Pablo Piovano, en un proyecto independiente, documentó el impacto de los agroquímicos en niños y trabajadores de zonas rurales de Argentina.
La primera vez que el fotógrafo Pablo Piovano empezó a retratar los efectos reportados de los agroquímicos en Argentina fue en 2014. En ese momento trabajaba como reportero gráfico para el medio Página 12 y había ido a cubrir un Congreso liderado por la Red de Médicos de Pueblos Fumigados – una de las pocas voces que para entonces denunciaba con fuerza, pero con poco impacto, los efectos que tenían las fumigaciones en niños y población que atendían.
En el congreso, Piovano escuchó a una maestra rural narrar cómo la escuela en la que trabajaba era fumigada y cómo los niños sufrían efectos tanto física como emocionalmente.
“Fue tan contundente lo que contó, que quise ir a verla en Entre Ríos”, dijo Piovano a LatAm Journalism Review (LJR).
El primer viaje que hizo fue a 400 kilómetros de su casa en Buenos Aires, específicamente a la casa de Fabián Tomasi. Tomasi es considerado no sólo en Argentina sino en el mundo uno de los más grandes activistas en contra del uso de agroquímicos. En 2005 Tomasi trabajó para una empresa de fumigación aérea abriendo los envases de químicos y ponerlos en agua para así abastecer los aviones encargados de fumigar los campos sembrados de soja. Tomasi fue diagnosticado con polineuropatía tóxica metabólica severa que le ocasionó la muerte en 2018.
“Fabián dio su vida, su cuerpo, un cuerpo muy lacerado, su fisonomía nos podía recordar los campos de concentración nazi”, dijo Piovano. “Y de alguna manera, los campos argentinos son campos de exterminio con el uso masivo de químicos”.

Aquí retratado en Entre Ríos, Argentina, Fabián Tomasi fue 'un símbolo mundial de la lucha contra los agroquímicos', según informó el fotoperiodista Pablo Piovano. (Foto: Pablo Piovano)
Con sus propios recursos y en su auto, Piovano duró el mes que tenía de vacaciones recorriendo al menos 1.500 kilómetros por diferentes pueblos donde encontró “un escenario muy duro”. A Piovano le impactaron los niños postrados y los muchos casos oncológicos que sufrían niños y adultos. Todos coincidían, dijo, en que se encontraban justo al lado de los campos de cultivo.
Este fue el inicio de un camino de casi 10 años – Piovano volvió la última vez al lugar el año pasado – en el que centenares de familias le abrieron sus puertas para que retratara especialmente a personas que denunciaban ser afectadas directamente por los químicos con los que se fumigan los campos y que este año le valieron el reconocimiento World Press Photo en la categoría Long Term Projects (proyectos a largo plazo) en la región de Suramérica.
“Lo que sucede con estas historias donde aparece el dolor, que no es nuestro dolor, es el dolor del otro […] es que a lo largo del tiempo hay un aprendizaje a caminar por una línea muy finita donde hay que tener cierta entereza […] para no quebrarse. Pero al mismo tiempo hay que tener la sensibilidad para poder contar con dignidad todo lo que se nos muestra”, dijo Piovano. “Se nos está abriendo lo más íntimo”.
Imágenes como símbolo de resistencia
La producción agrícola de Argentina cambió en 1996 cuando el país aprobó el primer cultivo transgénico: soya resistente al herbicida glifosato. La aprobación en el Congreso siempre ha sido señalada por irregularidades como que el debate se dio en la madrugada o que los documentos en inglés proporcionados por empresas interesadas en el tema como Nidera y Monsanto establecían que el glifosato era inofensivo, dijo Piovano. En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, que forma parte de la Organización Mundial de la Salud, clasificó el glifosato como “probablemente cancerígeno para los humanos”. El herbicida incluso ha sido prohibido o restringido en algunos lugares; sin embargo, su uso está aprobado en muchos países. Aun así, es sólo uno de los agroquímicos que se encuentran bajo escrutinio a nivel mundial.
Para 2022, Argentina lideraba en el mundo el uso de agroquímicos. Según cifras del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina, publicadas por editorial Sudestada, en el país se vertían anualmente 580 millones de litros de agroquímicos sobre territorios y poblaciones. Eso significa, que por cada habitante se aplican casi 13 litros de agroquímicos al año.Cuando regresó a Buenos Aires después de ese primer viaje, Piovano encontró muy poco espacio en los medios para publicar sus fotografías y en general para denunciar los efectos que tenían los agroquímicos en las personas.

