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“Si el periodismo no reconoce que hay periodistas indígenas, creo que va a seguir habiendo discriminación”: 5 preguntas para Edilma Prada, fundadora y directora de Agenda Propia de Colombia

El conflicto armado colombiano ha marcado la vida periodística de Edilma Prada. Desde que terminó sus estudios escolares, en el municipio de Garzón, departamento de Huila (suroeste del país), comenzó como reportera de medios comunitarios en los que su cobertura diaria incluía temas como desplazados, atentados terroristas, asesinatos de líderes, entre otros. “Empecé cubriendo de alguna manera con inocencia estos temas, pero muy relacionados con la comunidad”, explicó.

Después, como corresponsal del canal de la casa editorial de El Tiempo llegó al departamento de Cauca (suroeste del país), donde estos temas no solo seguían marcando su agenda, sino que el conflicto estaba incluso en una fase más fuerte, “justo antes de las negociaciones de paz”. Fue en Cauca donde vio que, aunque el conflicto armado era uno solo, se vivía diferente dependiendo de la región: allí las comunidades indígenas se veían especialmente afectadas. Conoció también del reclamo histórico de estas comunidades, especialmente del pueblo nasa (ubicado mayoritariamente en esta zona), sobre la forma en la que los periodistas cubrían sus temas.

Cinco preguntas con Edilma Prada

Fue con esta experiencia y conocimiento que en 2011 fundó Agenda Propia, un medio que “nace un poco como una respuesta editorial frente a la falta de cubrimiento responsable o de valorar mejor las voces de las comunidades sobre las realidades que estaba pasando, particularmente en ese territorio”. Aunque en un principio el medio se enfocaba en el día a día de Cauca, notó que el tema de comunidades indígenas era importante en América Latina (en la región hay más de 800 pueblos indígenas) y que era mejor enfocar sus esfuerzos en hacer especiales periodísticos que permitieran mostrar esa realidad mucho mejor.

A través de equipos y consejos interculturales — que incluyen a periodistas indígenas y no indígenas— propician una mayor variedad de voces. También realizan “círculos de la palabra”, a través de los cuales líderes de las comunidades indígenas se reúnen con periodistas para discutir la realidad de la zona: todo con el propósito de que la historia refleje mucho mejor el sentir de la comunidad. Esos procesos colaborativos, aunque más demorados —puede tomarles hasta siete meses— valen la pena, asegura Prada.

LatAm Journalism Review (LJR) la invitó a participar de la sección “5 preguntas”. En esta entrevista, Prada habla sobre sus logros con Agenda Propia, la situación de la libertad de prensa en Colombia para comunicadores indígenas, y la necesidad de que los periodistas del país no olviden también cubrir las historias de paz.

(*Esta entrevista fue editada para claridad)

LJR: Hace un año aproximadamente publicamos una historia sobre el proyecto Red Tejiendo Historias, creado por Agenda Propia, que tenía el objetivo de mejorar la cobertura de comunidades y de temas indígenas en la región. Después de este tiempo, ¿cómo evalúa ese proceso en los periodistas? ¿Existe algo especialmente satisfactorio?

Edilma Prada (EP): La Red Tejiendo Historias nos permitió primero, empezar a reconocernos, porque es una red intercultural donde hay periodistas indígenas y no indígenas. Entonces, ha sido valioso reconocer que en América Latina hay interés de periodistas no indígenas de cubrir estos temas.

Y, por el otro lado, periodistas indígenas, comunicadores indígenas o narradores indígenas que también están interesados en aprender otras formas [de narración]. Porque la red tiene como esa interculturalidad en la formación, en la creación y la construcción colectiva de historias. Yo siento que hay una apertura interesante en la región de hacer historias de voces interculturales, que es una de las apuestas más importante que tiene la Red Tejiendo Historias y es ser conscientes que la construcción de una historia, un especial que se hace bajo la metodología que propone la red de Agenda Propia, es con equipos interculturales.

Solo por darte un ejemplo, a los periodistas que no somos indígenas, nuestra historia la edita o la revisa o le da un consejo, periodistas indígenas, editoras indígenas. O los periodistas que son indígenas, nosotros hacemos el esfuerzo de que haya un consejero editor o editora no indígena.

