texas-moody

Periódicos comunitarios en favelas de Río de Janeiro llenan vacíos de información y luchan contra los estereotipos para producir periodismo verdaderamente local

Las favelas de Río de Janeiro, Brasil, son una olla de presión, hogar de muchos de los problemas y tensiones más urgentes de la metrópoli en materia de saneamiento, seguridad, representación política y educación. No obstante, con 22 por ciento de la población de la ciudad, las favelas son también el punto de intersección de ricas culturas y tradiciones que se han convertido en emblemas de la ciudad.

A view of Rocinha

Vista de Rocinha, la favela más grande de Río. (Canva)

Sin embargo, los medios tradicionales tienden históricamente a enfocarse en historias sobre esas comunidades a partir de los conflictos armados entre la policía y narcotraficantes, la brutalidad policíaca y las historias en general sobre miseria y pobreza.

“Dependiendo del código postal, el habitante de la favela puede ser retratado en los medios tradicionales como empresario o como traficante”, dijo Claudia Santiago, profesora del Núcleo Piratininga de Comunicação (NPC), a LatAm Journalism Review (LJR)Ella ha enseñado alfabetización mediática y lecciones sobre comunicación comunitaria para decenas de periodistas que son originarios de las favelas y cuyo trabajo gira en torno a temas relacionados a estas.

“Nosotros [como residentes de las favelas] somos tradicionalmente mostrados principalmente en la sección policíaca de los periódicos comerciales, sin nombre ni apellido”, dijo a LJR Gizele Martins, una veterana del periodismo comunitario en Río, quien considera que el estigma potencia la criminalización de afro brasileños. En  las favelas, 67 por ciento de los residentes son afro descendientes.

Esta realidad es una de las razones por la que muchos periodistas que viven y trabajan en las favelas de Río trabajan bajo el mantra del “nós por nós” (nosotros para nosotros), y crean sus propias iniciativas de medios con un periodismo por y para ellos. Lo hacen con el fin de hablar con su propia voz a su propia gente, aquella que los medios tradicionales -y el Estado- normalmente olvida.

Más allá de eso, se están adaptando e innovando en lo que se refiere a distribución, a conectar con la comunidad y a encontrar y reportar historias locales.

Conectando en persona y en línea

“Crecí leyendo periódicos que mi papá, un conserje, traía a casa del trabajo”, dijo a LJR el periodista comunitario Michel Silva, quien vive en la favela más grande de Río, Rocinha. Esa experiencia, junto con su curiosidad, le enseñó la estructura de un artículo de noticias. Con esto en mente, en 2013 creó Fala Roça (Hablar Rocinha) junto con su hermana y otros colegas. De acuerdo con Silva, de no haberlo hecho ellos, alguien más lo habría hecho.

Los periódicos comunitarios, que son comúnmente distribuidos en persona, proporcionan un vistazo interesante sobre cómo la prensa puede conectar  con su audiencia localmente de una forma tangible -incluso en la era de redes sociales y de la transición de lo impreso a lo digital.

“Tan pronto internet se generalizó y la gente comenzó a usarlo, surgió esta tesis de que ahora se liberaría la comunicación. Pero hoy estamos viendo que este no es el caso, ya que los algoritmos no tardaron en llegar y nuestra capacidad para comunicarnos de manera efectiva con aquellos que son diferentes a nosotros es bastante limitada. Estamos atrapados en burbujas”, dijo a LJR Marcelo Ernández, profesor de Comunicación Dialógica de la UERJ (Universidad del Estado de Rio), quien estudia la distribución de periódicos comunitarios. “Esta discusión está de hecho más ligada a la política que a la tecnología. Puedes tener un discurso constructivo sin que este esté necesariamente vinculado al acceso a internet”.

Silva ve que este diálogo ocurre todos los días mientras hace sus tareas diarias o incluso al distribuir periódicos impresos junto con otros voluntarios.

“La distribución de puerta en puerta es la clave. No ves a los periódicos tradicionales hacer eso, de modo que los residentes se interesan rápidamente”, reconoció. A través de esta interacción -una conversación constante entre la comunidad y los periodistas- los residentes aportan ideas para historias futuras. “La gente es nuestro termómetro”.

Fala Roça Distribution Photo by Kita Pedroza

Distribución de Fala Roça. (Foto: Kita Pedroza)

Es difícil calcular el número exacto de periódicos que han surgido en las favelas de Río de Janeiro debido a su desarrollo informal y a la falta de investigación sobre el tema. Su impacto, sin embargo, es obvio, al menos a nivel local. Pero, a veces, este impacto crece más allá de la favela misma.

Michele Silva, hermana de Michel y también periodista, recuerda el poder de su periodismo local cuando rememoró para LJR el que parecía un día normal de distribución de periódicos en 2013.

