texas-moody

Dueño de El Mercurio de Chile admite haber tenido contacto con la CIA antes del golpe contra Allende

  • Por Guest
  • 9 octubre, 2013

Por Travis Knoll

Agustín Edwards Eastman, propietario de los diarios chilenos El Mercurio y La Segunda, admitió la semana pasada haberse reunido con el entonces director de la CIA Richard Helms y el asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. Henry Kissinger luego de que Salvador Allende fuera elegido presidente de Chile, según informó The Santiago Times. La declaración fue hecha durante el juicio que investiga las posibles actividades ilegales cometidas por parte de los medios de comunicación que contribuyeron al golpe de estado de 1973, lo que aumenta el nivel de escrutinio que El Mercurio ha recibido durante años sobre su papel durante la dictadura de Augusto Pinochet.

En vista de que los vínculos entre la clase empresarial de Chile y los Estados Unidos no representan nada nuevo, la polémica actual se centra en las discrepancias entre el testimonio de Edwards y los documentos de los Archivos de Seguridad Nacional desclasificados, los cuales mostrarían una relación mucho más estrecha que la descrita por Edwards.

Según su testimonio, transcrito por El Mostrador, Edwards viajó a los Estados Unidos el 5 de septiembre de 1970, un día después de la elección de Allende. En respuesta a la pregunta de la fiscalía sobre la reunión "urgente " que tuvo con Nixon y el director de la CIA, Edwards respondió que su viaje tuvo como motivo visitar al presidente de Pepsi, Donald Kendall. Durante el encuentro, dijo, Kendall recibió una llamada de Nixon – quien había sido abogado de Pepsi – y este le comentó sobre la visita de Edwards. Según la versión de Edwards, Helms lo contactó después para fijar una reunión con Kissinger. Él negó haber hablado con el presidente Nixon, y afirmó que solo les comentó sobre la victoria “comunista” en Chile pero que nunca habló de un potencial golpe.

Al preguntársele a Edwards sobre el temor de El Mercurio de perder ingresos publicitarios durante la fuga de capitales extranjeros en la época de Allende, él respondió que desconocía ese aspecto, ya que su búsqueda de trabajo en EE.UU. le impedía seguir muy de cerca todas las actividades del diario. Que debido a amenazas contra su vida, él no regresó a Chile sino hasta 1975.

De acuerdo a Peter Kornbluh, director del proyecto de documentación de Chile del Archivo de Seguridad Nacional de EE.UU., los documentos desclasificados dicen lo contrario. En una entrevista de El Mostrador, el historiador dijo que los documentos muestran que Edwards ayudó a "allanar el camino" para el golpe. Añadió que El Mercurio recibió millones de la CIA para publicar artículos con el objetivo de "sofocar a la izquierda" en Chile. Los documentos también muestran que la relación entre Edwards y la CIA se remonta a la década de 1960, cuando ambos se opusieron a una anterior postulación electoral de Allende.

Edwards es acusado de "(apoyar) abusos ilícitos contra los derechos humanos", según el diario chileno La Tercera. El juicio, que se inició con una demanda en enero de este año por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) y la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), fue considerado por  la Fiscalía como "el juicio más importante de la historia del país", según Proceso.

Las confesiones de Edwards surgen después de las controvertidas declaraciones del presidente chileno Sebastián Piñera, que acusó a los medios de comunicación de haber sido "cómplices pasivos" de la dictadura. En el 2008, el Colegio de Periodistas de Chile pidió disculpas por "no haber hecho lo suficiente" como oposición durante la dictadura de Augusto Pinochet, la cual duró treinta años (1973 – 1990).

Algunos han acusado a El Mercurio de encubrir abusos a los derechos humanos durante el régimen de Pinochet. Según el portal de noticias chileno Cooperativa, Edwards omitió todo comentario sobre la línea editorial de El Mercurio en sus declaraciones.

Sin embargo, durante el juicio, Edwards agradeció en general al gobierno militar. "Debo aclarar que el gobierno militar salvó mi vida. No obstante, no es correcto [afirmar] que di instrucciones de publicar o no las informaciones sobre derechos humanos".

Nota del editor: Esta historia fue publicada originalmente en el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight, el predecesor de LatAm Journalism Review.

Más artículos