A un año, como planteas, hemos realizado tres cocreaciones: una serie sobre Voces de la Amazonía, un especial periodístico sobre la realidad del cambio climático en Centroamérica y una serie de las realidades de la Madre Tierra en países andinos. En esas tres series aprendimos un poco a esto, primero a reconocer que hay un grupo de narradores interculturales que quieren mejorar la técnica para poder cubrir historias de pueblos indígenas.

La segunda, que el tratamiento de las historias periodísticas sobre comunidades indígenas la narrativa es distinta. Hemos intentado, por ejemplo, que se agreguen cosmovisiones de los pueblos, que en las historias hayan voces de mujeres y también dar contexto y/o explicación del origen y qué es cada pueblo indígena.

Hemos logrado narrar tal vez más de 60 pueblos en estas historias que han hecho muchos periodistas desde México hasta Argentina, en estas series que menciono. En cada historia cuidamos que efectivamente se respete la cosmovisión de los pueblos, explique de qué pueblo estábamos hablando y permitir que la edición sea colaborativa, es decir, que hayan voces indígenas y no indígenas revisando el texto, e incluso la comunidad cocreadora de cada especial decide cuál es el título. Todo es colaborativo. Antes de cada producción hay círculos de la palabra para tener claridad de los contextos, con voces de líderes y lideresas indígenas.

Siento que es una formación también de humildad que hay en el proceso, en especial para los periodistas que no somos indígenas y que nacimos un poco del periodismo occidental o tradicional donde tienes autonomía en todo, y aquí no, aquí hay un ejercicio de colaboración en toda la construcción de las historias.

Más demorado, sí, nos tardamos más en producir y en publicar, pero bueno, creo que al final hay un aprendizaje también.

LJR: Hace poco, en el marco del Día Mundial para la Libertad de Prensa, publicaron el manifiesto #LaPalabraEnRiesgo. Allí establecen puntos como la violencia y el riesgo que corre la vida de los comunicadores indígenas, la falta de atención a lo expresado por estas comunidades, etc. ¿Podría hablar de cómo llegan a este manifiesto y cómo ha sido la recepción de este, entendiendo que van pocos días desde su publicación?

EP: La realidad de los territorios se está complicando muchísimo. Algo que venía diciendo en muchos espacios es que lo que está pasando en territorios indígenas no es nada romántico. Lo que está pasando en territorios indígenas son violencias, crímenes, asesinato de líderes, es robo de tierras, y todo esto está llevando incluso a la desaparición y al exterminio de pueblos originarios.

Y eso también son llamados de alertas que han hecho las organizaciones indígenas, no solamente en Colombia, sino en la región, la COICA, la FILAC, muchas organizaciones que están diciendo “estamos en un momento crítico”, y realmente quienes estamos en territorio cubriendo temas indígenas nos estamos dando cuenta de ello.

La realidad en Colombia, con el crimen [contra] líderes sociales (especialmente indígenas), el narcotráfico nuevamente fuerte, reconfiguración de grupos armados y un tema discriminación en estas elecciones que incluso vienen del año pasado por el paro nacional.

Sentimos que hay una realidad que está durísima, que está afectando primero la seguridad de los periodistas y comunicadores indígenas. Y periodistas que cubrimos estos temas estamos teniendo algunas situaciones de discriminación: [es] difícil acceder a fuentes públicas o a base de datos, difícil que una autoridad no indígena reconozca al periodista indígena como un periodista, incluso medios como Agenda Propia estamos siendo un poco discriminados porque tenemos una agenda editorial definida, nos están etiquetando como activistas.

Todo eso que está pasando generó una preocupación de los narradores y periodistas, comunicadores, sobre que se está poniendo en riesgo la palabra y está silenciando a periodistas también. Y particularmente sobre el tema de los comunicadores indígenas, pues los comunicadores indígenas además hacen parte de una comunidad indígena, entonces es muy difícil que haya una distancia sobre lo que está pasando en el territorio. Ellos hacen parte de la comunidad y su labor fundamental es alzar la voz de lo que pasa en la comunidad. Es muy distinto un periodista como en mi caso, que tal vez yo voy y me alejo e informo, ellos hacen parte de la comunidad y esto los pone mucho más en riesgo también.

