Científicos apoyan la eutanasia mientras animalistas se oponen. ¿Cómo deben los periodistas equilibrar evidencia científica con la respuesta emocional?
La noticia este mes que autoridades colombianas planean sacrificar 80 hipopótamos en la región andina generó fuertes reacciones – tanto por tratarse de una forma de abordar el legado de una de las figuras más infames de la historia del país como porque implica matar animales.
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo dijo que llegó a su decisión con base en evidencia científica, tras múltiples intentos fallidos por controlar lo que se ha convertido en una especie invasora. Actualmente se estima que hay más de 200 hipopótamos, una cifra que según el ministerio podría superar los 500 para 2030.
El plan fue bien recibido por biólogos y científicos, quienes desde hace años advierten sobre el impacto de los descendientes de los cuatro hipopótamos que Pablo Escobar llevó a su hacienda en 1981. Pero defensores animalistas, incluyendo congresistas e influencers, lo rechazaron y respondieron rápidamente criticando tanto la propuesta como a los expertos que la respaldan.
Algunos medios le han dando atención desproporcionada a voces no expertas que expresan opinión pública y que, en ocasiones, han derivado en ataques contra científicos, dijeron estos expertos y periodistas especializados en cobertura de ciencia a LatAm Journalism Review (LJR). Al mismo tiempo, no otorgan suficiente espacio a voces expertas que cuentan con evidencia científica concreta para respaldar sus posturas, lo cual deslegitima a expertos y crea un conflicto artificial de villanos contra salvadores, dicen.
“Creo que se ha dado un micrófono parcializado hacia opiniones que no son científicas”, dijo a LJR Andrés García Londoño, biólogo con maestría en etología y doctorando en turismo sostenible, quien ha hecho parte de las mesas de trabajo para buscar soluciones al problema de los hipopótamos. “Al darle más voz a estas personas, lo que nosotros decimos no se valida, no es tenido en cuenta e incluso llega a eventos tan desafortunados como que nos amenacen, nos digan asesinos, nos digan que estamos comprados. Nos quitan visibilidad y nos quitan humanidad, nos deshumanizan”.

Andrés García-Londoño, director of the Fundación Bioethos, biologist with a master’s degree in ethology and a doctoral candidate in sustainable tourism. (Photo: Fundación Bioethos)
García, director de la Fundación Bioethos, es uno de los varios biólogos que han sido “perfilados” por cuentas anónimas de redes como X. Han recibido amenazas, en algunos casos su información personal ha sido expuesta e incluso han sido protagonistas de imágenes ofensivas hechas con IA.
Otra de las expertas que recibió este hostigamiento es Nataly Casteblanco, bióloga y doctora en ecología, experta en mamíferos acuáticos y semiacuáticos con casi 30 años de trabajo en la conservación del manatí. Castelblanco, investigadora de El Colegio de la Frontera Sur de México, fue vinculada por su investigación a las mesas de trabajo para dar control a los hipopótamos. Los medios le han buscado un lado “amarillista” a la historia, dice.
“Sí creo que está desbalanceada la cosa”, dijo a LJR Castelblanco. “Todo el mundo es libre de opinar y ustedes [periodistas] son libres de preguntar al que quieran, pero la falla es buscar ese amarillismo, el dónde está la pelea. Y lo curioso es que hay muchísimos puntos que tenemos en común: a todos nos gustan los animales, a todos nos gusta la naturaleza”.
Agregó Castelblanco: “Los periodistas han graduado de expertos a cualquier persona”.
Ejemplos que expertos han citado que ilustran falsos equivalentes incluyen titulares como como “Experto ambientalista propone otra solución para los hipopótamos de Pablo Escobar: no sería una eutanasia” de El Tiempo, “Biólogos y ambientalistas enfrentados por hipopótamos de Pablo Escobar” de Caracol Radio o “Polémica por el futuro de los hipopótamos de Pablo Escobar: entre la ciencia y la ética” de Cambio. La entrevista viral al comunicador animalista Nicolás Ibarguen por Daniel Coronell, uno de los periodistas más destacados del país, también recibió críticas.
Expertos también han citado el espacio que se la ha dado a Ernesto Zazueta, presidente de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios en México, quien asegura tener un plan para trasladar estos animales a México e India, pero sin mencionar que algunos de los santuarios tienen denuncias por presunto tráfico de fauna y que el gobierno mexicano ya rechazó la propuesta.
Justamente en la elección de fuentes es donde estaría el problema de la cobertura de temas complejos en los que se deben abordar el impacto en el ecosistema nativo (incluidas comunidades rurales), estudios hechos sobre estos impactos y propuestas de solución.
