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Ex becarios Nieman expresan apoyo por editor boliviano que renunció a diario bajo presiones gubernamentales

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  • 21 octubre, 2013

Por Alejandro Martínez

Para salvar su diario, el periodista boliviano Raúl Peñaranda tuvo que renunciar a él.

Como una de las pocas voces críticas restantes en el actual panorama mediático de Bolivia, la cobertura sobre corrupción pública del diario investigativo que Peñaranda fundó hace tres años, Página Siete, le ameritaron repetidas advertencias directas e indirectas y la furia del gobierno.

A finales de 2012 las tensiones entre el diario y el gobierno del presidente Evo Morales se elevaron drásticamente, y en agosto de este año llegaron a su punto más crítico: un lamentable error de publicación por parte del diario culminó con la salida de Peñaranda, quien renunció en un esfuerzo por proteger la reputación de Página Siete.

Esta semana un grupo de 14 ex becarios latinoamericanos de la Fundación Nieman en la Universidad de Harvard escribió una carta de apoyo para unirse a otros colegas e individuos que han expresado su solidaridad con Peñaranda, el primer periodista boliviano que obtuvo la prestigiosa beca. Entre los signatarios se encuentran los periodistas Mónica Almeida de Ecuador, el corresponsal en México del diario estadounidense The Dallas Morning News Alfredo Corchado y el fundador del Centro Knight para el Periodismo en las Américas Rosental Calmon Alves.

“Los que firmamos esta carta expresamos nuestra solidaridad y exigimos que el gobierno boliviano cese sus presiones contra Raúl Peñaranda y Página Siete”, dijeron.

El gobierno contra Página Siete

El diario Página Siete fue fundado en 2010, y desde entonces ha sido un problema para las autoridades del país.

En los últimos años el gobierno de Morales ha buscado consolidar una red mediática de apoyo a través de compras de medios y presiones contra las publicaciones críticas. Sin embargo, Página Siete ha sido difícil de coaccionar porque nunca ha dependido de la publicidad oficial. Incluso, dijo Peñaranda, existe una orden dentro del gobierno que prohíbe otorgarle publicidad a Página Siete.

Las tensiones comenzaron a agravarse en agosto del año pasado con la publicación de una nota de la agencia ANF en Página Siete en la que se rendía cuenta de declaraciones de Morales sobre la seguridad alimentaria en la ciudad de Tiahuanacao en el altiplano y en las que se refirió a los residentes del oriente del país como "flojos".

El comentario le trajo críticas al gobierno, que por su parte lo rechazó e inició un proceso penal contra Página Siete, ANF y otro medio por supuestamente incitar al racismo.

Luego, desde el año pasado, varios funcionarios y el mismo Morales han usado el delicado tema de la demanda internacional de Bolivia contra Chile por un acceso al océano para desacreditar al diario. Es un tema que une a los bolivianos – la gran mayoría cree que el país debería obtener una salida al mar – y el gobierno ha intentado presentar a Página Siete como un enemigo del objetivo de la demanda.

El vicepresidente Álvaro García Linera señaló en octubre de 2012, por ejemplo, que la cuñada del socio mayoritario del diario Raúl Garáfulic es una diputada chilena para acusar al diario de defender intereses pro-chilenos.

García Linera también ha atacado a Peñaranda directamente. De nuevo en octubre del año pasado, el vicepresidente mostró en una conferencia de prensa la foto de Peñaranda, señalando que su madre nació en Chile y acusándolo de “antipatriota” y “derechista”.

En entrevista con el Centro Knight, Peñaranda dijo que contrario a lo que asegura el gobierno, la publicación concuerda con los objetivos de la demanda.

“Tenemos el derecho de estar en contra del gobierno pero realmente es totalmente injusto porque nuestra posición sobre Chile es una que coincide con 99% de los bolivianos, la cual es que Bolivia merece una salida al mar”, dijo. “Utilizan esta mala coincidencia de la diputada y mi madre para desacreditarnos y crear xenofobia”.

