La periodista y experta en periodismo digital española Carmela Ríos comparte cinco consejos para filtrar, organizar y analizar el caos informativo de las redes sociales para encontrar historias de valor periodístico.
En las redes sociales, la información circula en condiciones que desafían las prácticas tradicionales del periodismo. La velocidad con la que se publican contenidos, la enorme cantidad de estos y la variedad de formatos configuran un entorno complejo de navegar, dijo Carmela Ríos, periodista, profesora y consultora en comunicación digital española.
Para Ríos, los periodistas que buscan usar las redes sociales como fuente de historias enfrentan el reto no solo de encontrar información relevante, sino de saber organizarla y analizarla bajo los criterios adecuados.

Carmela Ríos documentó en su libro lo que ha practicado durante más de una década haciendo periodismo con las redes sociales. (Foto: Tendenci@s+)
En su nuevo libro, “Las redes sociales como fuente informativa: estrategias para convertir información dispersa en historias con fundamento”, publicado en colaboración con el newsletter especializada en medios y contenidos digitales “Tendenci@s”, Ríos propone una serie de prácticas para que los periodistas se adentren en el universo de las redes sociales de forma más sistemática.
La autora, quien escribe sobre redes sociales en el diario español El País y ha sido galardonada por sus coberturas en estas plataformas, dijo que el libro partió de su deseo de documentar el método de trabajo que ha venido aplicando durante más de una década para gestionar y ordenar los flujos de información digital.
“No se trataba de hacer teoría, sino de compartir lo aprendido”, dijo Ríos a LatAm Journalism Review (LJR).
A continuación presentamos cinco recomendaciones clave de Ríos para utilizar las redes sociales en tu proceso de reporteo.
Uno de los errores más comunes al usar las redes sociales como fuente es hacerlo de forma pasiva, dejando que los algoritmos decidan qué información se ve, dijo Ríos. Esta práctica, agregó, limita el acceso a un caudal mucho más amplio y diverso de contenidos.
“La consulta algorítmica es anti periodística”, dijo. “Ese es el gran error: pensar que hacer un scroll con tu móvil [...] es una forma suficiente de consultar las redes sociales. Yo creo que es empobrecedor”.
Frente a esto, Ríos propone un enfoque activo: que sea el propio periodista quien determine qué quiere ver y cómo quiere verlo mediante la creación de una experiencia de usuario específica, a partir de cierta manipulación de los algoritmos.
En la práctica, dijo Ríos, esto puede traducirse en la creación de listas, en el caso de X (antes Twitter) y Bluesky, la selección deliberada de perfiles de diversas ideologías o incluso la creación de cuentas configuradas para observar determinados ecosistemas informativos.
“Para las próximas elecciones en Estados Unidos, imagínate una lista donde estén todas las personas relacionadas con [el presidente] Trump, pero también activistas, influencers e incluso bots”, dijo. “Es una experiencia que te aporta mucha más información sobre cómo se está desarrollando esa campaña electoral”.
Entrar a cualquier red social es como entrar a una selva por la que hay que ir abriéndose paso con un machete, cortando la “maleza” de contenido irrelevante o incluso nocivo, para encontrar algo de valor periodístico, dijo Ríos.
En un entorno saturado de información como ese, el orden es la clave central para el trabajo periodístico, agregó.
“La palabra mágica para trabajar en un entorno tan caótico como las redes, para mí es el orden: buscar siempre la forma de ordenar la información en función a un determinado criterio, que puede ser un criterio temático, geográfico, etcétera”, dijo. “Yo creo que para salir del factor casualidad de ‘me tropecé con una historia’, lo que tenemos que hacer es ordenar”.
Al aplicar este enfoque, los periodistas pueden detectar patrones, reconocer tendencias e identificar potenciales historias de valor periodístico, dijo Ríos.
Las listas que ofrecen X y Bluesky son las mejores herramientas para ordenar la consulta en redes sociales, aunque en cada red existen estrategias para ordenar la información, dijo.
