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‘¿Noticias? ¡No quiero saber más nada!’ Una investigación analiza el impacto de la saturación informativa en Argentina

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  • 19 enero, 2023

*Por Brenda Focás y Marina Moguillansky, publicado originalmente en el sitio de la Revista Anfibia

Hartazgo. Saturación de noticias. Necesidad de desconexión. Estos sentimientos no sólo aparecen con la modorra del año nuevo. La reacción asomaba como tendencia pero se intensificó en la pospandemia.

Durante los primeros meses de la pandemia casi la totalidad de la agenda informativa estuvo copada por el COVID-19, con niveles muy altos de consulta en portales, encendido televisivo y radial. Como consecuencia del confinamiento, de la gran incertidumbre sobre la evolución del virus y las medidas que el gobierno iba tomando, la principal actividad social fue consumir noticias. Los medios  se convirtieron en un largo noticiero, y las conferencias de prensa permanentes y las curvas que mostraban el crecimiento exponencial de los contagios conformaron el menú informativo. El  2020 fue el año  de la sobreinformación y de la saturación de las audiencias.

En los primeros tiempos de la pandemia, pasar día y noche consumiendo información a través de distintos medios y plataformas fue un hábito común. Lucila tiene 34 años, trabaja en una inmobiliaria y vive en Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Recuerda: “miraba todos los noticieros, leía diarios por internet y redes sociales, seguía todas las noticias”. Esta hiperexposición se combina con que la agenda mediática estaba dominada por las noticias sobre la pandemia.

Como recuerda Elsa, jubilada de 78 años, “cualquier noticiero que pusieras, hablaba de Covid. No había otros programas, no había otra cosa para ver”. Según datos del Observatorio de medios de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, Argentina, en marzo de 2020 casi el 90 % de las noticias de medios digitales se centraban en el coronavirus. A la sobreinformación y saturación se sumó un efecto de desinformación ya que había versiones encontradas sobre temas tan sensibles como la salud, incluso de fuentes legitimadas como la OMS.

Medios de comunicación y redes sociales

Uno de los temas centrales durante la pandemia fue el consumo de medios de comunicación y el abordaje de las noticias durante el confinamiento. Distintos estudios muestran que durante los primeros meses de la cuarentena hubo una gran demanda de información que devino en una saturación. Paradójicamente, cuando en Argentina teníamos los mayores índices de contagios por COVID-19, el interés mediático bajó para dar entrada a otros temas de agenda.

En una encuesta reciente realizada por el Núcleo de estudios sobre Comunicación y Cultura (NECyC), consultamos sobre la percepción de la cobertura mediática de la pandemia. El 63% se manifestó en desacuerdo con la afirmación “los medios transmitieron información correcta y útil” y  evaluaron de forma negativa las coberturas. En la misma línea crítica, el 46,9% se mostró de acuerdo con la afirmación de que los medios están muy politizados. La percepción de las audiencias parece indicar que después de algunos meses de consenso y apoyo a la cuarentena, los medios tomaron partido por una posición -en este caso, a favor o en contra del gobierno nacional- sesgando la cobertura informativa.

Este escenario de saturación devino en un nuevo hábito: en la pospandemia gran parte de las audiencias dejaron de consumir noticias. Actualmente, solo una de cada cuatro personas asegura informarse todos los días en portales digitales, mientras que una de cada dos personas nunca lee diarios ni escucha la radio. Sobre la televisión, sólo el 22,2% dijo que ve noticieros todos los días, el 29,2% dijo que lo hace a veces y el 39,4%, nunca. En consonancia con otras investigaciones, el cansancio con respecto a los medios aparece como una tendencia dentro de las prácticas comunicacionales de esta época.

Natalia, estudiante de Psicología en la UBA, cuenta: “durante los primeros meses de 2020  consumí todo tipo de noticias. Después les di de baja porque me enfermaba. Había tanta muerte y odio en la televisión que dije, bueno, mejor leo libros, miro series”. Como ella, muchos dejaron de prender el televisor y de escuchar las noticias para preservar su estado emocional durante la pandemia.

Lo que impera en estos tiempos es el consumo incidental de información. El hábito ya estaba instalado como práctica (Mitchelstein y Boczkowski, 2018) y se agudizó durante los primeros meses del COVID-19. Esa información se nos cruza, sale a buscarnos. A través de redes sociales se reciben noticias de portales, recortes televisivos y radiales.

Juan tiene 18 años, vive con sus padres en Palermo, dice que en pandemia “no hacía el esfuerzo consciente de decir: ‘voy a leer el diario'. Pero me pasaba de terminar informándome porque alguien subía algo a Twitter, que es la única forma de informarse ahora”. Si bien esta práctica prevalece entre los más jóvenes, se tornó más frecuente también en otros grupos de edad. En la encuesta mencionada, una de cada dos personas dijo que se informa a través de las redes sociales.

Desconexión

El porcentaje de gente que evita las noticias ha aumentado en todos los países. Lo confirma también el último informe global de Reuters. Este tipo de evasión selectiva se ha duplicado tanto en Brasil (54%) como en el Reino Unido (46%) en los últimos cinco años, y mucha gente comenta que las noticias le producen un efecto negativo en su estado de ánimo.

Claudia tiene 47 años, está separada y vive con sus dos hijos en La Plata. Tiene una dietética [una tienda de productos naturistas], por eso trabajó durante la pandemia. “Al principio mirábamos un montón de noticieros, en todo momento. Hasta que un día, cambiando entre TN, C5N y América, dije ‘Esto es un circo’. Sentí que tenía que sustraerme de todo eso. Acordamos con mis hijos no mirarlos más”.

