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Violencia de hinchas de fútbol representa otro riesgo para periodistas en América Latina

Aunque esperaba conquistar un ansiado logro profesional en su naciente carrera, el estudiante de periodismo Mauro Ayala vivió momentos de agonía y miedo el 3 de marzo. Esa noche, en la ciudad de Rosario, Argentina, cubría por primera vez como periodista un partido de Newell’s, su equipo favorito, contra San Lorenzo.

Como parte de su trabajo en un programa de radio que produce con amigos, Ayala estaba allí con la misión de informar objetivamente, sin la camiseta de su equipo y sentado en la zona reservada a la prensa. Fue allí, apenas al terminar el primer tiempo, donde sufrió una agresión que pudo costarle la vida.

De un parapente piloteado por un hincha de San Lorenzo cayó una lluvia de panfletos impresos con burlas para los seguidores del equipo rival.

“Esto enfureció a los hinchas de Newell’s, y en respuesta de eso se enojaron con parte de la prensa y empezaron a arrojar botellas y piedras para nuestro lado”, dijo Ayala a LatAm Journalism Review (LJR).

El estudiante de periodismo dijo que intentó buscar refugio, pero no fue suficiente.

“Varios hinchas de Newell’s se acercaron y, al ver que no llevaba una camiseta ni ninguna identificación del club, me confrontaron. Les expliqué que no podía llevar nada distintivo porque estaba trabajando cubriendo el partido. Lo entendieron, pero luego me sacaron del área de prensa, me golpearon y me llevaron a un área más baja, donde entre 15 y 20 personas me golpearon con patadas y puños, además de robarme mis pertenencias personales y de trabajo”, contó el estudiante.

Ayala no recuerda cómo escapó del ataque, sólo sabe que en algún momento intervino la policía, que disparó balas de goma y dispersó a los agresores. El aspirante a periodista resultó gravemente herido, con contusiones por todo el cuerpo y heridas en la cara. Incluso le robaron los zapatos, su teléfono y todos sus documentos. Según dijo, aunque las heridas físicas se han curado, el dolor emocional y psicológico no ha desaparecido.

 A group of people wearing red shirts surround a point on the floor, indicating the scene of Newell's fans assaulting journalism student Mauro Ayala in a football stadium

Hinchas del Newell’s de Argentina agreden al estudiante de periodismo Mauro Ayala en el estadio Coloso Marcelo Biels de Rosario. (Foto: Captura de pantalla)

 

 

La cobarde golpiza al estudiante de 24 años no es un episodio aislado. Existen registros de agresiones físicas a periodistas por parte de fanáticos de fútbol en varios países del continente, desde Brasil hasta México, pasando por prácticamente todos los países latinoamericanos donde el fútbol es popular, como PerúColombiaChileParaguayEcuadorUruguay.

Aunque no se han encontrado estudios sistemáticos sobre las agresiones de hinchas contra la prensa en el continente, los informes anecdóticos revelan puntos en común entre las agresiones. En su mayoría son perpetradas por hombres, a menudo en bandas y en contra de mujeres. Existe una ira repentina que se vuelca en contra de los que son diferentes, encarnada en la figura del periodista. Las agresiones se producen de manera cobarde y, por lo general, no conllevan ningún castigo. Además de los ataques físicos, también hay una serie de agresiones simbólicas, llevadas a cabo en espacios virtuales y mediante insultos.

Para arrojar luz sobre estos incidentes, LJR habló con estudiosos de la violencia en el deporte, la violencia contra los profesionales de la prensa y algunos de los propios periodistas que han sido víctimas.

Ataque en Quito

En el caso de la reportera de la televisión ecuatoriana Anali Vasco, fue durante la producción de un reportaje destinado a mostrar la cultura de los grupos de fanáticos organizados del país y a reducir el estigma que pesa sobre estos cuando estalló un episodio de violencia el año pasado.

“Decidimos ir a los estadios de forma diferente, hacer notas con más color, con más folclore. Ver cómo llegan las hinchadas, mostrar su cultura”, explicó Vasco a LJR.