Nuevas acusaciones por parte de diferentes ministros y funcionarios surgieron día tras día. En un discurso a principios de agosto, Morales se refirió a “medios chilenos” que han afectado la demanda por el acceso al mar. Algunos ministros han atacado repetidamente al diario, acusándolo de "pinochetista” e incluso amenazando con iniciar un juicio contra Página Siete por “traición a la patria”.

Fue en ese estado a la defensiva, en el peor momento, que el diario cometió un error.

En agosto de este año, en una nota de primera plana, Página Siete reportó que la Iglesia Católica había excomulgado a cuatro ministros que apoyaron la despenalización del aborto en el país. Sin embargo, la iglesia negó la información. Página Siete difundió un archivo de audio en el que el secretario general de la Conferencia Episcopal boliviana, el obispo José Fuentes, dice que que los ministros "cometen un pecado ante Dios porque se convierten ellos en dueños de la vida y el único dueño de la vida, para nosotros es Dios, ese pecado es se llama excomunión, y por tanto no puedo comer el cuerpo de Cristo".

La Iglesia luego señaló que la declaración no significaba que los ministros hubieran sido excomulgados automáticamente.

“El error que cometimos me causó mucho pesar, justo en un momento en el que nos estábamos batiendo con tanta a fuerza con el gobierno. Habernos equivocado de una forma tan tonta, haber yo mismo debilitado al diario por no controlar mejor",  dijo Peñaranda. "Pero sí era mi responsabilidad de que no hubiera errores".

Página Siete se disculpó públicamente; aun así, tras el error, el gobierno acusó a Página Siete de intentar antagonizar al presidente Morales con la ciudadanía y de haber querido sabotear el viaje del mandatario al Vaticano en septiembre. Según los becarios Nieman, las páginas en Internet de Página Siete y de Peñaranda fueron deshabilitadas tras ataques cibernéticos.

Peñaranda estimó que en el contexto de los constantes ataques del gobierno, salvar la reputación del diario tomaría una acción más drástica: el periodista asumió la responsabilidad por el error y presentó su renuncia. El diario ahora está bajo el mando de un nuevo director, Juan Carlos Salazar, y Peñaranda dice que Página Siete ha mantenido su dirección editorial.

Después de Página Siete

La renuncia de Peñaranda ayudó a mitigar el daño. El gobierno ya no ha hecho referencias públicas a Página Siete desde su salida, dijo.

“Yo tengo esperanza que le va a costar al gobierno empezar toda una campaña nueva contra el diario. Espero que en estas circunstancias por lo menos le demos un año, año y medio de paz”, agregó.

No fue una decisión fácil dejar el periódico que él fundó, pero ahora Peñaranda tiene un nuevo plan y actualmente busca financiamiento para iniciar un instituto para capacitar a una nueva generación de periodistas en Bolivia.

Al final Peñaranda lamenta que, si el clima político del país hubiera sido otro, una disculpa a los lectores por el error de la publicación hubiera bastado y no hubiera sido necesario dejar Página Siete.

“Si no hubiera habido esa hostilidad quizás yo no hubiera renunciado, quizás al día siguiente nos hubiéramos disculpado por el error y hubiéramos ofrecido un espacio a la Iglesia para explicar la situación de este tema”, dijo. “Pero yo asumí la responsabilidad para evitar que el gobierno siguiera usando ese tema y efectivamente en parte ha servido”.

Corrección 21/10/2013: Una versión anterior de este artículo erróneamente sugirió que las agresiones de funcionarios bolivianos contra Página Siete continuaron tras la partida de Peñaranda. Peñaranda aseguró que el gobierno no ha hecho ninguna nueva referencia pública en contra de la publicación desde su renuncia. El error ha sido corregido.

Nota del editor: Esta historia fue publicada originalmente en el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight, el predecesor de LatAm Journalism Review.

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