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Periodista y Nobel de la Paz Maria Ressa dice a periodistas de América Latina: “No están solos. Colaboren y pidan ayuda”

El autoritarismo, hostigamiento, persecución y criminalización que viven los periodistas en varios países de América Latina actualmente son circunstancias que a Maria Ressa, periodista y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2021, le son muy familiares. Ella vivió en carne propia los embates de un gobierno -el del expresidente de Filipinas Rodrigo Duterte- que arremetió contra la libertad de prensa y aprovechó a las redes sociales para intentar imponer su narrativa mediante desinformación.

Ressa, quien fundó en  2011 el portal de noticias Rappler, especializado en periodismo de investigación y pionero del fact-checking y del uso de redes sociales en Filipinas, fue acusada de difamación cibernética y evasión fiscal. En su momento, la periodista calificó los cargos como una respuesta a los reportajes críticos de Rappler sobre Duterte y a su política contra las drogas.

Philippine journalist Maria Ressa. (Photo: César López Linares)

Ressa fue arrestada en dos ocasiones entre 2018 y 2019, y en 2020 fue encontrada culpable de los cargos de difamación cibernética, tras un proceso que fue calificado de farsa por organizaciones de libertad de prensa y defensa de Derechos Humanos. Desde entonces la periodista ha interpuesto recursos de apelación ante la Corte Suprema de Filipinas y está a la espera de una sentencia.

Mientras esa sentencia llega, la periodista debe pagar a la Corte una garantía en efectivo cada que debe viajar al extranjero, como lo hizo para participar en el Festival Internacional de Periodismo 2024 en Perugia, Italia, en abril de 2024, donde habló con LatAm Journalism Review (LJR).

“¡Mírenme! ¡Afortunadamente puedo estar aquí con ustedes y no en prisión!”, dijo durante su charla magistral en el evento.

Pero Ressa es un poco menos optimista al hablar de lo que vive el periodismo en otros países del Sur Global, especialmente en América Latina. La periodista cree que el ambiente hostil que vive la prensa en algunos países de la región es igual a lo que se vivió en Filipinas.

Por ello aconseja a sus colegas latinoamericanos unirse, colaborar y buscar ayuda para enfrentar los embates de gobiernos autoritarios, campañas de desinformación y la pérdida de la confianza en los medios.

*Esta entrevista ha sido editada por fines de extensión y claridad.

1. ¿Cuáles cree que son los principales retos a los que se enfrentará el periodismo en el Sur Global este año, en el que se celebran elecciones en varios países?

Maria Ressa (MR). Un mayor deterioro de la confianza, porque no hay una realidad ni hechos compartidos. Es la erosión de los hechos lo que conduce a la ruptura de la confianza. Y el reto para los periodistas es que estamos siendo atacados. Los propagandistas llaman propagandistas a los periodistas, pero nosotros tenemos una serie de normas y una ética que nos impiden ser propagandistas.

Así que el gaslighting [tipo de manipulación psicológica en la que se hace a alguien dudar de su propia realidad] es otro problema al que nos enfrentamos. Creo que tenemos que colaborar mucho más de lo que lo estamos haciendo ahora. Y sé que los periodistas latinoamericanos están empezando a hacerlo.

2. Usted ha dicho que está siguiendo los casos de El Salvador, México y otros países latinoamericanos donde se acosa a periodistas. ¿Qué tan similar se ve la situación en esos países comparada con lo que usted vivió en Filipinas, hace unos años, durante el gobierno de Duterte?

MR. Es absolutamente lo mismo, que es atacar. Es un efecto de gaslighting. Pero también el uso de operaciones de información. El diseño de las plataformas [digitales] puede hacer que las operaciones de información acaben con la confianza en las organizaciones de noticias, lo que significa que la gente no sabe lo que es real y lo que no.

Cuando la gente no confía en nada, no vota. No lo hacen. Eso es lo que quiere un dictador.

3. Hablando de las plataformas, las Big Tech. ¿Debemos colaborar con ellas o debemos luchar contra ellas, como periodistas?

MR. Creo que tenemos que hacer ambas cosas con las Big Tech. Tenemos que entender lo que están haciendo. Van adelantadas y nos han utilizado. Cuando pusimos el botón “compartir” en nuestros sitios web, cedimos nuestras relaciones a las Big Tech.

Y hoy es peor. Ahora, están obteniendo nuestro contenido en su totalidad. Así que tenemos que trabajar con ellas y, al mismo tiempo, denunciarlas. Rappler es socio de todas y cada una de las empresas tecnológicas y, sin embargo, al mismo tiempo, también las hacemos rendir cuentas.

4. En términos de acoso judicial, ¿cuáles son algunos consejos que puede compartir con los muchos periodistas que actualmente se enfrentan a ello en América Latina?

MR. No están solos. Hoy en día hay una mayor comprensión de cómo los abogados deben formar parte del sistema de protección del periodismo. Así que pidan ayuda. No lo hagan solos.

5. Muchos de los periodistas que están en peligro en América Latina no cuentan con el respaldo de las grandes organizaciones de noticias. ¿A quién pueden acudir para recibir apoyo legal o de salud mental, ante ataques y amenazas por hacer su trabajo?

MR. Macro-micro. La primera es: líderes de organizaciones de noticias, atentos: colaboren, colaboren, colaboren. Estamos del lado de los hechos, y los hechos están siendo atacados. ¿Por qué la industria creativa, el [Sindicato de Guionistas de Hollywood] se fueron a  huelga contra los grandes modelos de lenguaje de inteligencia artificial? Eso es a nivel macro. Hasta cierto punto, seguimos viviendo en un mundo del pasado, en el que hay diferentes medios de comunicación separados o diferentes países aislados. Pero se trata de un problema global y es tanto un problema de organizaciones de noticias como de periodistas a nivel individual.

Nosotros éramos un medio pequeño en Filipinas, yo diría que de apenas una fracción del mayor grupo de noticias que había dirigido hasta entonces. Y lo que hicimos fue, primero, fue a principios de 2016, así que literalmente tuvimos que pedir al Centro Dart que viniera a entrenarnos. No eran psicólogos, sino gente que podía ayudar a nuestro equipo -éramos unas cien personas- a procesar los ataques.

Nunca hagan esto solos, si no tienen una asociación, créenla, porque no están solos y necesitarán apoyo. Y luego existen otras organizaciones internacionales que pueden ayudarles con esto. Vigilar al poder es peligroso, sobre todo en países como los nuestros. En los de ustedes es un poco más peligroso que en el mío actualmente. Así que no están solos, no actúen como si lo estuvieran, busquen las mejores prácticas, nosotros ciertamente hemos pasado por esto.

A las mujeres se las ataca desproporcionadamente más que a los hombres, y es para machacarlas, para detener su voz. Ustedes sigan adelante.

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