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Investigación argentina muestra que fact-checking es eficiente para disminuir la amplificación de noticias falsas

Una investigación realizada durante las elecciones presidenciales en Argentina en 2019, y que fue publicada a finales de febrero de este año, mostró que el fact-checking es eficiente para reducir la diseminación de noticias falsas, aún cuando no cambie la opinión de la mayoría de la gente.

El estudio fue realizado por Ernesto Calvo, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Maryland (EE.UU.), y Natalia Aruguete, de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina). Los investigadores son argentinos y ya venían investigando el fenómeno de las llamadas fake news, cuando fueron invitados por la organización de verificación de datos argentina Chequeado para conducir el estudio, de forma independiente.

Para la parte experimental de la investigación fueron entrevistadas 2.040 personas en Argentina durante el mes de abril de 2020, en una muestra representativa de la población. En el segmento observacional, los investigadores evaluaron el impacto, consumo y viralización de las verificaciones de Chequeado en las redes sociales durante el periodo electoral, entre junio y diciembre de 2019.

Una de las conclusiones más importantes, que combina los resultados de las entrevistas con el análisis de las redes sociales, es que la verificación de datos tiene poca capacidad de impactar en la opinión de las personas, pero aumenta el costo de difundir, en internet, algo que ya se ha categorizado como falso.

Uno de los casos analizados fue la difusión de información falsa de que el entonces candidato a la reelección Mauricio Macri estaba usando un auricular durante un debate televisado. Según la encuesta, se publicaron 720 retuits sobre el tema por personas alineadas con el Frente de Todos, grupo opositor de Macri, en las tres horas previas a la verificación de Chequeado.

En las tres horas siguientes a la publicación de la corrección, el número de retuits vinculados al Frente de Todos se redujo a 74. Al mismo tiempo, aumentó la actividad del grupo perjudicado por la noticia falsa, alineado con Macri y la coalición política Cambiemos, de 37 retuits a 146 en el mismo intervalo de tiempo.

La parte experimental, por otro lado, confirmó lo que otras investigaciones habían estado señalando, que las personas tienden a creer en las correcciones de verificación de datos solo cuando refuerzan sus creencias anteriores.

Para ello, los investigadores mostraron a los entrevistados cinco publicaciones y en seguida dividieron al grupo en dos. Ambos recibieron una supuesta verificación de Chequeado, pero uno dijo que el contenido era verdadero, mientras que el otro señaló que era falso. Al final, los investigadores preguntaron si la gente seguía creyendo en la publicación original o no.

En el mismo ejemplo del auricular de Macri, el 66% de los encuestados que estaban alineados con el candidato creyeron en la etiqueta “falso” de Chequeado y respondieron que el tuit original era ciertamente falso (46%) o probablemente falso (20%). Entre los entrevistados que se veían a sí mismos como oposición de Macri, solo el 46% creía en la verificación de Chequeado, siendo el 21% el que dijo que el contenido original era “ciertamente falso” y el 25% que era “probablemente falso”.

Cuando recibieron la verificación con la etiqueta “verdadero”, se mantuvo el sesgo ideológico. La mayoría de los entrevistados que estaban en contra del candidato creían en el chequeo, y la mayoría de los partidarios de Macri no estaban convencido de este.

Laura Zommer, directora de Chequeado

Laura Zommer, directora de Chequeado.

“Lo que prueba el estudio es que, aún cuando sigue pensando lo que pensaba, la gente decide no exponerse a confrontar algo que se publicó como falso. En vez de publicar con la misma velocidad que compartirías algo, porque te gusta, porque coincide con tu pensamiento, si Chequeado publicó que es falso, tiendes a hacerlo menos. O sea, baja el compartido de contenido falso después de una intervención de Chequeado”, dijo la directora ejecutiva y periodista de la organización, Laura Zommer, a LatAm Journalism Review (LJR).  

Zommer explicó que el fenómeno de la desinformación se alimenta de los “bad actors [actores malos]”, que crean y difunden noticias falsas con el objetivo de ganar dinero o poder, pero también de miles de personas que, por ignorancia o de forma inadvertida, comparten esos contenidos.

“Lo que el estudio estaría mostrando es que hay forma de operar sobre esa gente, o sea, hay una herramienta, que es el fact-checking, que baja los incentivos para que esa gente comparta algo falso”, dijo.

Según Calvo, uno de los autores del estudio, el resultado es positivo porque, después de la intervención de Chequeado, “la circulación del mensaje falso disminuye dramáticamente en la comunidad que lo estaba circulando, aunque no cree en la corrección”. Y, para él, es más importante impedir a diseminación de noticias falsas que convencer a la gente.

