comentarios y entrevistas que mezclan información, análisis y humor para alumbrar urgentes asuntos contemporáneos”, dijo la Escuela de Periodismo de Columbia.

Mendes empezó su carrera de periodismo en la revista brasileña Fatos e Fotos y luego trabajó como corresponsal en Nueva York para Globo antes de comenzar como presentador de ‘Manhattan Connection’. Ha cubierto las revoluciones en Nicaragua y El Salvador, el caso Watergate, numerosas candidaturas presidenciales en Estados Unidos, el asunto Irán –Contra, los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, entre otros.

En una entrevista con el Centro Knight, relató cómo entró al periodismo y sus historias más memorables.

Centro Knight: ¿Cuándo y por qué decidió entrar en el periodismo?

Lucas Mendes: Por oportunidad y por fraude. Me había mudado de Belo Horizonte a Río para estudiar para los exámenes del cuerpo diplomático. Fue en 1966, tenía 22 años de edad.

Tenía trabajos ocasionales durante el día y tomaba los cursos por la noche. Mi compañero de cuarto, un primo muy querido, era un excelente escritor y periodista (él ha ganado el premio de periodismo más importante de Brasil en dos oportunidades y ha publicado varios libros desde entonces). Él trabajaba para una editorial que tenía varias revistas. Me dijo que yo debería postular para una vacante en una de ellas, Fatos e Fotos.

Yo le dije que no podía escribir para revistas. Él me dijo que cualquiera que pueda contar una historia, puede escribir una. Yo no tenía nada que perder y el pago iba a ser bueno. Yo escribía, él volvía a escribir y me explicaba qué había cambiado. Los editores también fueron muy útiles. Después de tres meses, fui contratado y empecé a escribir en solitario.

CK: Usted nació en Brasil y tuvo su inicio periodístico allá, sin embargo, ha vivido y trabajado en Estados Unidos – específicamente en Nueva York – durante 40 años. Para su audiencia, usted es un vínculo entre esos dos países. ¿Qué tipo de responsabilidad viene con ese papel?

LM: Yo siempre he estado preocupado por escribir historias buenas y correctas. En el proceso, era necesario explicar las diferencias entre ambos países y en algunos casos las similitudes para que los brasileños pudieran entender el contexto desde el cual estaba escribiendo.

CK: ¿Cómo ha cambiado el periodismo – particularmente la corresponsalía extranjera – desde que usted comenzó?, ¿qué ha permanecido igual?

LM: Diferencias y similitudes brutales. Cuando empecé nuestro instrumento en el extranjero era el Telex, que no es fácil de encontrar en países pobres. El equipo en televisión era una cámara de 16 mm, blanco y negro. Una señal de satélite costaba US 5.000 dólares por 10 minutos, una llamada telefónica US 12.00 dólares por minuto. En Brasil, nunca lo habría hecho ni mi camarógrafo tampoco. No sabíamos nada de los nuevos medios de comunicación y una vez, por tres minutos de pie en frente de la Casa Blanca, quemamos más de media hora de la película. Alguno de nosotros siempre metía la pata [screwed up]. En Brasil, un reportero se iba por la mañana con un rollo de diez minutos y volvía con tres historias.

CK: Cuando piensa en todas las personas que ha entrevistado y en todas las historias que ha cubierto, ¿cuál ha sido la más interesante o de la que ha aprendido más?

LM: Nuestra profesión es insaciable. La historia importante es siempre la siguiente; y aprendí eso desde el primer momento. No hay tiempo para descansar en cualquier cosa porque hay que estar siempre en busca de lo que viene. La siguiente es la que importa más. Es imposible decir cuál fue la mejor entrevista. La de [Yasser] Arafat [ex presidente de la Autoridad Nacional Palestina] fue una difícil, era la primera a un periodista brasileño, pero el embajador de Israel tenía amigos poderosos y fue cortada de 30 minutos a cuatro, seguida por el propio embajador llamando terrorista a Arafat que, por supuesto, lo era.

Los muchos viajes a América Central para cubrir El Salvador, Nicaragua y otros conflictos me enseñaron sobre la miseria humana y la supervivencia, la dignidad y el abuso, el miedo y el coraje. La relación con otros corresponsales, uno ayudando al otro, fue una lección para la vida y para el periodismo.

CK: ¿Cuál es la historia más importante en las Américas hoy en día?

LM: Cómo acabar con la pobreza, la enfermedad y la ignorancia.

CK: ¿Qué significa para usted recibir este premio?

LM: Yo nunca presenté mi trabajo para un premio antes y no esperaba ganar el Maria Moors Cabot, el más grande de las Américas, lo que me pone en compañía de personas que han logrado y contribuido mucho más que yo.

Un amigo me felicitó por haber ganado el Óscar para el periodismo en América Latina.

Estoy y siempre he estado aterrorizado de hablar en público. Voy a estar muy, muy feliz cuando se haya acabado todo y no me haya avergonzado a mí mismo, a mi familia y a mis amigos durante la ceremonia.

Nota del editor: Esta historia fue publicada originalmente en el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight, el predecesor de LatAm Journalism Review.

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