El fotoperiodista Pablo Piovano documenta a la madre argentina Cándida Rodríguez junto a su hijo, Fabián Piris, quien padece hidrocefalia. Durante su embarazo, Cándida manipuló agroquímicos en plantaciones de tabaco, una práctica vinculada a elevadas tasas de defectos congénitos. Piovano informó que, a lo largo de la Ruta Nacional 14, las comunidades rodeadas por fumigaciones agrícolas intensivas registraron más de 1.200 casos de defectos congénitos. (Foto: Pablo Piovano)
En el 2014, este tema no estaba en la agenda de muchos medios. Las imágenes que había tomado le “pesaban” a Piovano. Por eso, para lograr su difusión, buscó una primera subvención que le permitió volver a los campos argentinos y logró ser invitado a un festival en Italia para difundir sus fotos.
A partir de allí y ya como freelance, Piovano se dedicó a este tema. Por un poco más de siete años viajando constantemente por la famosa Ruta 14, que desde Buenos Aires llega hasta Misiones, casi en el límite con Brasil. Ha recibido diversos reconocimientos que a su vez le han permitido darle continuidad al trabajo como los de la Fundación Philip Jones Griffiths y la Fundación Manuel Rivera Ortiz. En 2017 publicó el libro “El costo humano de los agrotóxicos” y ha realizado diferentes exposiciones en países como Argentina y México.
Darle seguimiento a los agroquímicos, dijo, siempre ha ido acompañado de otras disciplinas como la ciencia y los médicos, quienes “tuvieron que hacer el rol de denunciantes antes que los periodistas”. Aunque aclara que no fue el primero en cubrir este tema, muchos colegas llevan años haciendo seguimiento.
El poder de ser testigo

World Press Photo reconoció al fotógrafo argentino Pablo Piovano por su trabajo documentando los efectos de los agroquímicos. (Foto: Sebastián Beláustegui)
El cambio, dijo Piovano, está en que ahora hay más espacio en los medios – él mismo ha publicado en algunos como la revista Rolling Stone – y en que al menos se discute del tema.
“No puedo dejar de verla”, dijo Kira Pollack, presidenta global del jurado del World Press Photo sobre la historia de Piovano, en un video sobre los trabajos ganadores. “Tiene una huella tan fuerte, es la clase de trabajos que te inspiran a querer tomar fotografías”.
Piovano quien ha ido trabajando paralelamente otros proyectos impulsados por su productora audiovisual Lawen, como una película, cree que sus trabajos deben estar para quien los necesite. Especialmente busca que sean útiles. De hecho, cada vez que empieza un trabajo se pregunta qué aporte puede tener.
“Porque de alguna manera contamos una época y un estadío de una región. En este caso, hablar del campo argentino que tiene mucha historia y que en este momento está atravesando una matriz productiva que ha movido muchas cosas, entre ellas la salud de su gente”, dijo.
El reciente premio World Press Photo, ya había ganado uno en 2024 por su trabajo con el pueblo ancestral Mapuche, lo valora de gran manera como el reconocimiento profesional que es.
No obstante, la apropiación de las propias comunidades de su trabajo es el mayor valor. Por ejemplo, cuando ve que sus fotografías hacen parte de pancartas en protestas e incluso dentro del Congreso cuando se van a hacer votaciones sobre el tema.
“Cuando una imagen se puede convertir en un símbolo de resistencia o pueda colaborar a despertar alguna conciencia, para mí eso es un gesto de victoria”, dijo Piovano.