En un entorno donde la información circula de forma constante y sin filtros claros, Ríos plantea una regla inicial: desconfiar. Si un contenido en redes sociales no proviene de una fuente identificable, como un medio o un periodista reconocido, lo más prudente es no asumir su veracidad de entrada, dijo.

Ríos escribe sobre redes sociales para el diario español El País y ha sido reconocida por su cobertura en estas plataformas. (Foto: Tendenci@s+)
Este no es un enfoque radical, sino que responde a un cambio en el ecosistema informativo en el que la avalancha de contenidos ha superado la capacidad de las organizaciones de fact-checking, dijo Ríos.
“Aunque los organismos de verificación siguen siendo imprescindibles, se han visto superados por otra nueva necesidad, que es la de que todos los periodistas o los profesionales de comunicación sepan trabajar con estas herramientas [de verificación] y, sobre todo, que sepan aportar contexto periodístico a los hechos de desinformación”, dijo.
Ríos recomienda comenzar por analizar el origen de la información dudosa. Revisar quién publica, cómo lo hace y qué historial tiene esa cuenta (publicaciones anteriores, cambios de nombre, localización, etcétera) puede ofrecer pistas clave sobre su credibilidad.
En su libro, Ríos menciona una serie de herramientas digitales a las que los periodistas pueden recurrir para profundizar en la verificación, que van desde plataformas para la búsqueda inversa de imágenes y tecnologías de reconocimiento facial, hasta sistemas capaces de detectar contenido generado con IA.
“Todo eso nos aporta contexto, para poder decir ‘esto es mentira y quien lo ha puesto aquí es tal persona, y lo ha hecho por esta razón’”, dijo. “O sea, hacer de la desinformación información”.
En redes sociales, el valor informativo no siempre está en lo que ya es viral, sino en aquello que empieza a emerger, dijo Ríos. La experta señaló que una de las principales ventajas de trabajar en estos entornos es la posibilidad de identificar tendencias antes de que lleguen a los medios tradicionales.
Esto ocurre cuando ciertos temas, enfoques o narrativas comienzan a repetirse en múltiples cuentas o comunidades. Para ello, los periodistas pueden recurrir a herramientas que ayudan a monitorear tendencias, ya sea dentro de las mismas plataformas o a través de recursos externos, y seguir la evolución de esos temas.
Pero más allá de las herramientas, Ríos subrayó la importancia que tiene la forma de organizar la información para poder anticiparse a las tendencias.
“Por experiencia sé que cuando ordenas la información, esa sensación de anticiparte a lo que viene es mucho más intensa. Te anticipas, te enteras de las cosas antes que los demás”, dijo. “Y cuando eres periodista, esto es un valor para tu trabajo”.
Ríos agregó que cuando el periodista trabaja con flujos ordenados, por ejemplo, agrupando fuentes por tema o área de cobertura, resulta más fácil detectar señales tempranas de tendencias. Por eso, dijo, recomienda estar pendiente de la aparición de “algo que llama la atención y que empieza a repetirse, o que empieza a replicarse”.
El hecho de que las redes sociales sean una herramienta tanto profesional como de ocio abre el riesgo de perder el foco, dijo Ríos. Aunque no es una regla estricta, recomienda contar con una cuenta profesional (o varias) diferente a la de uso personal.
Tener cuentas exclusivamente para fines profesionales permite también crear perfiles distintos para jugar con los algoritmos y que éstos desplieguen información diferente, dijo Ríos.
“Imagínate que detectas que hay mucha conversación sobre un tema pero a tu cuenta personal no te está llegando”, dijo. “Entonces educas a [el algoritmo de tu] perfil profesional siguiendo a muchas cuentas que estén hablando sobre ese tema, dando likes, para ver qué información te ofrece el algoritmo, para ‘cazar’ otro tipo de información”.