Dos mujeres indígenas leen el documento Manifiesto por la palabra liderado por Agenda Propia. (Foto: Vanessa Teteye / Cortesía)

Durante la elaboración del Manifiesto #LaPalabraEnRiesgo. (Foto: Vanessa Teteye / Cortesía)

Todas estas realidades motivaron a que desde Agenda Propia lideráramos este manifiesto. Entonces se genera una oportunidad de encuentro con comunicadores indígenas para hablar de lo que está pasando. Y este manifiesto también tenía una importancia era que se entregara la palabra a organizaciones como la Comisión para la Verdad [de Colombia] y que se tuviera en cuenta primero la historia de cubrimiento del conflicto armado y segundo, lo que estamos viendo hoy día los comunicadores de territorio, independientemente de si son indígenas, campesinos, o comunidades negras que están cubriendo la realidad de los territorios.

Nace, entonces, como con esa preocupación sobre todo lo que está pasando y nos logramos reunir. Éramos un poco más de diez personas de distintos pueblos indígenas, muchos de ellos de zonas de frontera, desde la maloka [casa comunal] del pueblo tikuna, a alzar la voz de lo que está pasando. Se convierte en un primer llamado que hacemos los comunicadores para que se defienda la vida y la palabra.

LJR: La credibilidad del periodismo en el mundo está afectada. Muchas veces con críticas válidas, otras veces debido a una intención de invalidarlo. ¿Cuál es la situación actual de la libertad de prensa en Colombia, especialmente ahora a víspera de unas elecciones presidenciales? ¿Qué tan en riesgo puede estar?

EP: Sí, yo siento que hay una crisis desde los medios. Creo que hay muchos canales ahora para difundir y lo hacen los ciudadanos y creo que es una ganancia de libertades que tenemos los ciudadanos y las ciudadanas. Pero creo que también, bueno, yo prefiero hablar del trabajo que hacemos desde Agenda Propia, que es lo que más conozco. Siento que cuando hay una agenda editorial marcada distinta, no es bien vista, como pasa con Agenda Propia.

Nosotros estamos defendiendo, por ejemplo, que se cambien – en todo el periodismo de manera general – estructuras como que la voz oficial es la voz de un alcalde o un gobernador, y si habla un líder indígena, un gobernador indígena, no tiene validez. Y eso pasa mucho en medios tradicionales, los editores si la nota periodística no tiene la voz del gobernador de turno, no es importante. Si no validamos como medios de comunicación, como periodistas, las voces de las comunidades de los territorios y seguimos validando las voces de lo oficial, creo que vamos a seguir desinformando y vamos a seguir informando solo una verdad. Esto en la forma de hacer periodismo.

La segunda es que si medios tradicionales o periodistas no indígenas no reconocemos que hay comunicadores indígenas haciendo periodismo, también es otra manera de discriminar. En Agenda Propia hay un equipo intercultural. Los indígenas hacen periodismo, son periodistas independientemente de si son indígenas o no. Eso no se tiene contemplado, y cuando uno habla con distintos actores lo primero que preguntan es “¿ustedes sí hacen periodismo?”. Si el periodismo no reconoce que hay periodistas indígenas, creo que va a seguir habiendo discriminación. Por eso para nosotros es importante la interculturalidad. Tanto ellos como nosotros hacemos periodismo. Ellos tienen una particularidad muy increíble – los pueblos, me refiero – por sus saberes o cosmovisiones.

Esas realidades de alguna manera afectan la libertad de expresión, se afecta al no reconocimiento de otras formas de narrar historias.

Y la última es salirnos del casillero de los formatos de historias periodísticas. Yo creo que hay una diversidad en formatos que incluso los pueblos indígenas de manera milenaria vienen haciendo que nosotros desconocemos y que nosotros deberíamos aprender para poder narrar y para poder informar.

No solo los pueblos indígenas, todas las comunidades, ya sean negras, campesinas u otro tipo de poblaciones étnicas tienen unas particularidades de narrar historias. Entonces si seguimos como el libreto: título, resumen, bla, bla, no vamos tampoco a diversificar las narrativas.

Cierro con esto: el periodismo es uno solo. Ponerle la etiqueta incluso es dañino también. Pero sí es transparente cuando se tiene clara una línea editorial. Y considero que eso es bonito, que nuestras historias son de pueblos indígenas, de comunidades y creo que es importante que los medios también sean transparentes cuando tienen esa línea editorial definida.

LJR: Hace más años, usted y yo hablamos sobre un proyecto llamado Plataforma de Periodismo que tenía como objetivo mejorar la cobertura del conflicto armado colombiano y del postconflicto. En esa ocasión usted dijo que los periodistas en Colombia “sabían cubrir muy bien la guerra, el conflicto, pero no la paz”. Este año se cumplieron cinco años de la firma del acuerdo de paz con las FARC, hubo un acuerdo con las autodefensas, ¿cómo ha visto ese camino de aprendizaje de los periodistas en cuanto a la cobertura del postconflicto, de la paz en medio todavía del conflicto?