Luego de tomar fotografías mientras repartía los diarios, Michele fue cuestionada unas semanas después por la familia de un hombre desaparecido que había aparecido en sus fotografías. El hombre era un albañil de nombre Amarildo, quien había sido asesinado por agentes de las Unidades de Policía Pacificadora, conocidas como UPPs.

“Fue ahí cuando me di cuenta de cómo nuestro trabajo podría cruzarse con el día a día de los habitantes y cómo yo no era solo una local, sino también una periodista”, recordó Michele.

Su hermano señaló que la foto circuló a nivel mundial y ayudó a contrarrestar la narrativa inicial de que Amarildo era cercano a narcotraficantes. Los oficiales de la Policía habían incluso tratado de atribuir el asesinato a narcotraficantes mediante sobornos a testigos.

Historias como esa, aunque importantes, no son el contenido más frecuente de estos periódicos comunitarios.

Además de noticias duras, también abarcan periodismo de servicio, el cual es especialmente urgente en una comunidad con cerca de 6.529 emprendimientos comerciales, de acuerdo con el Censo Económico de 2010. Estos emprendimientos, muchos de ellos informales y sin acceso a recursos de marketing, no tienen medios locales y formas de publicitarse dentro de la favela.

Esas historias van de grandes negocios, como la inauguración de un centro comercial, a emprendedores individuales como Johnny Batidas, un barman de smoothies que vende sus bebidas en la playa de São Conrado.

También son necesarios los perfiles de residentes para retratar la frecuentemente olvidada historia oral de la favela, iluminando su rica tapicería de cultura, historias y tradiciones.

Página inicial de Maré de Notícias. (Captura de pantalla)

El periódico Maré de Notícias (Noticias de Maré) lleva un camino similar que el de Fala Roça. Dentro de Maré, uno de los complejos de favelas más grandes de Río de Janeiro (que agrupa 16 favelas), el periódico comunitario también tiene un abordaje local distinto, mediante la distribución de su versión impresa a 50 mil residentes, sin costo y de persona a persona.

Dani Moura, cofundadora del medio, dijo a LJR que una investigación interna mostró que su periódico era la principal fuente de noticias de un grupo numeroso de residentes.

“Hay mucha gente que no tiene otra fuente de información fuera de nuestro periódico”, dijo. La edad promedio de los lectores de su versión impresa es de arriba de 45 años.

A diferencia de Fala Roça, Maré de Notícias tiene el respaldo institucional de una reconocida ONG, Redes da Maré, pero la publicación todavía tiene muchos de los mismos problemas que otras iniciativas de medios comunitarios.

Debido a la histórica falta de financiamiento, incluso periódicos exitosos como Fala Roça y Maré de Notícias tienen brechas cronológicas en la impresión de sus ediciones. Han experimentado el pasar a ser medios totalmente en línea durante periodos de tiempo, para luego lanzar números mensuales o bimestrales con el fin de diluir los costos de impresión.

En realidad, estas publicaciones impresas tienen una razón más restrictiva para existir: el acceso a internet en las favelas no es universal ni barato de conseguir. Pese a que los residentes jóvenes están notoriamente hiperconectados, la conectividad todavía está en la zona gris. El internet de 3G y 4G es ineficiente en 43 por ciento de los hogares en las favelas, de acuerdo con el Instituto Locomotiva.

El mismo instituto, durante una transmisión en vivo sobre infraestructura de telecomunicaciones, afirmó a través de su presidente, Renato Meirelles, que la calidad del internet ayuda a diferenciar entre ricos y pobres en Brasil.

“En todos nuestros estudios, o la falta de tecnología apareció como un problema, o la tecnología apreció como una solución. Muchos de los habitantes de la favela tienen acceso a internet cuando están en la periferia de la favela, no cuando están en casa. Mientras que los más ricos tienen computadoras en 83 por ciento de sus casas. Ese número cae a menos de 20 por ciento entre los habitantes de las favelas. Todo el mundo tiene teléfonos inteligentes, pero para 86 por ciento de los que tienen un celular de prepago, su plan se termina antes del periodo programado”, destacó.

Los datos están respaldados empíricamente, ya que Moura explicó que realmente hay muchas zonas de Meré donde no se puede acceder a internet. Incluso su sala de redacción sufría de una mala conectividad. Para resolver este problema, contrataron un proveedor con experiencia operando en Rocinha, afortunadamente con buenos resultados.

Cuando la pandemia por COVID-19 inició en 2020, tanto la conectividad como el periódico físico se volvieron todavía más importantes, incluso a veces cuestión de vida o muerte, dado que el virus golpeó a las favelas más fuerte de lo que lo hizo en 121 países. Para prevenir más reuniones y contacto cercano entre los residentes y el equipo de distribución, Maré de Notícias decidió suspender el uso de la versión impresa por algunos meses y, en su lugar, usaron carteles informativos sobre murales para llegar a los residentes.

