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Estallido social en Chile y crisis de credibilidad de la prensa tradicional generaron más medios alternativos y de fact-checking

“¡Apaga la tele!”, “¡Sal a marchar!”, “¡La tele miente!”, se leía en las calles de Santiago de Chile y de otras ciudades chilenas durante las protestas más masivas de la historia del país contra la desigualdad social, también llamadas ‘el despertar de Chile’.

Collage de Patricio Contreras

Collage de imágenes callejeras realizadas durante las protestas sociales de Chile (2019-2020). (Foto: Patricio Contreras)

Cuando se dio en Chile el estallido social de octubre de 2019, por la creciente desigualdad económica y social del país, la gente salió a marchar masivamente en protesta y de forma pacífica. Los medios de comunicación tradicionales mostraron, sin embargo, a manifestantes violentos y una cobertura sesgada de las manifestaciones, afectando así su ya frágil credibilidad. Asimismo, hubo un ambiente propicio para la difusión de información falsa.

Como resultado, los medios alternativos y de fact-checking surgieron para mantener a los ciudadanos informados sobre lo que realmente pasaba en la calle. Hubo una reflexión en el periodismo de radiodifusión sobre la cobertura de los abusos y la represión policiales, recurriendo a una mayor variedad de fuentes.

La revolución no sería mostrada en TV

“Cuando comenzó el movimiento social, el foco de la cobertura televisiva fue, en general, la cobertura de los hechos violentos que ocurrieron en torno a las manifestaciones, que eran muy masivas y ocurrían todos los días. Eso generó mucha molestia entre los telespectadores”, dijo la periodista y académica chilena Francisca Skoknic a LatAm Journalism Review (LJR). “La gente terminó odiando a los periodistas en las marchas y en muchos casos, agrediéndolos”.

Los medios tradicionales de Chile –como TVN, Mega, diario La Tercera, entre otros-– enfatizaron la cobertura de los desmanes con largas e ininterrumpidas transmisiones de saqueos, barricadas, incendios en distintos lugares de la ciudad, principalmente en el centro de la capital, según dijo a LJR Claudia Lagos, profesora de periodismo en la Universidad de Chile y presidenta de la Red de Periodistas de Chile.

El portal de TVN Noticias, del canal Televisión Nacional de Chile, publicó en el primer párrafo de una noticia del 23 de noviembre de 2019: “Incendios, ataques a comisarías y un robo millonario a un banco se registraron en el inicio de este fin de semana, en otra noche de violencia con nuevos heridos y detenidos en medio de la crisis social en Chile, informó la Policía”.

El diario chileno La Tercera publicó el 28 de octubre de 2019, diez días después del estallido de las protestas, que fuentes de inteligencia del gobierno habían detectado la presencia de ciudadanos cubanos y venezolanos en los actos violentos de las protestas. Ese mismo día se retractó y se disculpó diciendo que fue una información off the record que la Policía le había entregado al gobierno.

Sin embargo, esto no era nuevo, señaló Lagos, pues la agenda mediática que cubre delitos, asaltos, crimen, ha sido central en la cobertura televisiva en Chile desde hace años. “Por lo tanto, enfatizar esos aspectos sobre la cobertura de las demandas sociales fue consistente con ese enfoque de las noticias televisivas de las últimas décadas”.

Prensa y crisis de credibilidad en Chile

En una encuesta dirigida por la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 80% de las personas encuestadas opinaron que los periodistas no cubrían hechos importantes ni entrevistaban a las fuentes correctas. “El 71% dijo que cubrían solo una parte de la noticia, y el 91% dijo que no estaba de acuerdo con la afirmación de que los periodistas eran un aporte en la gestión de la crisis social”, dijo la periodista chilena y directora ejecutiva de la Red de Periodistas de Chile, Paulette Desormeaux, a LJR.

El mismo estudio señaló que la mayoría de los chilenos encuestados, 80%, consume noticias en redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter. “El acceso a las noticias por WhatsApp es transversal en género y edad”, explicó Desormeaux.

El consumidor volcó su mirada hacia Facebook, WhatsApp, Instagram, Twitter, redes aprovechadas por medios y periodistas independientes para informar y reportear desde el terreno, dijo Fabián Padilla, director y editor general del sitio Fast Check CL, a LJR.

Los medios de comunicación tradicionales se hicieron los de la “vista gorda” sobre los problemas de derechos humanos que estaban ocurriendo en el país desde que empezaron las protestas, expresó Padilla.

