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Cambios, desafíos y estrategias para mujeres fotoperiodistas independientes en Perú en tiempos de pandemia

Ha pasado medio siglo desde que la mujer se iniciara en el fotoperiodismo en Perú. Ha vencido retos, registrado convulsiones y cambios sociales, ganado espacios y derechos laborales. Hombro a hombro, ha peleado cada foto con hombres.

Sin embargo, a nivel mundial, solo 15% de fotoperiodistas son mujeres, según un estudio de 2015 de Reuters Institute y World Press Photo. De los encuestados, 72% de mujeres fotoperiodistas dijeron trabajar como independientes.

Una encuesta de 2020 a 105 mujeres fotoperiodistas en Perú encontró que la fotografía representaba la fuente principal de ingresos solo para el 48%. El mayor reto para la mayoría de las encuestadas (61%) es tener más oportunidades laborales para mujeres periodistas, según la encuesta de Revelarse: Colectiva de Fotógrafas en Perú.

La pandemia de la COVID-19 en el país andino que a nivel mundial registra el mayor exceso de muertes por millón de habitantes según el Financial Times, ha significado que jóvenes fotoperiodistas independientes vean muy cambiado el escenario laboral. A ello se suma que, por ser mujeres, su trabajo se afecta entre prácticas que pueden precarizar su labor. Asimismo, las jóvenes fotoperiodistas vienen creando espacios colectivos con impulso y motivación en estos tiempos de cambios para generar nuevas narrativas y plataformas.

Tres fotoperiodistas independientes conversan con LatAm Journalism Review (LJR) sobre los cambios en esta nueva normalidad laboral.

Leslie Moreno fotoperiodista peruana

Fotoperiodista Leslie Moreno dice: “Viajar implica invertir en tus implementos de seguridad para prevenir contagio de la pandemia”. (Foto: Cortesía)

“Las fotoperiodistas independientes venimos reflexionando sobre la dinámica que significa trabajar en estos tiempos de pandemia y los cambios que se vienen realizando y que vivimos hoy”, declaró la fotoperiodista Leslie Moreno a LJR. “No tenemos seguros o beneficios. Viajar implica invertir en tus implementos de seguridad para prevenir contagio de la pandemia que de realizarse en el país, si por ejemplo vas a Loreto, zona de selva cercana a frontera con Brasil, allí no hay hospital con cama UCI, oxígeno ni nada”.

“Lo que está sucediendo es que las coberturas de información en el lugar de los hechos las realiza sobre todo quien registra las imágenes, las fotoperiodistas, nosotras”, añadió. “Los redactores reportan desde sus oficinas o casas, no son ellos quienes salen a cubrir la información, estamos reporteando solas: cubrimos llevando datos, realizamos las entrevistas y recogemos testimonios del lugar, aportamos produciendo información”.

Moreno, egresada de periodismo con estudios de Maestría en antropología visual en la Universidad Católica, quien tiene interés en trabajar los temas de conservación, derechos humanos y pueblos originarios, ha tenido que postergar proyectos por la dificultad de acceso a las poblaciones vulnerables en Lima o en regiones, un panorama que se ha generalizado para la mayoría de independientes.

Sobre estos cambios en la cobertura que vienen realizando muchas veces solas las fotoperiodistas, Angela Ponce, fotoperiodista que trabajó durante 4 años para diversos diarios en su país, tiene una opinión similar: “Esta práctica ya se venía realizando antes de la pandemia, se ha vuelto costumbre que los redactores te envíen por WhatsApp sus preguntas, tú las grabas, el redactor sigue la noticia o cobertura por televisión, y se le provee los números de teléfono para que pueda comunicarse con las fuentes o entrevistados. El o la fotoperiodista lleva fotos, videos, información periodística, la redacción se hace desde casa sobre todo u oficina, todos en promedio somos jóvenes”, precisó la fotoperiodista.

Sin embargo, parte de esta nueva normalidad también ha sido acelerar aprendizajes y la necesidad de tener que intervenir en los procesos mismos, aspecto que viene siendo un reto para las profesionales independientes.

