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Desinformación y violencia en las redes cambian comportamiento de periodistas en Brasil, muestra investigación

Por Vitória Régia da Silva*
Este reportaje fue publicado originalmente en el sitio de Gênero e Número

 

Tan pronto como la periodista Vera Magalhães reveló, en 2020, que el presidente Jair Bolsonaro estaba llamando a actos antidemocráticos [en febrero de 2020, Magalhães reveló que el presidente compartió a través de su WhatsApp personal invitaciones a manifestaciones contra el Congreso Nacional], se convirtió en blanco de lo que catalogaría como el mayor ataque de odio en internet que jamás haya sufrido: “En esa ocasión hubo amenazas más claras, con la publicación, por ejemplo, dónde estudiaban mis hijos, nombre del colegio de mis hijos, que yo tenía apelar a Twitter para que elimine esa publicación porque ponía en riesgo a mis hijos”, recordó durante una entrevista concedida a la investigación “El impacto de la desinformación y la violencia política en internet contra periodistas, mujeres comunicadoras y LGBT+” (visite el sitio para descargar el informe completo en portugués).

En línea con las afirmaciones de Magalhães, el 92,5% de los profesionales que respondieron a la encuesta afirmaron que el fenómeno de la desinformación es “muy grave” y que afecta el trabajo que realizan. En el 55% de los casos afecta el trabajo diario, la vida profesional (55%) y la vida personal (45%).

Para la coordinadora de incidencia de Reporteros sin Fronteras, Bia Barbosa, un aspecto que llama la atención en la investigación es el cambio en el comportamiento de los profesionales en internet, como reflejo de la percepción que tienen de la violencia. “Esa práctica de violencia tiene tanto éxito que llega incluso a intimidar a profesionales que no sufrieron directamente el ataque, pero que por miedo a sufrir ya modifican su comportamiento”. Los datos revelan que el 85% ha cambiado su comportamiento en las redes sociales en los últimos tres años para protegerse de los ataques, incluso aquellos que no han sufrido violencia en línea.

Barbosa señala que la desinformación y la violencia muchas veces silencian a esas mujeres [y a las personas LGBT+], por lo que surgió la preocupación de entender si y cómo el fenómeno de la desinformación y la violencia en línea contra periodistas es una nueva forma de silenciamiento y censura. “Si en la época de la dictadura teníamos censura estatal, luego del Poder Judicial, o de los propios medios de comunicación que censuraban a sus profesionales, en la era de las redes sociales esto se manifiesta a través de las prácticas de desinformación y violencia contra estos grupos, con el silenciamiento de estos grupos profesionales que no investigan las denuncias o cambian su comportamiento en las redes por ello”.

En las siete entrevistas en profundidad realizadas por Gênero e Número para la encuesta, que contribuyen al análisis del contexto junto con los datos recogidos a través de un cuestionario en línea, se encuentran los testimonios de periodistas que dicen ser más cautelosos con algunos tipos de historias o incluso los evitan.

“Sigo informando, pero renuncié a algunos temas porque tendría que enfrentar los mismos poderes aquí en Santa Catarina y dije ‘bueno, este no es el momento para eso’”, dijo Schirlei Alves, una reportera que en 2021 sufrió ataques de odio durante dos meses en las redes sociales tras publicar un reportaje sobre el caso Mariana Ferrer [Ferrer es una influencer quien fue violada y durante el juicio de su presunto agresor fue humillada por la defensa y el juez quien insinuó que ella era la responsable de su ataque sexual].

Perfil

La encuesta recopiló respuestas de 237 participantes. La mayoría (43%) se identifica a sí misma como una mujer cisgénero, blanca y sin hijos. La edad promedio es de 33 años. Los encuestados son en su mayoría profesionales altamente calificados, con estudios superiores completos y posgrados, y con más de diez años de ejercicio en la profesión. Trabajan principalmente en capitales (78,8%) y ganan más de R$ 5.500 (cerca de US $1.000). La mayoría actúa como freelancers o proveedores de servicios. Además, casi la mitad de los encuestados, el 48,9%, trabaja con medios digitales y el 28,7%, en relaciones con los medios.