“La clave para administrar los fake news, dado que uno no puede eliminar a los que la creen, es disminuir su amplificación. No es realista creer que la gente va a leer 200 tuits de forma crítica”, dijo Calvo a LJR. 

Calvo refuerza que las personas no necesariamente comunican todo lo que creen. Para transmitir contenido, es necesario que el costo informativo y reputacional sea bajo. Es aquí donde funciona la verificación de datos, según la investigación.

“Uno no va a poder corregir jamás a los actores bolsonaristas o trumpistas que están creando información falsa y distribuyéndola instrumentalmente. Entonces lo que uno se pregunta es si se puede evitar que la gente, que no es, en ese sentido, cínica políticamente, y no comparte cosas que no cree, si esa gente puede estar menos expuesta a la noticia falsa o disminuir la ingenuidad con lo cual comparten esas cosas. Para eso no necesitamos que crean en la corrección y sí que la noticia falsa no circule”, afirmó Calvo.

La etiqueta falsa provoca un “daño cognitivo”

Otra conclusión del estudio es que la clasificación de “falso”, atribuida por una organización de fact-checking, provoca “daño cognitivo” en la persona que se ve corregida. Según Zommer, la forma en que las personas interactúan en internet es política y afectiva, ligada a sentimientos de afinidad y pertenencia, y no solo regida por lo factual. Y esto debe ser considerado por los verificadores, porque es en este contexto donde se leerán sus chequeos, afirmó.

“Entonces, cada vez que un chequeador le marca que algo que está en su afinidad es falso, es como si fuera un referee de fútbol que te anula un gol, vos lo querés menos afectivamente, porque te está marcando algo que vos desearías que sea distinto. Ellos dicen que cada vez que un chequeador publica un chequeo con la etiqueta de falso pierde algo de su capital simbólico, o sea, hay gente que lo quiere menos”, explicó Zommer.

Calvo comentó que este efecto cognitivo se mide al final de la investigación. Cada vez que Chequeado contradice la convicción de una persona mediante una etiqueta “falsa”, coloca a la organización en una escala ideológica cada vez más distante de sí misma.

Ernesto Calvo

Profesor de la Universidad de Maryland, Ernesto Calvo.

“Cuando un fact-checker está siempre diciendo falso, falso, falso, va cada vez bajando su reputación con cada comunidad que está diciendo que cree en algo falso. Porque la gente piensa: ‘Está lleno de noticias falsas pero vos todo el tiempo está corrigiendo las mías’. No necesitan pensar que la corrección es una mentira, es suficiente con pensar que está eligiendo la corrección porque tiene un sesgo político”, afirmó Calvo.

Por el contrario, cuando la organización publica un chequeo indicando que algo con lo que la persona está de acuerdo es verdadero, eso se entiende como un premio, una recompensa cognitiva. Por esta razón, los investigadores dicen que las organizaciones de verificación de datos deben administrar la cantidad de etiquetas “falsas” y “verdaderas” que utilizan, considerando los impactos en la credibilidad institucional a largo plazo. Especialmente porque la etiqueta “falso” tiende a ser la más frecuente

“Este estudio no dice ‘no hagan falsos’, lo que pone es una luz en decir ‘no menosprecien los chequeadores los verdaderos’, porque nos sirve para ir recobrando valor de marca”, dijo Zommer.

Otra ventaja de la etiqueta “verdadero” es que se vuelve más viral que la etiqueta “falso”. Según la investigación, la gente tiende a compartir más un chequeo “verdadero-verdadero”, es decir, creían en el contenido y esto fue confirmado por el chequeo. Este caso genera mayor movilización que un chequeo “falso-falso”, es decir, la gente no creía en el contenido y esto lo confirma la verificación.

“Lo que encontramos respecto a la doble afirmación es que ‘usted tiene razón, era verdadero’ está validando un contenido original que ya entusiasmaba a la persona. Es distinto del ‘usted tiene razón, era falso’. Lo interesante es que en los dos casos la persona tiene razón. La diferencia es que ‘usted tiene razón, era verdadero’ reafirma una creencia y le entusiasma. Mientras que con el ‘usted tiene razón, era falso’, la persona está enojada con el tuit original y entonces no entusiasma, eso apaga la activación de la corrección”, afirmó Calvo.

Otro beneficio de la etiqueta “verdadero” es que no contribuye a difundir un mensaje mentiroso original, como es el caso de la etiqueta “falso”, dijo Calvo. Por ello, él valora el resultado como muy positivo, porque los chequeos “falsos" no se vuelven tan virales, pero tienen el importante efecto de reducir la difusión del contenido original engañoso. Al mismo tiempo, los reales tienden a volverse más virales.