Fotoperiodista Florence Goupil trabaja en Ancahuasi

Fotoperiodista Florence Goupil trabaja en Ancahuasi. (Foto: Cortesía)

Florence Goupil, fotógrafa franco-peruana, narró que desde niña ya cubría imaginariamente como periodista los relatos de guerra que leía de Arturo Perez-Reverte y que inició sus reportajes gráficos fotografiando a comunidades shipibo-conibo en la Amazonía peruana. Ella comentó a LJR que todo este proceso se ha convertido en un reto mayor.

“Ahora, conforme avanza la profesionalización, manejas más los procesos propios de tu trabajo, la edición, narrativa, el retoque. La elección, si quieres trabajar en blanco y negro, es indistinta en estos tiempos, no hay un estándar”, dijo. “El desarrollo de una narrativa hace que te conozcan por una manera particular de comunicar ciertos temas, por ejemplo, a partir de mi trabajo con la comunidad shipibo-conibo, otros medios me han pedido que incluya en mi registro la naturaleza, las plantas, el entorno. Creo que cada quien debe tener un proceso personal de encontrar los formatos que quiere trabajar, eso puede cambiar, en mi caso, soy muy tradicional, trabajo con las fotos y los audios, la oralidad”.

Desafíos de ser mujer fotoperiodista antes y durante la pandemia

Transitar en un escenario de medios impresos, sobre todo nacionales y tradicionales, les ha hecho ver a las fotoperiodistas cómo ha disminuido la presencia de mujeres en las áreas gráficas de los medios impresos tradicionales en Perú.

Moreno cuenta cómo compartiendo comisiones con mujeres fotoperiodistas de medios hace algunos años, recibió consejos de que no se dedique al fotoperiodismo, que mejor sea periodista. Ella ya veía la disminución de mujeres fotoperiodistas en los medios impresos tradicionales, lo que le llevó a plantearse que quizá lo suyo era aportar como independiente en temas o historias que sean narradas desde la vivencia de las mujeres.

A inicios de la pandemia, quedó inconcluso un registro fotográfico de retratos que Moreno realizaba a jóvenes de diversos lugares de la periferia de Lima, a quienes sus madres buscaban un tratamiento de cannabis para sus dolencias o enfermedades. Moreno intentó el reto de hacer un seguimiento en fotos a distancia con celular, para que sean las propias madres las que fotografíen con sus indicaciones. Solo en un caso fue posible. Retomó luego el proyecto y ella hizo las fotos. Considera que debemos plantearnos diversas maneras y estrategias que quizá otras fotógrafas ya estén aplicando o se hayan realizado, para seguir comunicando desde las imágenes con una mirada de género.

Las tres fotoperiodistas coinciden en señalar que en su país la tendencia en medios tradicionales impresos, cuando hay que reducir personal, es no solo reducir la presencia de mujeres. Las coberturas para las pocas que quedan en las redacciones, se vuelven de muy poca trascendencia o importancia frente a los demás acontecimientos informativos cubiertos por sus pares hombres, dijeron.

Esta visión es muy opuesta a lo que las fotoperiodistas encuentran como total apertura de parte de los medios de prensa extranjera y agencias de noticias.

Angela Ponce así lo describe en los cuatro años que laboró para medios de su país donde en muy pocas ocasiones se encontró durante coberturas con mujeres fotoperiodistas trabajando para medios de prensa nacional.

“En un medio donde trabajaba, una vez tenían que acreditarme para cubrir fútbol. El editor de mi área sugirió que me acrediten, pero le dijeron que no, que vaya alguien de peso. Entonces acreditaron a un hombre. Para mí era normalizado que como mujer, ya sabía qué comisiones no me iban a dar”, dijo. “De alguna forma, me cansé de pensar en la apertura de los medios tradicionales cuando en las marchas de finales del año pasado no me dieron esas comisiones por ser mujer, mientras que en medios de prensa extranjera me decían si querían que cubra. Ellos y las agencias de noticias de fuera sí tienen la práctica de dar importancia a la mirada de una mujer fotoperiodista, tienen una mayor apertura”, señaló.