Una cuarta parte de los encuestados tuvo que cerrar las redes sociales

Los efectos de la violencia y la desinformación en la vida cotidiana de periodistas mujeres y LGBT+ son diversos. Entre las personas que han experimentado algún tipo de violencia, el 31 % redujo o cambió la forma en que usa las redes sociales en su trabajo y el 25 % tuvo que cerrar sus cuentas de redes sociales después de los ataques.

“Recibo ataques de odio en Twitter porque no me callo cuando veo transfobia en la prensa”, cuenta el periodista Caê Vasconcelos. “Entonces, es bastante común para mí no solo recibir ataques de odio, sino que siempre veo [ataques]. Sobre todo cuando hablamos de personas LGBT+, negros, mujeres, indígenas. Son blanco de ataques de odio en internet”, destaca.

La salud mental también se ve muy afectada por la violencia en línea. La encuesta muestra que el 15% desarrolló algún tipo de problema mental durante el periodo de investigación y el 10% reconoció haber perdido el ánimo para realizar sus actividades profesionales. Magalhães dice que el episodio que llevó al presidente a ir a una cadena de televisión para agredirla personalmente la afectó mucho física y mentalmente: “Tuve hasta reacciones físicas, me sentí mal, entonces fue el momento más violento […] ciertamente cobra un precio en términos de salud mental. Te sientes realmente frágil”.

Percepción del aumento de la violencia

La mitad de los participantes del estudio afirmó que ya había sufrido algún tipo de violencia debido a su profesión, siendo el 41,9% personas que se autoidentificaban como mujeres. Y la percepción de la violencia también es de género, ya que entre quienes dijeron haber presenciado alguna situación de violencia en línea, la cifra salta al 81,4%, siendo mujeres el 67,4% de las víctimas.

La violencia no se detiene allí. Para el 36,8% de las personas que reportaron haber sufrido algún tipo de agresión en línea, la acción motivó nuevos ataques y el 67% de las personas que presenciaron violencia contra compañeros o conocidos tienen la percepción de que un episodio de violencia resulta en uno nuevo.

La reportera Juliana Dal Piva, también entrevistada para la encuesta, observa, desde 2013, la escalada de intimidación contra los periodistas que cubren la política. Narra episodios vividos que la dejaron, por momentos, hasta con miedo de salir de casa. El más grave de estos episodios fue la amenaza que sufrió a través de un mensaje del abogado del presidente Jair Bolsonaro, Frederico Wassef. Dal Piva apeló a la justicia, también contó con el apoyo de la clase periodística, pero considera que hay un ataque diferente en su dirección, por ser mujer.

“Si miras mi episodio más grave, varios compañeros periodistas cubren este tema que involucra a Bolsonaro, [Fabrício] Queiroz y compañía. Uno de ellos no recibió nada [de ataque]. Hay otro colega periodista, un hombre que también hizo algunos artículos muy importantes sobre el caso, que es Fábio Serapião, el reportero que reveló el informe del Coaf (Consejo de Control de las Actividades Financieras) allí en diciembre de 2018. Él es el reportero quien hizo el artículo sobre los cheques de Michelle [Bolsonaro], que ella recibió de Queiroz. [Michelle Bolsonaro, esposa de Jair Bolsonaro, recibió 27 depósitos para un total de R$ 89.000 (cerca de US $17.800) de Fabrício Queiroz, quien fue investigado en un presunto caso de desvío de fondos públicos por parte del senador Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro]. Federico [el abogado de Bolsonaro] no envió estos mensajes a Serapião, ¿sabes?”, analiza.

Entre los tipos de violencia más comunes, los contenidos con insultos o palabras hostiles aparecen en primer lugar (35,4%), seguidos de ataques al trabajo (34,1%), inhabilitación del trabajo realizado (33,7%) y ataques misóginos o con connotación sexual. (19,4%).

“Desde hace un tiempo, especialmente creo que durante el gobierno de Bolsonaro, hemos notado, he notado, incluso mirando la situación de los compañeros, que los ataques han sido mucho más personales, dirigidos directamente al periodista. Y esta es una forma de intimidar y silenciar también al profesional. Especialmente aquellos que trabajan como freelance, como lo soy ahora”, dice la periodista independiente Shirlei Alves.