“Los fact-checker creen que es un problema que la verificación no se viraliza como la noticia falsa, pero para nosotros eso es una virtud. Si la verificación se viralizara, eso amplificaría el mensaje de la noticia falsa. El doble verdadero, que es la validación de la noticia original, produce viralización, pero la corrección de una noticia falsa no lo hace, eso es bueno. Porque si la noticia original es verdadera, no es un issue de fake news. Cuando uno tiene falso-falso, que es la corrección más habitual del fake news, todas las comunidades dejan de circular la corrección”, dijo Calvo.

Para él, la preocupación de que las verificaciones con etiquetas “falso” se vuelvan virales es que esto contribuye a mantener el debate público en torno a los temas que suscitan las fake news.

“Cuando uno ve una noticia falsa, mucha gente piensa que lo que hay que hacer es viralizar la verdad. Pero la pregunta es si uno puede volver a poner la noticia en medio del bosque, para que no se escuche”, explicó.

El profesor sostiene que las noticias falsas pueden causar un daño enorme, incluso si muchas personas no las creen. Esto se debe a que son capaces de guiar, manipular y controlar el discurso público, lo que él llama una agenda setting.

“Si uno cree que la agenda setting es importante, y que no se cambia la opinión de las personas pero sí cambia el tema del cual hablan, la noticia falsa controla la agenda aunque la gente no la crea y aunque la corregimos”, dijo.

Según Zommer, la investigación significó un cambio de opinión dentro de Chequeado. Ella dijo que entre los periodistas existe una idea obsoleta de que las noticias positivas no le importan a la gente y, al verificar los hechos, esto se refleja en una tendencia a devaluar los chequeos “verdaderos”.

“Antes, si teníamos varios verdaderos en una misma semana nos preocupaba un poco y ahora nos liberó la cabeza, de decir: ‘Está bien, igual estamos haciendo bien nuestro trabajo, no tenemos que encontrar falsos’”, afirmó.

Esto no significa que sea necesario dejar de hacer etiquetas de “falso”, sino que las de “verdadero” pueden ser de mayor utilidad de lo que se pensaba, dijeron los investigadores. Por ejemplo: en el caso de controlar el discurso de los políticos, hay un claro beneficio en utilizar la clasificación de “falso”.

Además de bajar la cantidad de compartidos de la noticia falsa original, el “falso” para autoridades permite “subirle el costo de la mentira y promover accountability [rendición de cuentas]”, dijo Zommer.

Por otro lado, en situaciones en las que las noticias falsas no tienen un autor claro, puede ser interesante utilizar la etiqueta “verdadero”. Es decir, puede ser más eficaz decir “las vacunas protegen contra la COVID - verdadero” que “las vacunas no protegen contra la COVID - falso”.

“En estos casos en vez de hacer un ‘falso’ va a ser más efectivo hacer la doble negación. Hay más chances de que la verificación circule”, dijo la periodista.

Independencia

Aunque fueron contratados por Chequeado, el trabajo de los investigadores se realizó de forma completamente independiente, dijo Calvo. El acuerdo fue posible porque el tema ya era de interés para los investigadores y para ellos era importante tener acceso a los datos internos de Chequeado y su metodología de verificación de datos.

Al mismo tiempo, se acordó que se publicaría el informe con los resultados, aunque perjudicara a Chequeado. Calvo dijo que la organización “se comportó muy bien” y que no hubo ningún intento de injerencia.

Zommer afirmó que los investigadores fueron escogidos a propósito, por ser “de fuera del movimiento” de chequeadores y escépticos en relación al fact-checking. “Son dos investigadores que escribieron bastante sobre desinformación y no eran fans del fact-checking”, dijo.

La periodista cuenta en el prólogo de la investigación, que Chequeado asumió un riesgo al contratar el estudio. Y que algunos miembros del equipo se preguntaba por qué la organización estaba invirtiendo en eso y qué sucedería si el resultado fuese negativo. Zommer respondía que si eso sucedía, era mejor saber y cambiar las estrategias de trabajo.

Zommer afirma en el texto que las críticas a los chequeadores, en todos los países del mundo, son siempre las mismas: “¿Sirve para algo lo que hacen (si el fenómeno de la desinformación parece cada día peor)? y ¿son realmente ecuánimes?”.

Ella sostenía que sí, pero reconocía que faltaban investigaciones que demostrasen eso. Zommer contó que, como “no nos parece adecuado reclamar a los demás algo diferente a lo que nos exigimos a nosotros mismos”, decidió ir detrás de las evidencias sobre el impacto de su trabajo. Y funcionó. “Hoy no solo decimos que el fact-checking funciona, sino que lo probamos”.

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