Y no solo se trata de la mayor apertura, sino de las mejoras y las circunstancias laborales que también medios extranjeros vienen dando a sus colaboradoras, dijeron.

Ponce, al inicio de la pandemia, no tenía muchas coberturas. Sin embargo, en estos meses sí ha crecido la demanda y también han mejorado las condiciones laborales e ingresos: algunas agencias de noticias proveen un bono de riesgo además de la tarifa del trabajo por día. Ha tenido meses en que ha realizado pocas coberturas y otros, como estos tres últimos meses, que equivalen a un ingreso anual.

Fotoperiodista Ángela Ponce trabaja en campo en Perú

Fotoperiodista Angela Ponce dice: “De momento, trabajar sola, como ventaja, me permite decidir en libertad”. (Foto: Cortesía)

“Soy soltera, pero si tuviera una carga familiar o tuviera que pagar un seguro por mi equipo fotográfico o me enfermara o mi equipo fotográfico estuviera en riesgo, la inversión sería mucho mayor”, dijo. “De momento, he tenido que mudarme a vivir sola por no poner en riesgo a mis padres, no todo es ganancia, tengo que mantener protocolos, pruebas. Me imagino, claro, como fotoperiodista mujer, si tuviera familia, tendría que priorizar el riesgo por los míos, hijos, familia. De momento, trabajar sola, como ventaja, me permite decidir en libertad”, puntualizó.

Florence Goupil también destacó no solo la apertura de la mirada de género por parte de medios de prensa extranjera donde colabora, sino también la necesidad mutua de que esta mirada esté presente en los reportajes específicamente sobre temas de género.

“Hace poco, tuve que retratar en Cusco a mujeres esterilizadas durante el gobierno de Fujimori, para Le Monde, un medio que sí reconoce que existe una mirada femenina. Teníamos que ser mujeres quienes hiciéramos fotos y texto”, dijo Goupil a LJR. “Este proceso aquí en Perú es muy lento, y si a ello se suma el acceso a la educación de mujeres que en regiones quieren ser fotoperiodistas, los espacios de educación y sus costos son elevados, no es posible acceder a ello a mujeres del interior del país que quieren educarse. También se presenta un panorama donde los medios de fuera están teniendo más apertura al pedir fotoperiodistas para que hagan sus coberturas en las propias regiones, ya no sucede que es el mismo blanco que tiene que venir de fuera para hacer la foto”.

Esta nueva generación de fotoperiodistas independientes  tiene el reto de visualizar un futuro que, pese a todo, les permita ver que pueden dedicarse al fotoperiodismo. Goupil comenta que no conoce muchas fotoperiodistas de su generación que sean madres, algo que sí ve en otros países con mayor apertura. Cuenta que una colega en Chile ha podido laborar teniendo un hijo de 2 años, el medio la ha entendido.

De acuerdo a la encuesta de 2020 de Revelarse: Colectiva de Fotógrafas en Perú, solo 15% de las mujeres fotoperiodistas dijeron ser madres.

Colectivos, plataformas, redes sociales, convocatorias y financiamientos: la búsqueda por vivir de la pasión

Se ha convertido en un signo de estos tiempos, el aprovechamiento de los medios digitales y plataformas para generar ingresos como para difundir la imagen y proyectos que van encontrando forma a medida que los colectivos de mujeres fotoperiodistas en todo el mundo se van articulando, comunicando y sosteniendo, además de ser un soporte profesional y emocional. Ser mujer, joven y fotógrafa muchas veces significa menos oportunidades iniciales, en lo que observa Goupil.

“Esta generación, tiene pocos referentes, al tener que salir en busca de un espacio laboral, los padres de jóvenes que quieren forjarse en el fotoperiodismo aún tienen estigmas: no les dará recursos a sus hijas, piensan que es un medio muy inseguro, es mejor que les acompañe un hombre a sus trabajos”, dijo. “Aún vivimos dificultades como el acoso laboral, difícil hablarlo y buscar lo justo cuando además se trata de una persona en un rango superior a ti, piensas ‘¿quién te va a creer?’. Por eso, la necesidad de tener espacios de diálogo como los colectivos, donde hablamos entre nosotras también este tipo de problemas, con perspectiva a futuro de brindar talleres”.