La periodista, residente de la capital ecuatoriana, pudo realizar este reportaje en Guayaquil, con los hinchas de Boca Del Pozo, de Emelec.

“Fue muy tranquillo. Mostramos cómo preparan sus cánticos, trapos, bombos”, dijo.

Sin embargo, al intentar repetir el mismo programa una semana después con los hinchas de Muerte Blanca de LDU en Quito, la experiencia fue diferente. El problema empezó cuando los fanáticos intentaron arrebatarle el micrófono, dijo la periodista.

“Querían el poder del micrófono. No permití que lo llevaran, lo único que hice fue tenerlo más fuerte. Entonces nos empujaron, empujaron las cámaras, gritaban palabras fuertes y nos insultaban. Decían ‘váyanse de aquí, no saben nada’”, dijo.

Luego que el equipo de rodaje logró alejarse, el incidente no pasó a mayores. Grabado parcialmente por Vasco y publicado en las redes sociales, el episodio generó una ola de solidaridad con la periodista, y los dirigentes de la organización de fanáticos se pronunciaron a su favor.

Ira repentina

El episodio de hostilidad contra Vasco tiene algunas características en común con otros: en este caso, la violencia surgió de forma repentina e inesperada.

“Normalmente es una violencia espontánea, que tiene que ver con un estímulo del propio momento, como alguna sanción o derrota deportiva, y la tuvieron que descargar contra alguien”, explicó a LJR el sociólogo argentino Diego Murzi, vicepresidente de la ONG de prevención de la violencia en el deporte Salvemos Al Fútbol e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, en Buenos Aires. El investigador consultó una base de datos y afirmó que en Argentina hay pocas agresiones registradas a periodistas por parte de hinchas de fútbol.

Sin embargo, el país registró otro ataque reciente en Mendoza, el 23 de febrero, cuando hinchas del Colo Colo chileno atacaron a un equipo de televisión local.

Los agresores eran dos camarógrafos, Pablo Rodríguez y Antonio González, y la reportera Marisol Benegas. El trío estaba grabando una noticia no relacionada en una plaza cuando presenciaron un conflicto. De pronto se convirtieron en el objetivo de un ataque.

“Los barras chilenos se enfrentaban con estudiantes de un colegio secundario. Parece que esos hinchas habían querido entrar a la escuela. Cuando volvieron a la plaza, nosotros empezamos a grabar y le dan manotazos a la cámara. Mi compañero les responde que estábamos trabajando”, contó Benegas al diario Olé.

“A un compañero le pegaron una patada en el pecho, al otro una sucesión de golpes, lo tiraron al piso, quedó con una marca de una zapatilla en la parte de la espalda de la remera. Y les gritaba ‘basta, basta’”, agregó.

En otros países también ha habido casos similares recientemente, como la agresión al periodista colombiano José Luis Alarcón, en diciembre, en Medellín, Colombia. Tras la derrota del Atlético Nacional ante el Medellín, los aficionados intentaron invadir el terreno de juego y el árbitro detuvo el partido.

Fuera del estadio, los hinchas empezaron a criticar al equipo de cámara de Alarcón, acusándolos de ser de Bogotá, según relató el periodista a la revista Semana. De acuerdo con Alarcón, la trifulca se convirtió en una agresión física contra los periodistas.

“Empezaron a golpearnos tres, pero cuando caímos en cuenta eran como siete u ocho que nos querían caer encima”, relató. “Lo que más me llamó la atención es que estos sujetos intentaron llevarse la cámara. Alcanzaron a llevarse una batería de la luz”.

La violencia cesó sólo después de que otros aficionados actuaran para detener la agresión.

Otro episodio de ira repentina sucedió en febrero de 2023 en la ciudad paraguaya de Presidente Franco, durante el derbi de fútbol de salón entre Paranaense y Presidente Franco.

Indignados por la derrota y por una decisión del árbitro, hinchas y dirigentes de Presidente Franco irrumpieron en una cabina de transmisión y agredieron a los periodistas Héctor Maciel, Wilson Martínez y Alcides Brítez, según informes de la prensa paraguaya.