Algo similar le pasó a Helena, de 42 años, que trabaja en marketing y comunicación, es madre de tres hijos y vive con ellos en Almagro, Buenos Aires. “Al principio estaba en el minuto a minuto con las novedades de la pandemia. Después tomé distancia porque me empezaba a agotar y embotar el tema. Empecé a mirar menos, muy cada tanto.”

Un porcentaje significativo de personas jóvenes y menos educadas dicen que evitan las noticias porque pueden ser complicadas de seguir o de entender; esto sugiere que los medios podrían hacer mucho más para simplificar el lenguaje y explicar o contextualizar mejor las informaciones complejas. La desconexión es también un signo de las dificultades para atraer a ciertas audiencias en el entorno digital.

Al mismo tiempo, detectamos que el porcentaje de gente que dice estar muy interesada en las noticias ha disminuido a lo largo del tiempo en todos los mercados: es una tendencia que se aceleró a pesar de la pandemia. En 2022 el interés por las noticias fue menor en la gran mayoría de los países. En algunos como Argentina, Brasil, España y el Reino Unido estas caídas se acumulan desde hace tiempo.

La falta de credibilidad

¿Le creemos a las noticias? ¿O desconfiamos de la información mediática? ¿Existen diferencias si se trata de redes sociales? En nuestra encuesta observamos que el 52,3% respondió que se informa a través de las redes sociales. El dato interesante es que si desplegamos el conjunto de redes, el 37,5% eligió información directa de cuentas o muros de políticos, periodistas o instituciones. El 37,4%, noticias de portales digitales que otros usuarios postean. Y el 25,1% mencionó contenidos que recibe a través de WhatsApp u otras redes de mensajería. Estos datos muestran el rol que estas y las fuentes directas tienen para la difusión de contenidos informativos.

La cuestión de la confianza y la credibilidad de las fuentes se volvió central en un escenario de polarización política y fragmentación de la agenda informativa. En la encuesta preguntamos qué fuentes de información resultaban más confiables durante la pandemia: 38% señaló a los medios nacionales, el 24% a los medios internacionales, el 15% a los científicos, el 13% al gobierno y el 10% a las redes sociales. La relación de confianza está mediada por la identidad política del que responde. Así, las personas que votaron al oficialismo cuentan que confían en la mirada de los científicos (en particular mencionan a los infectólogos o bien a médicos que suelen aparecer en los medios) y también en algunas figuras del gobierno. Los opositores suelen mencionar a algún canal o periodista en particular en el cual confían. En la encuesta también se observan contrastes en el nivel de confianza según el voto.

De los siguientes agentes, ¿cuál le parece más confiable como fuente de información sobre la pandemia?

Bar chart showing research results

Fuente: Encuesta NECyC-PASCAL (2022)

Para los oficialistas, la fuente más elegida fueron los medios de comunicación nacionales, seguidos por el gobierno, luego los científicos, los medios internacionales y por último las redes sociales. Para los opositores, la fuente más confiable fueron los medios internacionales, luego los nacionales, los científicos, las redes sociales y, por último, el gobierno. El mayor contraste entre opositores y oficialistas se observa en la confianza o desconfianza en los medios internacionales como fuente: lo eligió el 41,69 % de los opositores, frente al 10,41 % de los oficialistas. También contrasta el nivel de confianza en el gobierno como fuente: lo elige el 22,2 % de los oficialistas, contra el 1,4% de los opositores. Estos datos refuerzan el panorama antagónico del sistema mediático y la polarización en relación con el consumo de información durante la pandemia.

Clara está jubilada, tiene 72 años y antes trabajó como analista de sistemas. Vota a Juntos por el Cambio [una alianza política liderada por el ex presidente argentino Mauricio Macri]. “Si busco información, lamentablemente tienen que ser medios exteriores, corresponsales que están afuera, porque no confío en los medios de acá. Estoy bastante alerta con las fake news, uso mucho Twitter pero si algo en mi sentido común me dice que no puede ser, voy a Google y trato de buscar una fuente fidedigna”.

Eva es profesora de tango, tiene 36 años, tres hijos y vota al Frente de Todos [una coalición liderada por el presidente argentino Alberto Fernández]. Durante la pandemia se quedó sin ingresos porque las milongas y las clases de baile estuvieron suspendidas. Sin embargo dice: “Tengo mucha confianza en el Ministerio de Salud, y en el gobierno nacional, mucho agradecimiento porque si esto hubiera pasado con el gobierno anterior hubiera sido terrible. Escucho mucho la radio y leo diarios digitales, los partes diarios, los anuncios presidenciales”.

Raúl, de 66 años, empresario del rubro gastronómico, dice que no tolera el discurso politizado de los medios. No se identifica con el kirchnerismo ni con macrismo, pero en la segunda vuelta de 2019 sí votó a Macri, a disgusto. “No hay ningún medio que sea apolítico, no puedo mirar C5N y no puedo mirar Canal 13 porque son dos caras de la misma moneda. A veces intento, hago el esfuerzo, pero no puedo”. Tres formas distintas de pensar el mundo.

Este recorrido muestra la evolución dinámica de los vínculos con la información a partir de la pandemia y en la pospandemia. La búsqueda de noticias inicial, la sobreexposición y la agenda dominada por el COVID-19 como único tópico derivaron luego en saturación, desconexión y desconfianza. Las formas de valorar las fuentes de información, en un escenario de creciente polarización, aparecen muy vinculadas con la posición política de los sujetos, fragmentando así el escenario. La encuesta y las entrevistas confirman el consumo incidental de noticias y la necesidad de desconexión como prácticas cada vez más frecuentes en las audiencias. Estos fenómenos tienen lugar de la mano de la caída en la confianza en la información mediática, un declive en el interés por las noticias y un aumento de quienes las evitan a propósito.

Arte: Jael Díaz Vila/Revista Anfibia

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