“Son estos momentos en los que se hace aún más evidente y más claro la importancia de un buen periodismo en general y de un buen periodismo científico”, dijo a LJR Pablo Correa, director de la maestría de periodismo científico de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia. “Un buen periodista científico en este caso debería ser capaz de atrapar esos elementos complejos y exponérselos a un ciudadano que necesita tomar una postura”.
Esa complejidad requiere ir más allá de escuchar las dos versiones de la historia para agregarle otra máxima periodística que es la advertencia del falso equilibrio informativo. Las voces no son una especie de torta de cumpleaños a la que a cada una le corresponde un trozo, dijo Correa.
“Un buen periodista debe interesarse por escuchar todas las posturas y todos los argumentos, pero a la hora de presentarlos ante una audiencia, tiene la responsabilidad de ponderar también cada uno de ellos”, dijo Correa. En el caso de la cobertura del cambio climático o del cigarrillo, por ejemplo, no es lo mismo cubrir la voz de las tabacaleras que de los médicos y científicos hablando sobre los efectos en la salud, dijo.
“No se trata de excluir voces, pero un buen periodista debe ir a confrontar también esas voces con los argumentos de más peso y darle señales a su audiencia de quién tiene más peso en cada debate, con datos y argumentos”, dijo. “El problema es que muchos periodistas se limitaron a ‘tengo que darles la voz a ambos’ y crean un problema”.
En esto coincide Sergio Silva Numa, editor de la sección de Ciencia, Salud y Ambiente del diario El Espectador de Bogotá. Silva, “súper creyente” del periodismo científico, cree que los investigadores y quienes hacen ciencia son quienes “deben brillar” en los medios por sus años de estudio.
“Eso no quiere decir de ninguna manera excluir. Pero creo que hay que darle sus justas proporciones, que es lo que no estoy viendo de varios colegas que única y exclusivamente a veces llaman justamente al sector animalista”, dijo a LJR Silva.
En temas sensibles como el de los hipopótamos, el rol del periodismo es “clave” porque puede u ofrecer a la audiencia una guía pedagógica para hacer frente a la desinformación o distorsionar el debate público. Un primer esfuerzo, dijo, es buscar las fuentes adecuadas, que en este caso serían personas con maestrías y doctorados sobre hipopótamos y mamíferos grandes y acuáticos.
Estas fallas en la cobertura demuestran el poco espacio que hay en las redacciones para el periodismo científico, dijo.
“Sin duda no le dan el lugar que merece”, dijo Silva. “Son contados con los dedos de una mano los medios que tienen una sección robusta de periodistas que se dedican exclusivamente a escribir sobre temas relacionados con ciencia”.
Para Correa es importante la especialización de periodistas, no necesariamente académica, pero sí de tiempo dedicado a la fuente.
“Es difícil encontrar un medio de comunicación de Latinoamérica en el que vayan a poner un periodista de deportes que no sepa deportes. Eso no pasa. Ni tampoco les pasa con la política”, dijo Correa. “Pero sí les pasa con estos temas porque los menosprecian”.

Nataly Castelblanco, biologist and PhD in ecology, an expert in aquatic and semi-aquatic mammals with nearly 30 years of work in manatee conservation. Researcher at El Colegio de la Frontera Sur in Mexico. (Photo: Courtesy)
Finalmente, Silva dijo que ejercicios de fact-checking a otras piezas periodísticas contribuiría a mejorar el oficio.
Los cuatro hipopótamos de Escobar, tres hembras y un macho, quedaron a su suerte después del abatimiento de Escobar en 1993. A lo largo de estos años encontraron propicio el ambiente del río Magdalena y se han propagado en los departamentos vecinos de Santander y Bolívar.
El “declive poblacional” de animales como el manatí, nutria y jaguar hacen parte de los impactos de esta especie en el ecosistema nativo, explican García y Castelblanco. Esto se produce por tres razones: contaminación del agua, desplazamiento de otras especies y el ataque directo.
La oposición a la eutanasia viene de 2009 cuando un hipopótamo fue abatido con permiso del gobierno. La fotografía que muestra el cuerpo del animal y militares a su alrededor generó un fuerte movimiento animalista que ha presionado desde entonces para evitar medidas letales y elegir la translocación y la esterilización. Este mes, un juez aceptó una acción de tutela para frenar la eutanasia argumentando que viola principios de protección animal.
En el reciente pronunciamiento del Ministerio de Ambiente se informó que la implementación del plan actual cuesta 7.200 millones de pesos colombianos (cerca de US $2.000.000), que ninguno de los países contactados aceptó ejemplares y que los esfuerzos de esterilización han tenido dificultades.