“Una chica de Franco subió y me agredió, igualmente el tesorero y el preparador de arquero de Franco subieron a increparnos en la cabina”, declaró Maciel a una estación de radio local. El periodista recibió golpes en la cabeza.

A veces los ataques son sistemáticos y se combinan en el mundo virtual y el físico. En junio del año pasado, la periodista uruguaya Ana Inés Martínez sufrió el lanzamiento de agua por parte de hinchas de Peñarol, tras lo cual recibió una avalancha de ataques en las redes sociales. En septiembre, en otro partido del mismo equipo, los hinchas le arrojaron piedras y tuvo que terminar el partido refugiada en el banquillo de Peñarol.

“Piedras, conté 10 o 15. Monedas, llenaba la chanchita [el bolsillo] para comprarme la merienda”, contó Martínez a El País de Montevideo.

ruguayan journalist Ana Inés Martínez seeks refuge on the bench after being targeted with thrown objects during the Peñarol versus Boston River match in Montevideo, highlighting the dangers journalists face while covering sports events

La periodista Ana Inés Martínez se sienta en la banca de Peñarol para protegerse de los objetos que le arrojan los hinchas del equipo durante un partido en septiembre de 2023. (Foto: Captura de pantalla de Instagram)

 

 

Número de casos desconocido

El único estudio sobre agresiones a periodistas por parte de aficionados al que tuvo acceso LJR ha sido elaborado por la investigadora brasileña Aline de Oliveira Rios, de la Universidad Federal de Santa Catarina, y se refiere a Brasil. A partir de datos de la Federación Nacional de Periodistas (Fenaj, por su acrónimo en portugués), Rios contabilizó 69 casos, entre agresiones físicas y simbólicas (como amenazas e insultos), en el país entre 2013 y 2023, incluyendo 11 casos en el último año.

Rios, cuya investigación se centra en la violencia contra periodistas, cree que hay un subregistro importante en estas cifras.

La investigadora relaciona la cultura de naturalizar la violencia en los estadios como uno de los factores que hacen vulnerables a los periodistas.

“Hay una cultura de naturalización de la violencia en los estadios. Es un lugar donde la gente va a desahogarse, a sacar el estrés. Insultan a los entrenadores, a los jueces y también a los periodistas”, dijo Rios.

Heloisa Reis, profesora de la Universidad de Campinas (Unicamp), en Brasil, y una de las más importantes expertas en violencia en el deporte de ese país, distingue dos posibles tipos de violencia contra los periodistas. En primer lugar, considera posible que un aficionado que no puede separar su identidad de la de un equipo de fútbol acabe estallando en violencia.

“El fanático no puede separarse del equipo. Si los periodistas difunden a menudo informaciones que un tipo que no tiene una individualidad bien formada considera desfavorables para su equipo, puede pensar que afectan a su vida y atacar al periodista. De vez en cuando, puede perder la racionalidad”, dijo Reis.

Hay otro grupo, “muy minoritario”, en palabras de Reis, que socializa a través de la violencia. En cuanto a este grupo, la investigadora cree que puede haber un antagonismo más directo hacia los periodistas.

“En este caso, hablamos de hombres que compiten a través de la violencia. Consideran a los policías y a los periodistas como grupos enemigos”, dijo. “Lo que hay detrás es una intolerancia absurda, que tiene que ver con la de la extrema derecha. Van a tener una visión del mundo según la cual todo periodista y todo defensor de los derechos humanos es un inútil”.

Como ocurre cada vez más en política, la lógica de la violencia en el deporte parte de un rechazo a lo diferente y una aceptación sólo de lo igual, señaló el sociólogo colombiano John Alexander Castro Lozano, especialista en violencia en el deporte.

“El otro tiene que ser igual a mí para poder ser aceptado. Si el otro es diferente, lo rechazo, e incluso en los momentos más agudos, ese otro diferente puede llegar a ser eliminado”, dijo Lozano a LJR.

Según Lozano, en teoría, la ética de los conflictos entre aficionados debería presuponer un cierto equilibrio de poder. Sin embargo, se está produciendo un cambio cultural en el que “los límites o las reglas de la violencia, cada vez se están haciendo más difusos”.