Lambe-lambe, a kind of poster, was used instead of the printed version of the newspaper

El lambe-lambe, un tipo de cartel, fue usado en lugar de la versión impresa de Maré do Notícias. (Foto: Cortesía)

Otra forma de innovación es el fact-checking. En octubre de 2020, Agência Lupa, una de las agencias más notables de verificación de datos de Brasil, se alió con Maré de Notícias con el fin de ayudar a detener la distribución de noticias falsas, especialmente durante la crisis del COVID-19.

Esta experiencia ha sido usado también para aclarar desinformación sobre operaciones policiales que surge en redes sociales, lo cual proporciona a los locales (y a los medios) una imagen clara de lo que realmente sucede dentro de Maré.

Otro ejemplo notable de innovaciones provistas por estos periódicos son las investigaciones de datos centradas en las favelas.

El equipo de Fala Roça escribió un reportaje sobre cómo mujeres sin ingresos han sido las más afectadas por la pandemia en Rocinha debido al número de empleos informales -sobre todo trabajo doméstico- que fueron recortados a causa de las restricciones en el transporte. La historia se basó en datos alrededor de donaciones entregadas a la comunidad por Fala Roça.

Durante la crisis del coronavirus, Michele Silva y sus colegas también tuvieron la idea de verificar los números de vacunación en Rocinha, especialmente la tasa de retorno. Encontraron que casi la mitad de la gente que recibió la primera dosis no regresó por la segunda.

Este tipo de abordaje centrado en datos, sin embargo, no se enfoca solo en historias sobre la pandemia. También se apunta a problemas estructurales. Michel Silva mapeó todos los botes de basura distribuidos en la vía principal que conecta a Rocinha con sus vecinos de alto ingreso. En Rocinha se registró uno, mientras que en las otras zonas, 17.

Periodistas comunitarios cada vez más buscados

Periodistas comunitarios que viven o trabajan dentro de las favelas de Río, como Moura o los Silva, caminan sobre una delgada línea al realizar su trabajo diario y al encontrarse con suposiciones tanto de los habitantes como de las personas fuera de la comunidad.

“Incluso los residentes todavía no están acostumbrados a ver periodistas que viven y trabajan en la favela. De modo que les tomó tiempo entender que yo era uno. Siempre tienden a imaginarse a alguien de los medios conocidos”, dijo Michel Silva.

El reportero de 27 años compara las reacciones de los residentes de la favela con las de sus colegas.

“En muchos casos, ellos [periodistas fuera de la favela] nos utilizan solo para pedir ayuda sin considerar que también somos periodistas”, dijo. “Y muchos no saben cómo diferenciar la ayuda puntual de la asistencia en producción. Además, ellos suelen no entender que luego de que su historia se publica, yo me quedo en Rocinha y ellos se van a casa”.

El panorama de medios comunitarios genera un tipo muy particular de periodista, con un entendimiento especial que el famoso activista de derechos humanos Raull Santiago alguna vez llamó “ruologia” (“callelogía”).

“Los comunicadores de las favelas circulan la ciudad entera, así que poseen un modo de comparación, de entender la dinámica urbana de forma más amplia, con base en menos preconceptos”, dijo a LJR Theresa Williamson, directora ejecutiva fundadora de una ONG que publica el sitio de vigilancia y servicio de noticias sobre favelas RioOnWatch. Para ella, los periodistas que viven y trabajan en las favelas deberían ser todavía más integrados a los medios de comunicación para ayudar a conducir nuevas perspectivas y narrativas en los medios tradicionales.

Este proceso ya está sucediendo. Moura está intentando impulsar nuevos talentos en Maré de Notícias a través de talleres e iniciativas, dado que muchos de sus exalumnos terminan siendo llamados a trabajar a medios más tradicionales.

“Definitivamente tenemos una escasez de mano de obra en esta área. Se me dificulta mantener a estos profesionales por más de seis u ocho meses”, dijo.

Para Thais Cavalcante, una periodista independiente con formación en periódicos comunitarios y cuyos trabajos se han publicado a nivel mundial, la estructura del periodismo comunitario la hizo una mejor periodista.

“Mi trabajo nació de un trabajo colaborativo, de lucha por la democratización de la comunicación, escribiendo con propósito”, contextualizó. “Comencé sin dinero y sin entrenamiento. Me reconocí como perteneciente al lugar donde nací y viví a causa del periodismo. Aprendí que es posible comenzar la práctica antes de la teoría. Entendí sobre el otro, sobre el significado real de la palabra empatía. Me volví más consciente de la realidad, una mejor oyente y con una visión más local, incluso si el impacto de la noticia es nacional o global”.

 

Este artículo fue escrito originalmente en portugués y traducido por César López Linares.

Más artículos