En su reporte anual sobre noticias digitales de 2020, el Reuters Institute for the Study of Journalism señaló que la credibilidad de la gente en los medios de comunicación en Chile disminuyó sustancialmente en 2019, tras las masivas protestas sociales.

“En un país con la mayor concentración de medios de América Latina, los periodistas son vistos como parte de la clase política que no tiene representatividad y hay un resentimiento en las calles sobre la cobertura noticiosa de la TV y la prensa”, indicó el estudio.

El portal La Voz de los que Sobran publicó recientemente que funcionarios del gobierno del presidente Sebastián Piñera, el presidente incluido, se habrían reunido con ejecutivos y editores de varios canales tradicionales para coordinar la línea editorial de la cobertura de las protestas, y mostrar sobre todo la violencia.

La falta de diversidad en los medios tradicionales chilenos, agregó Skoknic, es un problema. “Sus líneas editoriales son más bien homogéneas, tendiendo a la derecha, derecha liberal o derecha conservadora, y por lo tanto este tipo de fenómenos es visto desde esa perspectiva”, explicó.

CNN Chile y Chilevisión, entre los canales de TV, se esforzaron por dar una cobertura balanceada de los hechos durante las protestas, según Skoknic.

Como consecuencia de sus esfuerzos por cubrir equilibradamente las protestas, un auspiciador de ambos canales envió una carta para retirar su avisaje debido a su tipo de cobertura, publicó El Universal de Chile.

“Advertimos a la ciudadanía que estas prácticas antidemocráticas de quienes desearían que la información periodística estuviese controlada por los intereses empresariales o políticos, resultan inadmisibles frente a la justa demanda ciudadana que reclama por una prensa democrática, pluralista y con diversidad editorial”, expresó el Colegio de Periodistas respecto de la acción del auspiciador en su portal.

Sobre los sitios noticiosos, Lagos consideró que Ciper, El Mostrador e Interferencia fueron de los medios nativos digitales con coberturas más balanceadas sobre las protestas. “Ciper e Interferencia, enfatizaron precisamente lo que los medios tradicionales, especialmente la TV, omitía: la brutalidad policial, la trastienda del manejo político del gobierno de la crisis, etc.”, dijo.

Los medios hiperlocales también cobraron más relevancia cuando empezaron las manifestaciones sociales en el país. Hubo un aumento de tráfico para medios hiperlocales como La Voz de Maipú, según Lagos, que se enfocaron en sus comunidades en la cobertura de la crisis.

Surgimiento de medios alternativos y de fact-checking

De acuerdo con Poynter, la desinformación difundida a través de servicios de mensajería y plataformas sociales fue una de las consecuencias más relevantes de la crisis política que se desató tras la ola de protestas.

Protestas sociales, Chile.

Protestas sociales en Chile, 2019. (Foto: Cami Urban/REI Chile)

Según la organización estadounidense, en diciembre de 2019 hubo en Chile hasta 17 plataformas activas de verificación de datos. Entre los medios de fact-checking están Malaespina, REI Chile, Fake News Report, Fast Check CL.

Fast Check CL, que empezó como una cuenta en Instagram el 22 de octubre de 2019, tiene actualmente alrededor de 181 mil seguidores en esa red social, una dirección web, un staff de 8 periodistas, además de colaboradores, y su financiamiento se basa en donaciones. De acuerdo con Padilla, su fundador, el objetivo del sitio es ayudar a las personas a leer información verificada ante el caos de la desinformación y la poca credibilidad de los medios.

“Desde el 18 de octubre de 2019, los hoax, mensajes virales por WhatsApp desinformando sobre los militares, sobre un posible golpe de Estado, sobre vulneración de derechos humanos, sobre cientos de cosas, provocaron un shock de desinformación”, dijo Padilla. En ese contexto, explicó Padilla, nació Fast Check CL, para combatir la desinformación viral y tomando como ejemplo las experiencias de Chequeado, de Argentina, Full Fact, entre otras.

Mala Espina es otro sitio de fact-checking que surgió durante las multitudinarias protestas sociales para combatir la desinformación y documentar esa coyuntura social.

El periodista Tomás Martínez, editor y fundador de Mala Espina, dijo a LJR que los primeros cuatro meses trabajó solo en los chequeos, pero que desde abril de 2020 se han sumado cuatro periodistas y una practicante al grupo de trabajo.

Además de las protestas, Mala Espina también hace verificación de datos sobre la pandemia del coronavirus, gracias a lo cual forma parte de la red de chequeadores LatamChequea desde abril.