“La idea inicial es que si yo me voy a enfrentar como barra brava, me tengo que enfrentar a otro barra brava, entre iguales. No sólo entre iguales, sino más o menos en términos proporcionales”, dijo Lozano. “Pero eso no siempre se cumple. Si no puedo buscar al otro igual, yo ataco a otros que no necesariamente son barra bravas. Las generaciones cambiaron y esas mínimas conductas ya no se respetan”.

Diego Murzi, de Salvemos Al Fútbol, ve que en Argentina se da el mismo fenómeno, y también lo relaciona con la violencia contra periodistas.

“En Argentina, desde que se prohibió el público visitante en 2013, bajó la violencia entre distintos equipos, pero creció la violencia de hinchas contra otros protagonistas, como jugadores del otro equipo, los árbitros y también los dirigentes, muchas veces son el único espectador del rival que está en el estadio”, dijo. “Pasaron a ser destinatarios de la violencia cuando antes no eran. La violencia se canaliza con otra gente”.

También existe la posibilidad de una creciente identificación de los periodistas con determinados clubes de fútbol como factor de riesgo.

“En Argentina, está claro que el perfil del periodista ha cambiado. Antes era alguien que tenía un conocimiento del fútbol que otros no tenían y era objetivo. El periodista que sale en televisión o en Twitter se parece más a un hincha, mientras que antes se intentaba separar esa imagen. Hay una desacralización de la prensa”, dijo Murzi.

Lozano es menos categórico:

“El periodista debería tener una posición supuestamente crítica u objetiva frente lo que está hablando, pero el periodista también se puede convertir en hincha y eso puede caldear los ánimos. Hay periodistas que crean opinión más que una objetividad, y eso puede influir. Pero no tenemos la exactitud para definir que definitivamente están promoviendo conductas violentas”, señaló Lozano.

Posibles soluciones

En cuanto a las posibles soluciones, Heloisa Reis cita el trabajo conjunto entre los poderes públicos y los dirigentes de los fanáticos organizados, la sensibilización de la policía para que adopte “enfoques más preventivos que de respuestas masivas", campañas educativas de los clubes y también “repensar qué significa ser hombre en el siglo 21”.

“Esta violencia está totalmente relacionada con el patriarcado, el machismo y los valores de lo que significa ser hombre”, dijo.

Aline Oliveira Rios cree que es necesario desarrollar protocolos para evitar situaciones de riesgo y saber cómo proceder en caso de emergencia. Según la investigadora, los periodistas deberían aprender en la universidad estrategias para enfrentarse a situaciones peligrosas.

“Hay que mejorar la formación. La gente está expuesta. Los periodistas tienen que estar preparados para reconocer y saber cómo protegerse”, dijo.

La investigadora dijo que los periodistas independientes y los profesionales de pequeños medios de comunicación son especialmente vulnerables porque no cuentan con una estructura legal o institucional que les respalde. También citó la impunidad como factor de riesgo, porque “favorece la cultura de que una persona puede hacer lo que quiera y no sufrirá ninguna consecuencia”, dijo Oliveira Rios.

Todos estos factores son relevantes en el caso de Mauro Ayala, el estudiante rosarino agredido por hinchas. No hay noticias de que ninguno de sus agresores haya sido detenido o acusado. Ni en la universidad ni en ningún otro lugar, el joven periodista había recibido formación para protegerse. Ahora lo hace solo, con el apoyo de familiares y amigos, tratando de dejar atrás aquella horrible noche.

“Gracias a Dios, físicamente no me pasó nada grave, solo algunas lesiones después de la golpiza. Sin embargo, lo que realmente me afectó fue el aspecto emocional y psicológico. En la vida o en la facultad, uno se prepara para trabajar, no para recibir golpes. Simplemente estaba trabajando. Por última vez, estaba cubriendo al equipo del cual soy hincha. Ir a la cancha de Newell’s era un sueño para mí”, dijo.

Traducido por César López Linares
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