EP: La Plataforma de Periodismo fue un proyecto maravilloso y, lamentablemente, debo decirlo, es una lástima que la organización que la lideraba – que era Consejo de Redacción – no hubiera mantenido el proyecto como comunidad especializada en el tema porque definitivamente el conflicto nunca cesó. Nunca, nunca cesó. Bajó, se silenciaron un poco las armas, pero la reconfiguración fue inmediata en muchos territorios en Colombia, y seguía el ELN [grupo guerrillero] y seguían otros grupos armados súper activos.

Pero se siguen haciendo proyectos e iniciativas interesantes de Consejo de Redacción y otras organizaciones, como la creación de herramientas, libros y guías para hacer historias de memorias, cómo hacer historias de paz, entre otros, que todavía debemos seguirlo manteniendo en el país.

Y no solamente en el país, sino en toda la región [América Latina]. Sigo pensando que nos sigue costando pensar en la paz y nos cuesta pensar historias de la Tierra: la Madre Tierra como territorio grande, como casa común, entre muchas otras realidades que incluso en sí nos cuesta pensar.

Sin embargo, también se han abierto otras posibilidades de narrativas que los medios de comunicación hemos implementado con las historias de memoria. Hay avances significativos en Colombia haciendo reportajes e investigaciones de memoria. Rutas del Conflicto, por ejemplo, es un medio modelo en investigar, pero también en narrar la memoria. Hay otras iniciativas, muchísimas, que han surgido en el país.

Equipo intercultural del medio Agenda Propia de Colombia (Foto: Vanessa Teteye / Cortesía)

Equipo intercultural del medio Agenda Propia de Colombia (Foto: Vanessa Teteye / Cortesía)

Pero sí siento que deberíamos como periodistas seguir teniendo esta cobertura de paz, de memoria, de reconciliación. Exigir más, de verdad, porque las nuevas generaciones no saben que existió una dureza en un conflicto. Incluso en el contexto indígena, estamos diciendo que falta hacer más relatos de memoria, hacer más relatos de verdad. Creo que los legados que va a dejar la Comisión para la Verdad se deberían no comprender desde la Comisión, sino de todos y todas. Esos relatos no le pertenecen a la Comisión y al gobierno, todos esos relatos que recogieron y se hacen testimonios son del país, le pertenecen al país.

Y creo que debemos hacer un esfuerzo como periodistas de seguir cubriendo y de seguir descubriendo esas verdades que aún siguen silenciadas. Hay que seguir haciendo periodismo de memoria, de paz, de postconflicto — no sé si de postconflicto  —, y seguir alzando estas iniciativas de esperanza en medio de la guerra.

LJR: Usted ha sido becaria de diferentes organizaciones o proyectos como el Pulitzer Center, el Amazon Rainforest Journalism Fund y la International Women’s Media Foundation. ¿Qué consejos daría a periodistas que quisieran participar en este tipo de becas y qué ha sido lo más valioso que ha sacado de estas experiencias?

EP: Yo creo que lo más importante es este consejo: que esas oportunidades son públicas, abiertas, y estas organizaciones están esperando que más latinos y latinas postulen. Hace cuatro años en el Pulitzer Center me decían “es que aquí son muy pocos los colombianos que postulan a esta oportunidad”.

La primera es quitarnos un poco la etiqueta de que esto es solo para un público extranjero. Estas organizaciones están esperando que más periodistas postulemos, es la primera recomendación.

La segunda es tener una idea de historia. Estas organizaciones están también para ayudar. Y me sorprendió gratamente porque todas las historias que se han propuesto, en mi caso, han sido sobre pueblos indígenas y estas historias tienen cabida o son bien recibidas.

Además, hay unas realidades, como el caso de Amazonía, que están generando muchos fondos y mucho interés de que se cuente lo que está pasando. Entonces creo que también hay que mirar un poco cuáles son los territorios donde se están dando oportunidades para postular historias, y creo que hay que confiar en que, desde las regiones, desde países como Colombia, aun con todas las dificultades, se hace buen periodismo. Si creemos que en Colombia hay un buen periodismo, responsable, que investiga, que contrasta, que alza las voces de comunidades silenciadas, hay espacios y oportunidades para publicar estas historias.

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