Para Bia Barbosa, en un escenario de banalización de la violencia contra las mujeres en internet, la desinformación y la violencia política contra periodistas impactan mucho más a las mujeres comunicadoras que a los hombres. Señala que la violencia contra las mujeres y la comunidad LGBT+ tiene una connotación sexual, se enfoca en la apariencia física o trata de restar credibilidad, que ya son prácticas comunes de la sociedad brasileña.

Según los encuestados, los agresores eran en su mayoría desconocidos para las víctimas (36,7%), el 18,9% eran perfiles públicos, el 12,6% eran objetivo de bots y el 8,4% de las agresiones provenían de políticos. En este último caso, el presidente de la República, Jair Bolsonaro, aparece como el segundo perfil con mayor porcentaje de casos observados, siendo señalado por el 19,8% de los participantes como fuente de ataques contra periodistas, solo por detrás de representantes del Legislativo ( 21,9%), lo que refuerza cómo este tipo de violencia se ha naturalizado en las esferas del poder.

“El gobierno de Bolsonaro utiliza la violencia contra los periodistas y las prácticas de desinformación como estrategias de comunicación. Eso viene de la campaña electoral y está institucionalizado como una estrategia política del Palácio do Planalto [casa presidencial], siguiendo el ejemplo de [Donald] Trump (EE.UU.), que calificó de ‘fake news’ todos los artículos con los que no estaba de acuerdo”, destaca Barbosa. “Vemos cómo estos ataques han crecido y se asocian a la desinformación y algunos incluso a amenazas e insultos para atentar contra la credibilidad de la prensa”.

La desinformación es uno de los ejes de la investigación. Los otros dos ejes son “violencia online” y “protección y plataformas”. Los principales efectos relacionados con la desinformación en la relación entre la sociedad y la prensa son la naturalización de los ataques a los periodistas (85,6%) y el desprestigio de la labor de la prensa (81%), según los encuestados.

Entre los profesionales que ya sufrieron violencia en línea, solo el 21,9% dijo que los ataques se produjeron en un solo lugar, lo que demuestra cómo la violencia y los discursos de odio se amplifican en las redes. La principal plataforma donde los periodistas denuncian haber sufrido ataques de violencia es Facebook (26,1%). A continuación, Twitter (20,6%). La página del medio donde trabaja la persona aparece en tercer lugar, con el 17,3% de los casos denunciados.

La periodista y cofundadora de Amazônia Real, Kátia Abreu, comenta que tienen como política del medio la no publicación de comentarios prejuiciosos. “Recibimos muchos comentarios racistas, comentarios de personas descontentas con los informes, no publicamos comentarios misóginos, racistas o prejuiciosos. Lo neutralizamos, pero aún así, hay gente que todavía envía muchos ataques vía comentarios, recibimos esto. Y no lo publicamos, no lo divulgaremos en absoluto”, dijo en una entrevista para la investigación.

Plataformas no responden a la altura de la escalada de ataques

Las plataformas aún tienen un largo camino por recorrer para ofrecer apoyo y respuestas adecuadas, como mecanismos de protección y normas para monitorear y sancionar estos delitos. Según el estudio, más de una cuarta parte de las personas que sufrieron una brecha en línea (26%) no tuvieron sus quejas evaluadas como válidas por las plataformas y un 1,3% ni siquiera pudo presentar una queja en la plataforma donde ocurrió. Para el 52,5% de los encuestados, debería haber una legislación específica más estricta para responsabilizar la producción y difusión de noticias falsas.

Como no existe una solución única para acabar con la desinformación y los discursos de odio contra periodistas mujeres y LGBT+, Gênero e Número y Reporteros Sin Fronteras ofrecen una serie de recomendaciones que señalan caminos que pasan por los roles del Estado, las plataformas y los medios de comunicación. Todo el material está disponible de forma gratuita (en portugués), se puede acceder en línea y también descargar, en pdf, desde el sitio de investigación.

 

*Vitória Régia da Silva es asistente de edición en Gênero e Número.

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