Otra de las iniciativas de verificación de datos que logró miles de seguidores fue REI Chile. Este nuevo medio digital de fact-checking fue creado y es mantenido por estudiantes universitarios que buscaban representar lo que estaba ocurriendo en las calles, explicó Desormeaux.

REI Chile tiene más de 29 mil seguidores en Instagram y un equipo de trabajo de 25 personas.

“REI surgió el 20 de octubre de 2019, dos días después del inicio del estallido social. La iniciativa vino desde Kari López, quien propuso en un grupo de WhatsApp que podríamos reunirnos como estudiantes de periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile para reportear los eventos que estaban ocurriendo en Chile”, dijo Micaela Marchant, editora general de REI, a LJR.

REI fue creado en respuesta a un sentimiento generalizado de que los medios tradicionales no estaban mostrando lo que realmente sucedía, comentó Marchant, y la idea de REI era llegar a la información de manera directa, estando en la calle, usando imágenes propias y criterios editoriales estrictos.

Actualmente, han cambiado el formato y la periodicidad de la información. “Decidimos dejar de tener una cobertura minuto a minuto desde la calle y empezar a hacer un periodismo más digerido, con datos y contexto”, dijo Marchant.

Reflexión sobre el rol de la prensa

En la opinión de la periodista chilena Paula Molina, las protestas sociales le recordaron a los medios la importancia de trabajar en el terreno, de desplegar equipos de prensa con capacidades suficientes para trabajar en un “contexto tan volátil y dinámico” como el de las manifestaciones y de identificar más rápidamente el abuso policial contra los ciudadanos durante las protestas.

“Creo que lo que podríamos aprender del estallido es la necesidad de fortalecer las capacidades de reporteo, investigación, chequeo de información, análisis de datos: redoblar las herramientas y el compromiso del periodismo por buscar la verdad será el mejor antídoto contra las presiones y la imparcialidad”, dijo Molina a LJR.

La opinión pública, de acuerdo con Molina, más aún tras el estallido, demanda que los medios en Chile tengan una reflexión seria sobre las bases de su credibilidad: “¿por qué debería creernos la ciudadanía?”.

De acuerdo con Desormeaux, Lagos y Skoknic, ante la situación de la prensa que era agredida cada vez que era advertida en las manifestaciones, muchos medios tradicionales empezaron a incluir más voces en las semanas posteriores al estallido. Se crearon programas especiales que incluyeran a expertos en los matinales –antes destinados solo al espectáculo–, dirigentes de barrio, organizadores ciudadanos, etc.

“Esto abrió un crisol de nuevas voces en televisión que pocas veces se había visto. Recuerdo particularmente a TVN”, precisó Lagos.

Las multitudinarias marchas de protesta social de Chile continuaron durante un año, hasta que el gobierno cedió en el principal pedido de la población, un cambio de Constitución Política para una mayor igualdad de derechos. La votación popular para una nueva Constitución se dio el 25 de octubre de 2020 y obtuvo el 78% de aprobación.

Al cumplirse un año del estallido social, nació el proyecto LaBot Documenta. Esta plataforma nace, de acuerdo con su sitio web, a falta de un mayor ecosistema de medios y periodistas de investigación en Chile, y sobre la necesidad de dejar un registro más balanceado de las violaciones a los derechos humanos provocadas por el abuso y represión policial durante la reciente crisis social.

Skoknic, junto a sus colegas Andrea Insunza y Paula Molina, lanzaron la plataforma LaBot Documenta tras cumplirse el primer aniversario del estallido social.

La plataforma ha procesado hasta el momento más de 1.500 casos judiciales, los cuales están presentados como fichas con una breve descripción para generar una base de datos. Estas fichas, dijo la periodista, están acompañadas de investigaciones periodísticas que analizan algunos patrones de las agresiones.

A la par, las tres periodistas crearon un sitio de fact-checking abierto LaBot Chequea. Ambos proyectos reciben financiamiento de Open Society Foundations.

LaBot Chequea es un bot cerrado a modo de chat, cuyo objetivo es enseñar al usuario a chequear información.

“Creemos que si bien es muy importante que hayan surgido todos esos pequeños medios de fact checking, la desinformación siempre es más potente y va más rápido”, dijo Skoknic. “Creemos que es importante que los ciudadanos tengan herramientas para que ellos mismos aprendan a chequear, dudar y poder verificar y no creer todo lo que les llega en las cadenas de WhatsApp”.

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