El Instagram es hoy el espacio ideal de encuentro para estas mujeres que incursionan en la profesión. Ha generado compartir intereses comunes. Allí difunden sus trabajos, generan más empatía y entre ellas aportan para el contenido de sus proyectos, facilitan la difusión y promueven nuevas narrativas. La sinergia aporta a una mejor presentación de sus propuestas, todo un enriquecimiento para ellas. Para Moreno, estas plataformas de encuentro resultan muy relevantes para mujeres fotoperiodistas, donde una mujer entiende más a otra mujer en sus circunstancias y las situaciones que está viviendo.

Esta red social también viene retribuyendo a las fotoperiodistas mejores perspectivas laborales como es el caso de Ponce, quien valida más el uso de Instagram como un espacio de autopublicidad.

“Funciona como un portafolio, lo visitan más que tu propia página web. En esta plataforma no publico temas personales, es un enfoque profesional”, dijo. “Mientras más publicas lo que haces, tienes más oportunidades de que te llamen. También es importante destacar cuando estás de viaje, en qué lugar te encuentras, así te pueden decir para que realices algún registro en ese lugar. He dejado de usar el Facebook”, puntualizó.

El uso de Instagram a manera de portafolio también es destacado por Goupil, quien consideró que la mayoría de editores de medios lo ven así. Es importante producir buenos textos, trabajar los pies de foto en la plataforma, que sea bien detallado sobre los hechos, escribirlos en inglés, español. Pero, indistintamente a cómo los presenten, es prioridad no olvidar el objetivo, la motivación, el lenguaje personal, humano, cómo los representan y cuentan.

Un aspecto que se debe destacar dentro de la organización e idea de trabajo en conjunto entre fotoperiodistas es el crecimiento de colectivos de fotografía como @Revelarse, de Perú, o en @RudaColectiva, de Latinoamérica. Goupil y Ponce son parte del equipo de Revelarse.

Para las fotoperiodistas, los colectivos son un estallido o una respuesta a la creciente necesidad de visibilizar su situación y tener más oportunidades laborales. Las jóvenes que son madres y no encuentran trabajo por no tener dónde o con quién dejar a sus hijos, o por vivir en regiones alejadas de la capital, no son conocidas y tienen que dedicarse a hacer otro tipo de fotografías. En estos colectivos tienen el espacio para hacer visible su narrativa o encontrar oportunidades laborales y crecer junto a sus compañeras compartiendo sus experiencias.

Para Ponce, los colectivos son un medio de constante renovación y búsqueda de oportunidades que se presentan en el entorno virtual, algo ideal para acceder, por ejemplo, a la revisión de portafolios.

En tiempos aún inciertos y de mucho cambio y flujo de imágenes e información, las fotoperiodistas independientes coinciden en señalar la urgencia de buscar fuentes de financiamiento. Ellas hacen búsquedas constantes en las páginas que realizan convocatorias sobre proyectos de fotografía y envían sus postulaciones.

“Están en redes, puedes acceder a verlas, el inconveniente es el idioma, la mayoría en inglés, quizá por eso muy pocos postulan o puede resultar cansadora la comprensión de cómo aplicas o presentas el tema que quieres desarrollar”, finalizó Ponce.

El fotoperiodismo tiene la labor de visibilizar la cruda realidad en este contexto de pandemia que lleva ya más de 3 millones de muertos. Las fotoperiodistas mujeres están teniendo la doble misión de mostrar imágenes duras y la humanidad en medio de esta coyuntura. La necesidad de crear colectivos de intercambio, diálogo y apoyo mutuo está fortaleciendo la labor colaborativa de las mujeres fotoperiodistas en Perú, como también lo hace saber la Asociación Nacional de Periodistas (ANP) en su evento “Mujeres periodistas frente a la pandemia”. Que la fortaleza sea no olvidar por qué estamos haciendo estas fotos, lo que contamos y representamos, nuestra responsabilidad, dijo Goupil.

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